Opinión

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Blog de Armén Zajarián

Estoy sentado entre la Calle 62 y la Avenida York. No he consultado con los locales, pero parece que ellos denominan este punto 'top of the world': aquí uno está bastante lejos de Irán y de la embajada ecuatoriana en Londres, por eso puedes hablar de estos temas firmemente y sin apelación, porque no te afectarán.
Rumbo al centro de la ciudad pasamos cinco puestos de control. En cada uno hay 4 o 5 militares con kaláshnikov automáticos.
Una gran masa de gente me rodeó y empezaron a gritar, me jalaban de las mangas y decían: “mira hacia acá”. Sin duda me tomaron por uno de los suyos. Explicarles que no hablo árabe es casi imposible.
Los habitantes de Homs, cansados de los permanentes tiroteos, las explosiones, la sangre y el terror se pusieron a gritarnos en ruso: “¡Gracias, Rusia! ¡Queremos a Rusia!”
Desde la ventana del lujoso hotel Four Seasons se observa una tranquila noche en Damasco. Ni explosiones, ni disparos: todo según lo prometido. Aunque la verdad, se ve completamente desolado, pero hay que tener en cuenta que son las cuatro de la mañana, hora local