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"La COP26 lo único que está haciendo es mover las sillas del Titanic: pasar de destruir la economía global con el dinero fíat a otra forma igual"

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En este episodio de 'Keiser Report' Max y Stacy hablan de los altos costes de los acuerdos derivados de la COP26, donde se llega al consenso por decreto, mientras que en el espacio del bitcóin se advierte una verdadera innovación ecogeopolítica. En la segunda parte Max sigue conversando con Ben Aris, de BNE.eu, sobre la COP26, los avances de la desdolarización y el auge del comercio electrónico. También hablan de la floreciente economía de Uzbekistán, adonde Ben viajó recientemente.

Hablando de la actual Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP26), Max Keiser y Stacy Herbert aseguran que la "narrativa verde", que ahora se cocina en Glasgow, en realidad no soluciona nada, porque es el modelo medioambiental que igual continúa destruyendo la economía global utilizando el dinero fíat. 

"Lo único que están haciendo es mover las sillas del Titanic. Pasamos de destruir la economía global de una forma concreta utilizando dinero fíat a otra forma diferente de destruir la economía global utilizando dinero fíat (...) En cualquier caso, ambos no hacen más que ocultar la verdad, que es que quienes mandan quieren imprimir más dinero para ellos mismos porque este dinero, el dinero fíat, lo controlan unas pocas personas", señala Keiser.

Una de las soluciones que se proponen en la COP26 es electrificar el mundo y abandonar el carbón, pero no es tan sencillo como parece. Fabricar baterías requiere de cobalto y entre el 50 y el 70% proviene de la República Democrática del Congo, un país en conflicto donde existe un gran problema de esclavitud infantil y un gran desastre ecológico y humanitario. 

Si aumenta la demanda del mineral, el país no verá todos los beneficios financieros y se encontrará envuelto en una situación que recuerda la época del imperialismo, en la que "se robó recursos y mató a mucha gente en pos de mantener el monopolio". "El colonialismo y la esclavitud están más vivos que nunca gracias a los grupos de presión verdes" y "el único futuro de países como este es el de ser proveedor de cobalto mientras dispongan de él", manifiesta Max.

"No pueden [en la República Democrática del Congo] hacer sus propias baterías ni construir su propia economía. No pueden hacer nada, porque todas las patentes y derechos de propiedad intelectual para convertir el cobalto en algo útil de cara a esta nueva economía sostenible pertenecen a las grandes multinacionales", explica Stacy.

El bitcóin: una verdadera innovación medioambiental

"En lugar de tratarse de una verdadera innovación ecogeopolítica, esta iniciativa, respaldada por dinero fíat", podría desencadenar "extrema violencia" entre quienes quieran establecer las nuevas reglas. En definitiva, "no es más que propaganda para ocultar el hecho de que están abusando de otros países para que sean los que cometan genocidio ambiental", considera Max. Entre tanto, Stacy critica la censura presente en la COP26 y duda de su beneficio sin China, que no participa y es responsable de más del 25% de las emisiones de carbono del mundo.

Stacy y Max coinciden en que el bitcóin es una opción que no provoca la "degradación medioambiental" y no mantiene la "estructura de poder" como lo ha demostrado el modelo fíat. Tomando el ejemplo de El Salvador, que busca aprovechar la energía volcánica para minar bitcoines, se podría aprovechar la "energía abandonada" (ya sea geotérmica, hidráulica, solar o cualquier otro tipo de energía renovable) y convertirla en riqueza, en una divisa "fuera del dominio del FMI", que ayuda a mantener la "soberanía como nación" de forma que "nadie nos pueda mangonear", comentan.

"Esta captura de riqueza abandonada hace que la riqueza se vuelva tan descentralizada como el propio protocolo del bitcóin, y cambia la naturaleza de la riqueza en sí. Se deshace del sistema del dinero fíat y de aquellos que dirigen el sistema fíat con las pruebas de valor propias de este sistema. A cambio alcanzamos la paz y la armonía ecológica. Alcanzamos la comunión con nuestra parte espiritual, cosa que nos arrebató la revolución industrial", concluye Keiser.

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