A tan sólo dos semanas de la inauguración de los
Juegos Olímpicos, los preparativos deberían estar prácticamente concluidos. Sin embargo, la ministra británica del Interior, Theresa May, anunció este jueves que necesitarán de 3.500 militares adicionales, que se suman a los 13.500 ya previstos, después de que la empresa privada responsable de la
seguridad del evento, G4S, admitiera que no estaba preparada para desempeñar las funciones que le fueron encomendadas.
Estos cambios de planes de última hora, obligarán a repatriar a soldados destinados en países como Afganistán e implicarán que muchos otros no puedan disfrutar de sus vacaciones, tal y como tenían previsto.
Estos esfuerzos, aseguró el ministro de Defensa,
Philip Hammond, serán recompensados. A los soldados que trabajen durante los Juegos se les reembolsarán las pérdidas por cancelación de viajes y recibirán entradas gratuitas para algunos eventos de las olimpiadas.
Por su parte, la oposición laborista calificó estas acciones de "chapuza" y exigió que se penalice a G4S por el incumplimiento de su contrato.
Las declaraciones de May se producen un día después de que esta compañía confesase que había tenido dificultades a la hora de reclutar al personal suficiente y formarlo dentro del plazo previsto.
Además, esta semana otra polémica ha implicado al operativo de seguridad por los juegos, que se celebrarán del 27 de julio al 12 de agosto, después de que los habitantes de un edificio del este de
Londres demandaran al Ministerio de Defensa por la instalación de misiles tierra-aire en su azotea para garantizar la 'seguridad' de la olimpiada.
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