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Entre intentos de destitución y un nuevo gabinete: los escenarios que se abren en Perú para Pedro Castillo

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¿Puede sobrevivir, tan débil, en un país en el que, solo en 2020, fueron destituidos tres presidentes? ¿Cuáles herramientas le quedan para resistir el cerco al que está siendo sometido? ¿Podrá superar una nueva moción por parte de la derecha en el Congreso?
Entre intentos de destitución y un nuevo gabinete: los escenarios que se abren en Perú para Pedro Castillo

Una vez naufragó el segundo gabinete del presidente de Perú, Pedro Castillo, después de la renuncia de la presidenta del Consejo de Ministros, Mirtha Vásquez, se generan preguntas que muy probablemente quedarán aún sin respuestas:

¿Hacia dónde va el Gobierno de Pedro Castillo? ¿Puede sobrevivir, tan débil, en un país en el que, solo en 2020, fueron destituidos tres presidentes? ¿Cuáles herramientas le quedan para resistir el cerco al que está siendo sometido? ¿Podrá superar un nuevo intento de destitución por parte de la derecha en el Congreso? 

Los diferentes gabinetes

El segundo gabinete de Castillo tenía una composición moderada en relación al primero, en el que el premier Guido Bellido tenía una agenda radical relacionada con controlar las empresas trasnacionales y abrir un proceso constituyente.

En cambio, el gabinete dirigido por la premier Mirtha Vásquez, cuya renuncia se conoció hace pocos días, se componía de sectores más de centroizquierda y algunas figuras públicas como el conocido abogado Avelino Guillén en el cargo de ministro de Interior, quien también ha renunciado recientemente, y ha dicho en una entrevista posterior que "al Gobierno lo que le falta es rumbo, definir un rumbo".

Castillo, quien no tuvo luna de miel desde que se posesionó y ha sido arrinconado desde su pase a segunda vuelta electoral, se ha venido salvando en cada coyuntura. Lo que no sabemos es por cuánto tiempo.

El tercero, en seis meses, estará dirigido por Héctor Valer Pinto. Es un congresista que ha pasado por varios partidos de derecha y centro (incluido el tradicional APRA), y su accionar es hasta ahora una incógnita, aunque sí parece ser un político pragmático.

Constitucionalmente, el premier, y su gabinete conformado, debe obtener el voto de confianza del Congreso, lo que implica un proceso de negociaciones al que deberá someterse Valer para su designación definitiva.  

El presidente Castillo, quizá intentando recomponer su imagen, ha decidido recientemente realizar una serie de entrevistas públicas con medios (algo que no había hecho durante su mandato) que han generado diversas reacciones. Quizá el tema más álgido de los tocados en ellas ha sido su postura a favor de dar salida al mar de Bolivia, por la que posteriormente se ha visto en la obligación de pedir perdón al país.

Sin embargo, hasta ahora el presidente, quien no tuvo luna de miel desde que se posesionó y ha sido arrinconado desde su pase a segunda vuelta electoral, se ha venido salvando en cada coyuntura. Lo que no sabemos es por cuánto tiempo.

¿Qué viene ahora?

Por lo pronto, la segunda vicepresidenta del Congreso, Patricia Chirinos, ya ha declarado que va a pedir una acusación constitucional para destituir a Castillo. Así, resulta fácil predecir que la presión para su decapitación política seguirá en ascenso.

En diciembre, el Congreso intentó concretar una moción de censura contra el presidente, pero no lo logró. Asimismo, la oposición legislativa ha tratado de torpedear los votos de confianza hacia los dos gabinetes anteriores, pero tampoco ha podido.

Es decir, no es solo el Ejecutivo el que luce prácticamente paralizado, sino que tampoco la oposición hasta ahora ha podido avanzar en su contra. Puede pensarse que el empeño en tumbar al presidente está entumeciendo la institucionalidad.

Se produce así una especie de empate catastrófico. Claro, advirtiendo que su gestión constitucionalmente finaliza en 2026, lo que parece una eternidad para sobrellevar esta situación.

No es solo el Ejecutivo el que luce prácticamente paralizado, sino que tampoco la oposición hasta ahora ha podido avanzar en su contra. Puede pensarse que el empeño en tumbar al presidente está entumeciendo la institucionalidad.

Quizá su mayor soporte sigue siendo, a pesar de las tensiones internas, su partido Perú Libre, que en el Congreso es la minoría con mayor número de escaños. Además, es lógico que la izquierda moderada y el centro político no quieran permitir que la derecha radical o el fujimorismo vuelvan al poder de alguna manera.

Todo esto funciona como un tapón que impide que se termine de facturar un golpe, parlamentario o por otras vías. Es decir, ante la actual fragmentación política, nadie tiene claridad sobre qué sucedería si Castillo cae. 

Castillo puede ser visto como una bombona de oxígeno para el agotado sistema político peruano, debido a que llevó nuevamente la esperanza a los sectores más excluidos, especialmente del campo, donde hay mayor olvido del Estado y la pobreza se ha asentado.

Entonces habría que evaluar si su salida generaría mayor frustración y qué podría significar para estos sectores en los que está creciendo el narcotráfico y la delincuencia.

Lo paradójico es que Castillo, quien viene del mundo de las movilizaciones, sindicales y campesinas, no ha utilizado su liderazgo para convocar a los sectores populares para defender a su Gobierno. No ha apelado al pueblo y su movilización, sino que, en medio de cierta quietud, ha visto caer sus ministros uno tras otro. 

Convocatorias masivas, en medio de la tensión política, podrían trasladar la conflictividad de la esfera político-institucional a la propiamente social, de donde ha estado relativamente ausente en comparación con países vecinos.

Con esto observamos que el presidente todavía tiene varias cartas que podría utilizar para defender el Gobierno legítimo, que está bajo un inclemente acecho de la reaccionaria mediática peruana y los partidos de la derecha.

Recordemos que la región andina, donde se ubica Perú, ha estado azotada por la inestabilidad, las movilizaciones y el conflicto radical, tanto en Colombia, Ecuador como en Chile y Bolivia. De manera sorpresiva, Perú ha escapado a las convulsiones sociales.

Ociel Alí López es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América Latina.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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