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Maite Rodríguez, presidenta de la Asociación de Aparadoras Elda-Petrer: "El mayor problema que tenemos es el miedo de perder el trabajo"

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"Los que trabajamos en el calzado no queremos que nuestros hijos vivan lo mismo que nosotros", asegura Maite Rodríguez, presidenta de la Asociación de Aparadoras Elda-Petrer, en 'Entrevista' de RT. ¿Cómo después de 40 años trabajados, uno puede no tener su jubilación asegurada? ¿Por qué las aparadoras no reciben por su trabajo lo que realmente tienen que ganar? ¿Está en decadencia la industria zapatera en España?
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En la provincia española de Alicante, la presidenta de la Asociación de Aparadoras Elda-Petrer, Maite Rodríguez Cano, habla de la cruda realidad que sufre el sector del calzado en España, marcado por la economía sumergida, la precariedad laboral y los talleres clandestinos.

La entrevistada explica que en este sector, que se dedica a ensamblar las piezas del calzado, "hay mucho miedo porque en los tiempos que vivimos el trabajo es muy importante". "Hay mucho miedo a que, si hablamos y nos quejamos y exigimos nuestros derechos, puedes perder el trabajo", reitera.

En este sentido, Rodríguez afirma que "luchar con el miedo de la gente es muy complicado", y este es el principal problema, ya que, además, existe "la amenaza" de que "siempre es fácil" trasladar la producción a otros lugares, donde se fabrica más barato que en la provincia española, y dejar a las aparadoras sin empleo.  

"Yo también tengo miedo, yo necesito trabajar como cualquier persona y tengo miedo al futuro, porque después de cuarenta años trabajados yo todavía no tengo mi jubilación asegurada"

Sin embargo, a pesar de ese miedo, ella dio el paso de ser la cabeza visible de esta lucha y "gritar a los cuatro vientos" cuál es la situación laboral que padecen. "Yo también tengo miedo, yo necesito trabajar como cualquier persona y tengo miedo al futuro, porque después de cuarenta años trabajados yo todavía no tengo mi jubilación asegurada", relata.

Rodríguez critica la precariedad que sufre el sector, que tiene una amplia economía sumergida. "Cuando no hay trabajo yo me quedo sin mis ingresos y como no he cotizado no tengo derecho a nada. No tengo derecho a vacaciones ni a días de fiesta, ni a baja por maternidad, si caes enfermo no tienes nada", denuncia.

Además, apunta a otra problemática que la reciente reforma laboral no ha paliado, las subcontrataciones: "Al externalizarnos y no formar parte de la empresa es mucho más fácil tenernos escondidas, no existimos, es muy difícil encontrarnos, porque trabajamos en garajes en casas, en locales, todo cerrado a cal y canto", dice la presidenta de la Asociación. También recuerda que esta situación se volvió trágica durante la pandemia, donde no tuvieron acceso a ERTEs (Expedientes de Regulación Temporal de Empleo) ni a subsidios o cualquier otro tipo de ayuda.

"Al externalizarnos y no formar parte de la empresa en mucho más fácil tenernos escondidas, no existimos"

El trabajo de aparadora es una labor que, en palabras de Rodríguez, se realiza a destajo. "Lo que haces es lo que cobras", lamenta la entrevistada, que asegura que la remuneración es muy baja: "Puedes cobrar, dependiendo del tipo de trabajo, un euro o dos euros. Nunca se pagan a lo que realmente dice nuestro convenio que tenemos que ganar", sostiene.

Se trata de un trabajo manual, artesanal, que en el caso del desarrollado en la zona alicantina está destinado a confeccionar zapato fino de señora. Según Rodríguez, se trabaja para marcas importantes y el producto final puede tener un precio en un escaparate a partir de 700 euros.

Sin embargo, es una labor que se realiza en muchas ocasiones de manera clandestina. "En una simple calle puedes tener cinco o seis talleres de aparador clandestinos", relata.

Pero, a pesar de las pésimas condiciones, hay una reticencia de las trabajadoras a reclamar sus derechos, "un síndrome de Estocolmo en el que disculpamos al empresario", dice esta aparadora, que se siente frustrada por el hecho de que "la gente que no está dentro de la industria del zapato no entienda la problemática".

"Hay un síndrome de Estocolmo en el que disculpamos al empresario"

Además, denuncia que "las administraciones, que conocen el problema, porque viene de atrás, no hacen nada"; y pone como ejemplo su caso: "Empecé trabajar a los 14 años, tengo 54 y ahora mismo tengo 12 años cotizados, nada más".

La labor que realiza para visibilizar las condiciones de este sector le ha acarreado consecuencias. Llevaba un tiempo sin trabajar y perdió un buen empleo por ser la presidenta de esta asociación. Ahora, ha vuelto a encontrar trabajo, aunque no le ve mucho recorrido a esta industria: "Veo muy mal el futuro del sector zapatero, aunque hace unos años pensaba que era una industria fuerte".

Para conocer la situación que se vive en el sector del calzado en España de primera mano, les invitamos a ver la entrevista completa.

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