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"Tenía cinco años y vio morir a su padre": La vida en el barrio argentino montado sobre la basura

Publicado: 2 oct 2017 02:46 GMT | Última actualización: 16 oct 2017 17:04 GMT

¿Se puede vivir sobre desechos? A pocos metros de un moderno relleno sanitario, la insólita villa 8 de Mayo, en la provincia de Buenos Aires, demuestra que nada es imposible. Mucho menos la pobreza extrema, el olor nauseabundo y los estragos de la droga.

"Tenía cinco años y vio morir a su padre": La vida en el barrio argentino montado sobre la basura
Una niña juega en las orillas de un lago de basura, en la villa 8 de Mayo, provincia de Buenos Aires, Argentina.
Leandro Lutzky
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"¡Es acá!", grita el chofer del colectivo 670, que partió desde la estación de tren en la localidad de José León Suárez, provincia de Buenos Aires, para indicar la llegada al barrio Libertador. Apenas bajar, dan ganas de volver a subir al transporte: el olor es fuerte y horrible al mismo tiempo, y eso que faltan unas tres cuadras para llegar al destino. 

Una canchita de fútbol de tierra —en Argentina la llaman 'potrero'— da la bienvenida al asentamiento. De esta clase de escenarios, repetidos en muchos barrios humildes del país, salieron estrellas del deporte mundial, como Diego Armando Maradona, el mejor futbolista de la historia. El lugar se llama 8 de Mayo porque en esa fecha de 1998 sus habitantes tomaron las tierras: "Somos parte de las villas más nuevas, que llegaron con las crisis de los '90 y 2001", explica Teresa Pérez, quien trabaja en el centro comunitario de la zona.

Antes de eso, el lugar funcionaba como uno de los tantos basurales clandestinos que hay en el partido de San Martín, gobernado por el peronismo. Después, el barrio y sus familias se instalaron, literalmente, sobre los desechos. "Se aguantó con carpitas encima de la basura, hasta que se fueron armando casillas de madera", relata. Actualmente hay 9.000 vecinos viviendo en los desperdicios, en su mayoría paraguayos y argentinos, a partes iguales. De todas formas, pertenecen a la misma patria: las sobras de un sistema que salió mal, en un rincón olvidado de la nación.

Una madre junto a sus hijas en la villa 8 de Mayo, provincia de Buenos Aires, Argentina. / Leandro Lutzky

Salvo por un geógrafo francés que está estudiando el territorio, en una especie de safari por la pobreza sudamericana, no hay presencia de turistas a la vista, y no se escucha a nadie hablar en inglés. Por el contrario, la segunda lengua allí es el guaraní, un idioma indígena presente en Paraguay y algunas provincias de Argentina. Los niños juegan y corren descalzos en las calles de tierra; hay pequeños por doquier. Ni el contexto más adverso o la miseria extrema son impedimentos válidos para que los chicos se diviertan. Sin embargo, solo ellos se ríen.

Enfermos de pobreza

Aunque los gritos infantiles contrasten con un escenario lúgubre, la realidad es bien dura para los adultos, o para aquellos niños que maduraron de golpe. Sería imposible plasmar en un artículo todos los conflictos de 8 de Mayo, pero Pérez resume: "Muchos vecinos tienen pozos y el agua no está limpia. Hay un montón de nenes rehumildes que no tienen ni baño". También destaca que "los principales problemas de salud están acarreados por la falta de higiene", y puntualiza: "En invierno se enferman todos, porque viven en condiciones precarias".

Muchas de las viviendas "no tienen piso, es todo barro", le cuenta Teresa a RT, y opina: "Las mamás hacen un trabajo infernal, es muy difícil tener pibes en una casilla". Para la militante social, una de sus grandes preocupaciones es conseguir donaciones, sobre todo abrigos. Lavar la ropa en este sector de la provincia es una verdadera hazaña, la suciedad está en todos lados.

Una de las calles precarias de la villa 8 de Mayo, provincia de Buenos Aires, Argentina. / Leandro Lutzky

 ¿Acaso los vecinos no perciben el aroma nauseabundo? "¿Qué aroma?", bromea Jesús Amengual, otro de los activistas que perdió el olfato. Las condiciones en las que viven los habitantes producen micosis, asma, hongos y "el clásico": forúnculos en la piel, entre otras enfermedades típicas del lugar. "Los pibes tienen piojeras, como en todo barrio humilde", agrega Pérez, mientras camina entre las casillas y es saludada por los chicos. "A una nena se le posó la mosca de los gusanos, le tuvieron que sacar 22 gusanos de la cabeza. Casi se nos muere", recuerda.

Ni el mejor sociólogo del mundo podría graficar de más auténtica manera la pésima distribución de la riqueza. Mientras tanto, compañías como Fleg Trading y Kagemusha, en las que el presidente Mauricio Macri tenía participación, son investigadas en la Justicia local por presunta evasión impositiva. La información —sobre Fleg Trading— se conoció tras la histórica filtración periodística de los 'papeles de Panamá', donde se difundieron datos de miles de empresas radicadas en el país de América Central, es decir, un paraíso fiscal. ¿Cuánto dinero recaudaría el Estado si los ricos no escondieran sus fortunas? Lo suficiente como para hacer obras de infraestructura en este asentamiento periférico, y mucho más.

Una abuela junto a su nieta y su loro, desde el patio de su casa en la villa 8 de Mayo, provincia de Buenos Aires, Argentina. / Leandro Lutzky

En la villa no hay escuelas ni hospitales cercanos, cuando hay emergencias se las tienen que ingeniar: "De noche no entran las ambulancias ni los remises", comenta. Sin embargo, la convivencia entre la Policía y el narcotráfico es lo que más aterra a los vecinos. Una joven —por motivos de seguridad se mantendrá su anonimato— contó: "Todos sabemos que en el fondo venden droga, los efectivos pasan por acá y nada". En lo que va del año, ya tienen cinco fallecidos vinculados a este negocio, que parece asentarse cada vez más: "Antes no se veía esto".

Sobre las muertes relacionadas con la venta de drogas, la fuente explica: "A uno lo asesinaron en la esquina del comedor comunitario hace un mes. Los pibes se aterran. Cuando pasa eso, algunos creen que mataron a sus padres, porque también están metidos. Unos se esconden, otros lloran, es una secuencia cada vez más frecuente". La mujer relata que en el barrio hay "muchos problemas de consumo, principalmente en los padres", y opina: "Los pibes no tienen la culpa, tenemos que garantizar los derechos de su infancia".

Además, la vecina se explaya sobre el trasfondo del conflicto: "La droga se fue de control, y más acá, en el partido de San Martín, que está al lado de Zona Norte —así llaman a los distritos que están al norte de la capital—, la más pudiente del país, donde se distribuye la 'falopa' [droga]. Eso te descompone toda la cadena social. Acá hay pibes con problemas de nacimiento, fueron gestados tras conflictos con drogas de sus madres".

Por otro lado, hace fuerte hincapié en la asistencia psicológica que necesitan muchos chicos debido a las situaciones traumáticas que sufren, simplemente por no haber sido hijos de padres con una mejor condición económica. Algunos lo llaman meritocracia. Hablar de 'padres muertos o presos' no es algo extraño para quienes transitan su infancia en 8 de Mayo. Mientras dialoga, en una de las veredas hay un niño de unos 11 o 12 años jugando con un pájaro sin vida. "Iba con su papá, agarrado de la mano, cuando le pegaron tres tiros: tenía cinco añitos y lo vio morir", cuenta la vecina. Todo muy normal.

Jóvenes paraguayos solicitaron a RT que les tomen una fotografía junto a su carro, en la villa 8 de Mayo. / Leandro Lutzky

Mientras tanto, "la Procuraduría General de la Nación abrió un atajo judicial en San Martín por la alta cantidad de causas penales". Sin embargo, "solo agarran a los perejiles", es decir, los pequeños vendedores, el último eslabón de la cadena. "Eso nos trae más problemas, porque tenemos que estar defendiendo al pibito, soldadito del narco, porque no le dieron otra opción. Nuestra primera tarea es reconstruir el tejido social". Teresa cuenta un claro ejemplo: "Cuando hay un problema de drogas, nos estamos matando entre nosotros. Hubo un caso en febrero y le tuvimos que pagar el abogado a uno y el velorio a otro. Estamos en el medio, porque se pelean entre pibitos".

Para combatir a los cárteles de la droga, en México se conformaron los Grupos de Autodefensa Comunitaria, que al margen del Estado reclutaban a ciudadanos comunes altamente armados, liderados por el famoso doctor José Manuel Mireles Valverde. En el humilde barrio 8 de Mayo, al Cono Sur del continente, si bien están lejos de organizarse para esta clase de enfrentamientos, M.G. admite que "casi todos tienen fierros [armas]", y explica los motivos: "Están recansados de que les roben, piden seguridad, pero viene la Policía por la droga y la plata". De todas formas, para ella la alternativa es "organizarse comunitariamente y expulsar la venta del barrio".

Una de las calles de la villa 8 de Mayo, provincia de Buenos Aires, Argentina. / Leandro Lutzky

Según su relato, el último de los tiroteos tuvo a la fuerza de seguridad como protagonista. Buscaban a un chico. Muchos entraron al centro comunitario gritando que "los apuntaban con metralletas", y suma: "Entraron con ithacas —un tipo de escopeta— al barrio, que está lleno de chicos en la calle. Cuando hay un operativo policial, es como un circo. Caen con drones, patrulleros, helicópteros, para agarrar a unos pibitos. Tienen que desarmar la red. Hoy las pibas adictas se prostituyen. La violencia nos cría y nos mama".

Un Estado improvisado

Lo más cercano a un ente organizador que tiene el barrio es el centro comunitario, que lleva su mismo nombre: 8 de Mayo. Nació junto a la toma de los terrenos. Allí dan de comer a 170 personas por día, 96 chicos van a diversos talleres recreativos, hay ocho maestros voluntarios, cuatro cocineras y un coordinador. "El Estado tiene una ausencia muy importante", resalta Teresa, y vaticina: "Es un país que está en el G20, es decir, pertenece a las 20 potencias mundiales y solo asiste con comida —el 80% de lo consumido lo brinda el municipio— y nosotros ponemos todo el resto".

Centro comunitario 8 de Mayo, donde los niños realizan diversas actividades. / Leandro Lutzky

También suma otros ejemplos: "Estos días pasaron del Ministerio de Desarrollo Social y prometieron darnos pelotas. Está buenísimo, pero si tenés 40 familias en situación de emergencia, sin baño y trabajando en la basura, por lo menos que nos den agua caliente". Con el correr del tiempo, el centro se convirtió en la máxima referencia vecinal: "Acá hacemos de todo, incluso trámites por un nacimiento o muerte. Un día venís y tal vez hay un velorio". Con murales y pintadas, es el único sitio colorido en medio de un contexto gris.

La única edificación de la villa 8 de Mayo, le llaman "el rascacielos" y se alquilan departamentos. / Leandro Lutzky

La casa con vista al lago de basura

Los militantes quieren mostrarle a RT el paisaje más representativo del barrio, tal vez sea la principal atracción para los pocos visitantes que ingresan a este sector de José León Suárez. En el trayecto, los vecinos se presentan y devuelven sonrisas; les alegra mostrar cómo viven. Las calles continúan siendo de tierra, pero las viviendas son todavía más precarias, aunque poco antes ello parecía imposible. El escenario podría confundirse con un campo de refugiados sin recursos, o un país en guerra. Pero la batalla es financiera. Una madre rodeada de niños cuenta que "el agua de la canilla solo sale en verano"; tiene una red artesanal de tuberías que proviene de un caño más importante, desde el barrio Libertador, que cuenta con servicios básicos. En invierno la presión es menor y no sale ni una gota.

"No tomo el agua de acá ni loco, está toda podrida", comenta un hombre, mientras se quita la gorra de la cabeza en señal de bienvenida. Muchos de sus amigos beben el agua desde los pozos que ellos mismos cavan, algo poco recomendable; todo allí parece estar contaminado.

El panorama sigue empeorando, las casas son de chapa y madera. La tierra seca se transforma en barro, aunque hoy no llovió. Y el olor, a cada paso se tolera menos. "Vengan, pasen", invita una vecina a conocer su hogar. Dicen los guías que es el lugar desde donde mejor se ve el "lago de basura".

Villa 8 de Mayo, provincia de Buenos Aires, Argentina. / Leandro Lutzky

Un plástico de nailon simula ser una puerta, pero la anfitriona enseña directamente su patio. La imagen impacta, paraliza los sentidos. Lo que parecía ser una metáfora, en realidad es literal: hay una laguna de basura a cielo abierto, violando una innumerable cantidad de leyes y normativas. "Acá tiran de todo, clandestinamente", menciona Jesús. Botellas, neumáticos, partes de electrodomésticos y otros materiales de dudosa procedencia pueden encontrarse en sus alrededores. Próximas a sus orillas hay decenas de casas que pueden hacer sentir afortunado a cualquier visitante, por solo no tener la desdicha de vivir allí.

Una nena, que difícilmente supera los seis años, está jugando entre algunos residuos que se encuentran en el exterior del domicilio. ¿Tomar una fotografía o rescatar a la niña de este entorno? Aquella es una pregunta recurrente, mientras su infancia es lentamente destruida. "Por eso no voto, la democracia representativa no sirve para nada", sentencia el francés, con un buen dominio del español. Las elecciones legislativas en Argentina serán el 22 de octubre. Todavía quedan unas semanas para que algún político recuerde a 8 de Mayo y su gente.

Vista al lago de basura, desde la casa de una vecina de la villa 8 de Mayo, provincia de Buenos Aires, Argentina. / Leandro Lutzky

Otro paisaje: el basural más importante de Latinoamérica

A pocas cuadras se encuentra uno de los rellenos de basura más grandes del mundo. El predio pertenece a la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE) y recibe residuos de la capital, Zona Norte y algunos municipios de Zona Sur de la provincia de Buenos Aires. Su tamaño es colosal: 500 hectáreas, de las cuales 300 se destinan exclusivamente al relleno. Al día de hoy, albergan 80 millones de toneladas de basura, según explican sus autoridades para este artículo.

Semanas atrás, RT recorrió las cercanías de sus instalaciones en González Catán, otro distrito humilde de la provincia, donde los vecinos denuncian enfermedades y 3.000 muertes presuntamente vinculadas al tratamiento estatal de la basura y la consiguiente contaminación ambiental. Después de insistir durante dos semanas a la empresa para que respondiera preguntas —habían prometido hacerlo—, se acordó una visita a su propiedad principal, en José León Suárez.

El lugar se llama Norte III y "empezó a operar en octubre de 1994, se hizo en esta zona porque eran todos terrenos bajos", explica el gerente de operaciones, Leonardo Maceiras, mientras maneja un vehículo por las instalaciones del lugar. "Te vamos a mostrar todo, este recorrido por el sector operativo no lo vas a ver en ninguna parte del mundo", glorifica. Tras alejarse de la entrada y los caminos donde hay mayor presencia de camiones, el mal olor desaparece. Como si todo fuese una enorme puesta en escena, se ven aves, carteles que advierten sobre la presencia de animales con gran porte, flores y mucho pasto. "El verde es necesario: si existe contaminación, es lo primero que cambiaría de color", argumenta. El lugar se parece a un barrio privado o club de campo; si el objetivo no fuese el reportaje, el clima agradable y los rayos del sol acompañarían un día de picnic ideal.

El gerente de operaciones de la CEAMSE, Leonardo Maceiras, señala uno de los módulos del relleno sanitario, donde se albergan millones de toneladas de residuos. / Leandro Lutzky

Hay guardias de seguridad en casi todos los sectores, aunque por ahora todo está en orden. Unos dispositivos blancos con forma de antena, clavados en el césped y llamados "narices electrónicas", miden constantemente la calidad del aire. Resulta extraño escuchar que aquí ingresan entre 16.000 y 17.000 toneladas de basura por día: "Junto con el relleno de San Pablo, somos los que más desechos recibimos en toda América Latina", menciona el vocero de prensa, Alfredo Vega. La empresa se muestra ante la sociedad como defensora de la ecología. Sin ir más lejos, a Norte III lo llaman "complejo ambiental". Al respecto, Maceiras explica que hay una planta de tratamiento de neumáticos, cuyos componentes pueden ser reutilizados para hacer asfalto o materiales que acompañen las canchas de pasto sintético o los areneros de las plazas.

También cuenta que tienen "la planta de lixiviados —fluidos provenientes de la basura— más grande y moderna del mundo, de 2.000 metros cúbicos, donde el agua sale transparente", aunque aclara: "No es para consumo personal". El líquido obtenido se utiliza en el riego del pasto y en otros procesos internos, o se vierte en el río Reconquista, el segundo más contaminado de Argentina, después del Riachuelo. Además, cuenta con una central que genera biogás para abastecer a 100.000 personas y una planta de Tratamiento Mecánico Biológico (TMB), que separa elementos reutilizables. El lugar es muy moderno, está "cabeza a cabeza con Europa", se enorgullece el gerente, "y muy por encima del resto de Latinoamérica".

Pileta de líquidos lixiviados, provenientes de la basura, en la planta de la CEAMSE de José León Suárez, provincia de Buenos Aires, Argentina. "En los basurales clandestinos, esto va a las napas de agua", dice el gerente. / Leandro Lutzky

En este sistema, los municipios pagan directamente a la compañía estatal por el servicio, aunque Leonardo aclara que "no tiene fines de lucro". Cada tonelada de basura recibida se cobra en "250 pesos" (unos 14 dólares), "cuando en el mundo cuesta entre 50 y 55 dólares", compara. Según explica, se trabaja todos los días del año, salvo fechas puntuales como Año Nuevo y Navidad, en horarios determinados. Al mes, la cuenta equivale a unos 7,2 millones de dólares.

Lo más llamativo de este mecanismo es que la compañía casi no tiene empleados directos en este lugar; son solo 40. Las operaciones están repletas de tercerizaciones y subcontrataciones donde intervienen grandes empresas como Benito Roggio, Ingecol —en el predio de Villa Domínico—, Aceco Ti y Regomax, que tienen sus galpones según cada actividad, con su propio personal. CEAMSE no debe sufrir muchos juicios laborales.

"Nosotros no contaminamos, son los basurales clandestinos"

"Hace 30 años estoy en la empresa y ocho en la gerencia. No tengo ninguna enfermedad y no está demostrado que este sistema genere enfermedades. De hecho, tenemos trabajadores que están permanentemente con los residuos", argumenta. Sobre las muertes en González Catán y la gran cantidad de enfermedades producidas por la contaminación en la zona, se defiende: "Nosotros tenemos todos nuestro rellenos monitoreados con pozos de agua, arriba y abajo. Entonces controlamos el agua cuando entra al relleno y cuando sale, para que la calidad del líquido que ingrese sea similar al que sale, y así evitar la contaminación. Particularmente en González Catán tenés gran cantidad de basurales clandestinos entre la gente, y después la enorme cantidad de personas que se fue acercando al relleno. Pero no hay nada como para decir que el relleno sanitario es lo que genera las enfermedades".

Fuera del predio de la CEAMSE se ve un basural clandestino a cielo abierto, en la provincia de Buenos Aires, Argentina. / Leandro Lutzky

"La Corte dijo que no se podía determinar que la contaminación fuese de la CEAMSE", manifiesta, aunque en 2005 también resolvió que debían buscar otro lugar alternativo para el relleno de Catán. ¿Por qué? "El fallo decía que cuando se encuentre un lugar alternativo para hacer un nuevo relleno sanitario, se iba a proceder. Todavía eso no ocurrió. Es muy difícil tener la licencia social para montar los rellenos. La Justicia dispuso cerrarlo por una medida política que se planteó en su momento. Hay algo común en todos los rellenos sanitarios, que es que cuando lo abrís, se acerca población vecinal. Cuando lo abrimos, el barrio Nicole no existía. Los vecinos no estaban donde están ahora, porque se generan microeconomías alrededor. La Corte dijo que frente a la alternativa que ayude a la gente, no hay problema, pero eso no quiere decir que sea contaminación. Está probado que no hubo contaminación", responde.

Según explica, antes de instalar los predios se realiza un estudio de impacto ambiental, conforme al Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS). "Hay control de calidad del aire, del agua, subterránea y superficial. Todo está auditado", continúa Maceiras. Para Vega, su compañero, "si estudiás el agua de estos barrios, seguro que va a estar contaminada", pero el gerente explaya: "Hay que ver el entorno, como los basurales clandestinos. Acá enfrente tenés la Laguna del Pejerrey: es un basural a cielo abierto, existe porque están llenas las napas de agua. Hoy solo se ve el 30% de lo que era. Todo lo que tiran ahí, que nosotros no permitimos que ingrese aquí, va directo a las napas de agua. No puedo hacer nada con la calidad de agua que proviene desde los barrios periféricos, la CEAMSE no es una Policía. Eso depende de cada municipio”.

El agua de los líquidos lixiviados tratados en la CEAMSE sale transparente y se deposita en esta laguna, pero no es potable. / Leandro Lutzky

Mientras habla, señala algunos basurales clandestinos que se aprecian desde un mirador propio y evaden las normas a plena luz del día, a la vista de todos. Norte III está rodeado de estos terrenos linderos. ¿Eso le da margen a la CEAMSE para evadir algunas reglas? Después de todo, el agua ya ingresa contaminada a su red. "No, todo lo contrario", sentencia. Actualmente, la empresa estatal trata el equivalente al 40% de todos los residuos generados en Argentina. "Se estima que otro 40% va a esos lugares clandestinos", donde suelen quemar basura a cielo abierto.

Sin embargo, ¿es común que existan rellenos sanitarios cerca de los ciudadanos? "Súper común. En Estados Unidos, la ruta que va de Miami a Orlando está repleta de rellenos sanitarios. En Nueva York también, está metido en un barrio de clase media alta. No hay inconveniente. Además, tenerlo lejos influye en el costo también", contesta. A su vez, suma que en Norte III "solo ingresan residuos autorizados previamente". Menos mal. 

Revolver los desechos "está buenísimo"

La mayoría de los vecinos de 8 de Mayo trabaja haciendo "changas" (trabajos eventuales) o especializándose en los rubros de construcción, limpieza, costura y, por supuesto, el mundo del reciclado. La recolección de cartones y otros materiales reutilizables es un patrón característico en muchas villas del país.

En este caso, la cooperativa Bella Flor -que gira en torno al centro comunitario- cuenta con 100 trabajadores, quienes en dos turnos cubren la jornada de siete de la mañana a diez de la noche. Tienen un sueldo de 7.000 pesos (400 dólares) que se paga en dos quincenas, y un incentivo de 4.000 pesos más (228 dólares) que otorga el Estado a modo de subsidio. A esos 11.000 pesos (628 dólares) hay que sumarle la Asignación Universal por Hijo que recibe cada padre, según la cantidad de chicos que tenga a cargo, que ronda los 1.400 pesos (80 dólares).

Hay importantes cantidades de residuos en el galpón de la cooperativa Bella Flor, dentro de la CEAMSE, provincia de Buenos Aires, Argentina. / Leandro Lutzky

"Hay tres formas para reciclar, la primera es recorriendo el barrio Libertador con el carro a caballo, después están quienes van a la montaña de basura de la CEAMSE, que tienen de 17:30 a 18:30 para sacar todo lo que puedan, y por último están los galpones en formato fábrica", enumera Teresa. Bella Flor es una de las cooperativas que cuentan con un inmenso taller para separar los materiales reciclables. El gerente de operaciones de la empresa estatal informó que les pagan un dinero por hacer el trabajo, aunque no son sus empleados: "Son independientes, se manejan como quieren". Este galpón es uno de los pocos lugares que huelen mal en Norte III; al fin y al cabo, trabajan con residuos.

En la puerta hay una importante montaña de desechos y dos trabajadores escarbando con picos de minería para separar los elementos que se puedan rescatar. Su tarea es incesante, el simple hecho de mirarlos cansa la vista. Mientras que en la CEAMSE todos los procesos están automatizados, en este sector hacen sus tareas de manera manual. La única protección que tienen para separar sus cuerpos de la inmundicia de la sociedad es un par de guantes, aunque uno de ellos lleva una remera de Neymar, de sus tiempos en el Barcelona. Su destreza para romper aquel monte putrefacto se parece a la del brasileño cuando sortea defensas rivales.

Después de este primer paso, los desperdicios suben por una cinta transportadora: "Eso se compacta en fardos de 200 o 300 kilos, que son vendidos para ser reinsertados en la industria. Pueden costar alrededor de 200 pesos (11,4 dólares), dependiendo del precio del cartón en cada día", resume Jesús Amengual. Sin embargo, el valor no es negociable; son muy pocas empresas las que manejan el mercado.

Dos hombres trabajan entre la basura para encontrar materiales reciclables, provincia de Buenos Aires, Argentina. / Leandro Lutzky

"Acá tenemos un medidor de crisis, trabajamos con lo que desecha la sociedad. Dos años atrás recuperábamos el 35% de la basura recibida, había mucho más cartón y botellas de plástico. Desde que se profundizó el conflicto económico en Argentina, también bajó la calidad de la basura, con material menos recuperable. El trabajador de la provincia tiene que achicar sus costos y cambia el tipo de consumo. Ahora solo recuperamos el 10% de los residuos", cuenta. Lo restante va al relleno sanitario.

"El trabajo está buenísimo", dice Nicolás Jerez, con una gran sonrisa que refleja absoluta sinceridad. Tiene 19 años, se propuso continuar sus estudios primarios, pero todavía no sabe leer ni escribir. Recuerda que antes tenía trabajos "horribles", mal pagos y con horarios extenuantes. También dejó el consumo de estupefacientes: "Antes estaba en cualquiera", recuerda. Además del trabajo duro, incluyó actividades culturales en su vida, junto a sus compañeros del centro comunitario.

En medio de sus tareas, saluda a RT, esperanzado: "¿Van a contar mi historia, no?", consulta. Está sucio, acalorado y repleto de sudor, pero demuestra felicidad; después de todo, revolver la basura es lo mejor que ha tenido. Nicolás es un simple error de cálculos de esta 'meritocracia', término que se puso de moda para justificar las desigualdades del siglo XXI. Pero, ¿alguien se atrevería a decir que no hace méritos para tener una vida mejor?

Nicolás Jerez (derecha) junto a un amigo antes de entrar al trabajo, en las calles de la villa 8 de Mayo, provincia de Buenos Aires, Argentina. Sostienen un carro con el cual suelen recoger materiales reciclables. / Leandro Lutzky

Leandro Lutzky

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