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Tensiones en la política internacional: el “factor jurassik park” (I parte)

Publicado: 14 ene 2013 19:12 GMT | Última actualización: 25 ene 2013 17:47 GMT
A veces parece que todo está bajo control. hasta que nada está bajo control

Durante los últimos meses, las relaciones entre China y Japón volvieron a tensionarse como consecuencia de la decisión de Tokio de adquirir parte de un archipiélago en litigio entre ambos países. Si bien no es la primera vez que hay fricciones por las islas, sí es la primera vez que Japón realiza un acto que implica la nacionalización de factode parte del espacio en disputa.
 

A principios de 2011, el gobierno de Japón sostuvo que la visita del entonces presidente ruso Dmitri Medvedev a los Territorios del Norte (islas Kuriles) representaba para el país una ofensa imperdonable.

También en 2011, la India endureció las críticas a Pakistán por el apoyo que brindaba el poderoso Servicio Secreto pakistaní a grupos que luchaban por la independencia de la Cachemira india, y que habrían sido los responsables de graves atentados en la India, como el perpetrado en Bombay en 2008.

En 2010, un torpedo norcoreano hundió un buque de la armada de Corea del Sur en aguas del Mar Amarillo, hecho que costó la vida a 46 marineros surcoreanos. Ese mismo año, Corea del Norte disparó cerca de 200 proyectiles sobre la isla surcoreana de Yeonpyeong.

En 2009, un proyectil norcoreano, que teóricamente transportaba un satélite, sobrevoló territorio de Japón.

Las tensiones interestatales en la región del Asia-Pacífico son numerosos, frecuentes (solamente  destacamos fricciones de los últimos años) y de naturaleza múltiple, puesto que allí coexisten conflictos remanentes de la Segunda Guerra Mundial (Rusia-Japón), conflictos de división de la Guerra Fría (Corea del Norte-Corea del Sur), conflictos nacionales (China-Taiwán), conflictosterritoriales marítimosgeopolíticos y geoeconómicos, puesto que la posesión implicaría ventajas en materia de accesos y fuentes energéticas (China-Japón, Japón-Corea, China-Vietnam-Brunei-Filipinas-Malasia) y conflictos étnicos territoriales (China-Vietnam, India-Pakistán).

Por otra parte, los conflictos y friccionesno solamente involucran a  los múltiples actores de la región: en 2009 se produjo un incidente naval entre los Estados Unidos y China en el Mar de la China Meridional, incidente que, según la propia inteligencia estadounidense, fue el más grave de la década. Aunque la razón del choque nunca fue aclarada, autorizadas fuentes sostuvieron que la embarcación estadounidense navegaba a menos de cien millas de la base china de Yulin, en la isla de Hainan, asiento de submarinos nucleares.

Este incidente chino-estadounidense en modo alguno puede sorprender, puesto que Estados Unidos desempeña en la región no solamente un papel de pacificador (como lo definen algunos realistas), sino que tras el final de la Guerra Fría una confrontación con China en el Mar de la China fue una de las dos hipótesis de guerra que consideró el Pentágono (la otra era con Rusia en la zona del Caspio).

Transcurrida la década de ajuste de cuentas con el terrorismo transnacional, Washington ha vuelto a concentrarse en cuestiones geopolíticas clásicas, y el espacio Asia-Pacífico (más específicamente el Mar de la China Meridional) no solamente retoma prioridad, sino que se convierte en un área de interés nacional estadounidense, según los propios términos de la Guía Estratégica del Departamento de Defensa de enero de 2012 (Sustaining US Global Leadership: Prioritiesfor 21 th Century Defense), iniciativa que recuerda la Doctrina Carter, que proclamó en 1980 que la región del Golfo Pérsico pasaba a ser considerada parte integrante de los intereses nacionales estadounidenses.

Los conflictos latentes de la región del Asia-Pacífico explican en gran medida las razones del sensible incremento del gasto militar regional, que llevó a que en 2011 dicho espacio desplazara a Europa del segundo lugar en gasto de defensa a escala global.Si bien China e India son los actores que más inciden en el incremento del rubro, otros actores menos seguidos también contribuyen: según su Libro Blanco de la Defensa, entre 2010 y 2020 Australia invertirá más de 270.000 millones de dólares en modernización y adquisición de armamentos(entre los que está incluido el selecto misil estadounidense Tomahawk).

Es importante tener presente que estos notables incrementos en gastos de defensa tienen lugar en una región donde el comercio regional creció enormemente durante las dos últimas décadas, dato que echa por tierra con aquellas imágenesinternacionales que cuando terminó la Guerra Fría aseguraban que el advenimiento de un mundo centrado en Estados comerciales inhibiría poco a poco la geopolítica (una disciplina no basada en las buenas intenciones, según Henry Kissinger) y, por tanto, las posibilidades de confrontación.
 

guerra 

En este sentido, resulta pertinente la reflexión del especialista Robert Kaplan acerca de que si bien es cierto que la ayuda que presta China a Myanmar, Sri Lanka, Bangladesh, Pakistán e incluso a Kenia en la parte occidental del Índico obedece a cuestiones específicas de cuño comercial, su fin último es geopolítico, puesto que aspira a posicionarse en un espacio marítimo-terrestre donde se jugará buena parte de la partida por la predominancia global. Más aún, para este autor que nos habla de la venganza de la geografía, China, vía una combinación de su poder comercio-militar, aspira a finlandizarlos países del sudeste asiático asociados a Estados Unidos, particularmente a Vietnam, con el fin de consolidar su posición en el Mar de la China Meridional frente a las aspiraciones de Estados Unidos que, según el citado documento, asignaría a la región el 60 por ciento de su flota militar para el 2020.

El otro teatro de tensiones tiene lugar en la región de Oriente Próximo y Golfo Pérsico. Como en Asia-Pacífico, los gastos en materia de adquisición de armamentos es elevado y generalizado, pero a diferencia de aquella, que concentra conflictos de múltiple naturaleza, la tensión en la región de Oriente Próximo y el Golfo obedece mayormente a una lógica de carácter prácticamente irreductible: el conflicto israelo-palestino.

No obstante el carácter concentrador e irreductible de este conflicto, hay otras tres cuestiones que causan tensión e inestabilidad regional y global: por un lado, la presencia de un actor extrazonal en la región, Estados Unidos; por otro,  la demanda de reconocimiento de un actor que ha construido poder, Irán, y, finalmente, la grave crisis en Siria.

En cuanto al conflicto histórico, la precaria estabilidad solamente ha sido posible en base a un muy delicado balance de los descontentosde las partes, balance que no solamente involucra a israelíes y palestinos. Pero esta extraña pauta deconvivencia se ha venido alterando sensiblemente como consecuencia de la frustración de la comunidad árabe y no árabe, que advierte que la postura pos-1967 de no devolución de los territorios ocupados se ha vuelto predominante en Israel (e inclusoen parte de la misma comunidad internacional) frente a las tesis que defienden las fronteras del Estado de Israel, es decir, las del momento de su creación.

En relación a la (directa o indirecta) presencia estadounidense en la región, ello implica un factor de tensión no siempre demasiado estimado cuando se abordan las causas del descontento de los actores de la región y de la misma seguridad a escala global. Es importante tener presente que esa presencia fue una cuestión capital en relación a la modificación de la concepción geopolítica llevada a cabo por el terrorismo transnacional durante los años noventa, cuando desde un enfoque de naturaleza defensiva local y regional se adoptó una estrategia ofensiva de alcance global cuyo mayor impacto fue el ataque perpetrado en el corazón mismo del espacio nacional más protegido del mundo. A partir de allí, y hasta casi el final del primer decenio, el orden internacional se dirigió hacia su extremo más vertical, es decir, en dirección de la voluntad y accionar del actor más poderoso, situación que implicó unmarcado debilitamiento de las reglas e instituciones internacionales y una sensible relativización de las soberanías nacionales.

En cuanto a Irán, se trata de un actor que ha construido poder y, por tanto, reclama reconocimiento. La experiencia enseña que es prácticamente imposible mantener una situación de conflicto y exclusión con un actor en ascenso sin llegar a un desenlace que implique uso de la fuerza, es decir, la tendencia que se puede marcar hoy desde el serio estado de tensión predominante en esa parte del globo.

En buena medida, ello explica por qué desde hace tiempo autorizados expertos sugieren la necesidad de un diálogo estratégico con Teherán. Más aún, sabedores de los costos que puede acarrear mantener políticas de oclusión internacional, especialistas adscriptos no precisamente al patrón idealista de la política mundial, por caso, Martin van Creveld o Kenneth Waltz, han manifestado que el mundo puede vivir con un Irán nuclear, situación que, acompañada de las forzosas renuncias por parte del país del Golfo y la adopción de una nuevavigilante contención por parte de la comunidad internacional, implicaría restablecer el hoy deteriorado equilibrio de insatisfacciones regionales y proveer estabilidad al sistema de seguridad internacional en su más sensible nivel.

(continuará)

 Una mirada desde el poder para analizar el equilibrio global.

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