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Miriam Carey: asesinato e impunidad como criterio “excepcional”

Publicado: 8 oct 2013 13:36 GMT | Última actualización: 8 oct 2013 13:42 GMT
Han pasado sólo unos días del asesinato de Miriam Carey en Washington y ya se ha olvidado el nombre de la persona, su vida, los hechos y la travesía por este mundo de una afroamericana de 34 años cuya identificación fue difícil ”por la extensión de las heridas que presentaba”, informó The New York Times.

Las razones de esta omisión están explicadas en el modo como los Medios responden de forma coordinada a nivel internacional estableciendo la proporción de noticias emitidas, las cuales son evaluadas por un comité de alto nivel ideopolítico que considera y define su publicación acorde con el grado de relieve que asumen o la necesidad de invisibilizarlas si no son convenientes. Es la alteración de la realidad si es necesario.

 

Así como en casos muy simples se los dibuja de tal modo que parecen eventos de una magnitud descomunal, como  lo ocurrido con el príncipe Harry y su “intrépido desempeño bélico” en un helicóptero de combate, en éste la orden es ocultarlo rápidamente, no explicar nada y obviar todo lo que pudiese parecer peligroso de responder. Por dicho mecanismo, se desaparece y aparecen videos. Uno de ellos, que muestra al auto de esta mujer retirándose del lugar donde sucede el incidente y luego se escuchan disparos que le ocasionan la muerte, ha sido conocido gracias a personas que lo han subido a la red. Del momento en que es acribillada, no se conoce ninguna filmación pese a que la poseen con toda seguridad los autos policiales a través de cámaras instaladas en sus vehículos. Lo que sí se destaca en los Medios es la “valentía” de decenas de agentes que se  “enfrentaron” a dicha mujer en una “feroz persecución”, confirmado por la Jefa de Policía de Washington, Cathy Lanier, enalteciendo a “los agentes del Servicio Secreto y Policía del Capitolio (ya que) actuaron con heroísmo para tratar de impedir que la sospechosa irrumpiera en los perímetros de seguridad” de la Casa Blanca y el mismo Capitolio.

El análisis de este acto expuesto internacionalmente es del más delicado tratamiento pues evidencia que la excepcionalidad planteada por Obama está vigente en el país del norte y da el derecho a matar si existe, para las fuerzas policiales o militares, un indicio de temor e inseguridad según su propia percepción. Cuando los familiares se preguntan por qué se actuó con fuerza desmedida  siendo que estaba desarmada y con una niña de un año en su vehículo, conociendo que no poseía bombas ni ningún elemento perturbador, se detiene allí todo el proceso discursivo retirando el hecho como si desapareciese por encanto y dejando a sus deudos con la carga emotiva y sin respuesta a sus interrogantes, al igual que a la opinión pública.

Para el mundo no puede pasar desapercibido que el régimen estadounidense posee una política oficial ante la vida con serias debilidades legales y legítimas. Precedido este asesinato por el emblemático caso Zimmerman donde un joven negro es ultimado debido a la creencia que portaba posiblemente un arma y cuyo autor es absuelto, la muerte comienza a parecer un destino diario del ciudadano ya que el terror con que se lo ha preparado para despertarse cada día desde hace décadas lo induce definitivamente hacia una desconfiguración mental donde el peligro de ser atacado es el primer problema a enfrentar cotidianamente. Esa situación conduce al desequilibro de la salud mental nacional.

Sin embargo, la historia avala las ejecuciones si la Seguridad Nacional lo ordena, retomando solamente los años sesenta con más de 600.000 muertos ocasionados en Vietnam y finalizando este 2012 con una suma superior a medio millón de personas en Medio Oriente. Ello explica que de un hecho aislado y no vinculado al terrorismo como se ha dicho reiteradamente por los organismos autorizados, se realizan medidas extremas como cerrar el Capitolio de los Estados Unidos (edificio en el cual están cobijadas las dos cámaras del Congreso), por una conductora desarmada cuya madre expuso que sufría depresión post parto y no tenía ningún historial de violencia. Los niveles de miedo son inmensos e incongruentes llevando a un estrés colectivo para justificar la represión. En un país que teme ahora una guerra civil debido a los bajos niveles de confianza en las autoridades, las guerras inconclusas existentes y la inseguridad de un presupuesto aún incierto (más el llamado del líder del Ku Klux Klan y el paro programado por los camioneros), las medidas de emergencia se están preparando. Idear otra guerra internacional para resolver la crisis económica interna sería un suicidio autoanunciado.

Abusar de la ciudadanía no puede ser la política oficial de un estado pues ello lo conduce a ser un órgano policial que controla de modo cohercitivo, fundamentado en un hecho incierto aunque posible debido a su propio comportamiento agresivo: que el olvido de este asesinato no sea la suerte de un ser humano más, acribillado por un sistema que transforma a la especie humana en una vil envoltura de carne y hueso convertible en moneda de baja ley.

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