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Estado Islámico: la fábrica de huérfanos

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El grupo terrorista autoproclamado Estado Islámico sedujo a miles de combatientes extranjeros para unirse a su causa con una promesa y un deber: vivir bajo la ley de Dio en la tierra elegida por Dios. Jóvenes devotos procedentes principalmente del Cáucaso, Rusia y Europa se mudaron con sus familias a Siria e Irak, donde tiempo después perecieron. El destino de sus abnegadas esposas e hijos no fue mucho mejor y terminaron confinados en campamentos o en orfanatos sin poder regresar a sus países.

A lo largo de su existencia, los yihadistas del Estado Islámico (EI) han reclutado para su lucha a 30.000 extranjeros de todo el mundo. Usando una agresiva propaganda por Internet, el grupo terrorista les convencía de que trasladarse al 'califato' —es decir, a los territorios de Siria e Irak que controlaba— era el deber de todo musulmán, como la oración, el ayuno o el peregrinaje a La Meca.

Miles de ciudadanos rusos abandonaron su país para unirse a los terroristas, a menudo llevándose consigo a sus esposas e hijos. Muchos de ellos murieron, dejando a su suerte a sus niños en ciudades en ruinas, campamentos y orfanatos. En Rusia, las familias de esos menores siguen buscándolos y esperándolos.

Una mujer que pasó casi tres años en el autoproclamado Estado Islámico relata que el grupo terrorista "financiaba todo" el proceso de reclutamiento. "Muchos de nosotros fuimos pensando que si algo no nos gustaba, podríamos volver, pero no fue así", recuerda. "Decían que iba a ser el lugar más justo del mundo, donde solo Dios juzgaría, y que no habría otra ley, solo la ley de Dios", pero "mintieron", afirma, y no dejaban regresar a sus países de origen a quienes no querían combatir en sus filas.

Un campo de refugiados convertido en prisión

El campo de refugiados de Al Hol, en el noroeste de Siria, se ha convertido en una prisión para más de 70.000 personas que huyeron de la zona de conflicto. Debido a la falta comida, agua y asistencia médica, varias personas mueren allí cada día, incluidos niños, según las organizaciones de derechos humanos.

Mientras, en Irak, 21 ciudadanas rusas fueron condenadas a cadena perpetua tras ser declaradas culpables de tener vínculos con el EI. Las mujeres fueron encarceladas junto a sus hijos y las autoridades iraquíes han hecho algunas concesiones con los niños, lo que ha permitido a la contraparte rusa iniciar la labor de devolver a casa a decenas de menores.

Sin embargo, más de 2.500 ciudadanas rusas con niños aún se encuentran en campos de refugiados, prisiones o cautivas de terroristas en suelo iraquí y sirio.