Opinión

¿Basado en hechos reales? 2020, el año en que la pandemia, elecciones y crisis no dejaron lugar a la ficción

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Contar historias reales puede ser un arte.

Y el año que comienza a irse desafía a todo tipo de autores. ¿Cómo relatar lo que nos pasó? Las y los periodistas lo intentamos a diario, incitados por la urgencia. Pero también hay otros esfuerzos que requieren más tiempo, reflexión y paciencia. Que demandan profundidad y calidad narrativa.

América Latina sabe mucho al respecto. Con el argentino Rodolfo Walsh y su "Operación Masacre" como emblema, alberga una añeja tradición de cronistas que combinan las mejores herramientas del periodismo y la literatura para construir un género que nos permite contarnos a nosotros mismos con detalle, a través de la ironía, la lucidez, la autocrítica, el análisis. Que nos ayuda a entendernos, a conocernos.

Gracias a grandes crónicas publicadas en diferentes formatos en toda la región, pudimos leer, ver o escuchar sobre el impacto de la pandemia, los muertos de Covid tirados en las calles de Guayaquil, las interminables barbaridades de Jair Bolsonaro; la crisis forense en México y la búsqueda de sus decenas de miles de desaparecidos; la incesante batalla de los feminismos en pos de sus (nuestros) derechos o la creatividad de los movimientos sociales que, obligados por las cuarentenas, trasladaron temporalmente su activismo de las calles a las redes sociales.

Cecilia González, periodista y escritora
Cecilia González, periodista y escritora
El desasosiego generalizado en los primeros meses de la pandemia les impidió a muchas personas la concentración necesaria para sumergirse en el bálsamo de la ficción. Cuentos y novelas fueron desplazados por la avidez de noticias en un mundo que cada vez parecía más irreal

Las historias son interminables. Oscilan de la esperanza que generan las muestras de solidaridad entre vecinos en medio de la emergencia sanitaria, a la incertidumbre por el impacto económico. Sí, en un trágico retroceso, América Latina será más pobre y más inequitativa. De la tensión por la violencia narco en México y Colombia, y las permanentes represiones policiales que no distinguen ideologías ni fronteras, a la expectativa por los cambios en las políticas de drogas, con Uruguay en la avanzada gracias a la legalización de la marihuana.   

La información no nos da respiro. Tanto, que el desasosiego generalizado en los primeros meses de la pandemia les impidió a muchas personas la concentración necesaria para sumergirse en el bálsamo de la ficción. Cuentos y novelas fueron desplazados por la avidez de noticias en un mundo que cada vez parecía más irreal.

Un festival

Hace cuatro años, unas amigas nos juntamos para crear el Festival Basado en Hechos Reales en Argentina. Luciana Mantero, Ana Prieto, Victoria Rodríguez Lacrouts y yo nos propusimos promover la no ficción, las historias reales bien contadas ya fuera a través de la palabra impresa o hablada, en imágenes o en el formato audiovisual, teatral o performático.

Desde entonces, alrededor de siete mil personas participaron en los talleres, mesas, muestras y proyecciones que realizamos en el Centro Cultural Kirchner. En el concurso anual del Premio Leamos de Crónica Breve se presentaron más de 800 crónicas que demostraron el excelente estado del género. 

También transmitimos videoentrevistas exclusivas con figuras como Gay Talese, Elena Poniatowska y Javier Cercas. Estrenamos en América Latina dos documentales sobre la Premio Nobel Svetlana Alexiévich y tuvimos 186 invitados nacionales y 22 internacionales, entre ellos  Christina Lamb (Gran Bretaña), Staffan Julén (Suecia), Domenico Quirico (Italia), Gabriela Wiener (Perú), Marcela Turati (México), Maye Primera (Venezuela), Carlos Manuel Álvarez (Cuba) y Camila Segura (Colombia).

En las mesas y talleres hablamos sobre el periodismo policial, de viajes, deportivo, científico y de diversidad sexual; el reto de contar a otros, el uso (y abuso) de la primera persona; la fiebre por los podcast, las series y los documentales; los proyectos periodísticos autogestivos e innovadores de la región; el trabajo de las corresponsalías extranjeras, la revolución feminista, la cobertura de víctimas, la posverdad y la polarización política, entre muchos otros. Porque los enfoques de la no ficción son interminables.

Pero en 2020, el Festival adquirió más sentido que nunca

La pandemia fue el fenómeno real más inesperado, el que trastocó por completo a la humanidad. Nos encontramos, de pronto, con fronteras cerradas, cuarentenas, estupor de los gobiernos y de los ciudadanos, contradicciones y competencias para desarrollar y comprar la vacuna. Todo junto ha sido demasiado.

Cecilia González, periodista y escritora
Cecilia González, periodista y escritora
La pandemia fue el fenómeno real más inesperado, el que trastocó por completo a la humanidad (...) Y peor, se multiplicaron y fortalecieron las teorías conspirativas que se propagan con fuerza y que, a veces, parece imposible combatir.

Para peor, se multiplicaron y fortalecieron las teorías conspirativas que se propagan con fuerza y que, a veces, parece imposible combatir. Miles de personas que partían de la derecha y avanzaban hacia la ultraderecha marcharon en las principales ciudades del mundo con premisas comunes: el coronavirus no existe (y si existe, se cura con dióxido de cloro), las cuarentenas y el tapabocas son imposiciones antidemocráticas que atentan contra las libertades individuales, las vacunas no sirven/son dañinas; los multimillonarios George Soros y Bill Gates y el gobierno chino provocaron la pandemia para enfermar a la población y controlar al mundo a través de la tecnología 5G. La meta final: imponer el comunismo.

Aquí sí que la verdad parece no importar en absoluto.

Intensidad

De a poco, la agenda 2020 se modificó ante el agotamiento del mundo pandémico. El monopolio temático se desdibujó y dio paso a otros sucesos que acarrearon sus propias sorpresas.

El triunfo contundente del Movimiento al Socialismo en las presidenciales de Bolivia permitió que ese país recuperara la democracia. Resultó que el pueblo boliviano no estaba harto del MAS, como había insistido durante un año gran parte de la prensa tradicional, local y extranjera, que milita sus propias falacias. A veces, en la confusión de deseos con realidad, incluso se las cree.

En Chile, casi el 80 % de las y los ciudadanos decidió a través de un postergado plebiscito que quiere una nueva Constitución, ya no la heredada por la dictadura de Augusto Pinochet. Llevará casi dos años ponerla en marcha, pero el cambio impulsado por esos jóvenes y adolescentes que en octubre de 2018 iniciaron un estallido social que puso en jaque al gobierno de Sebastián Piñera ya es irreversible.

Algo similar pasa ahora en Perú, con un sector de la juventud que se rebeló y que, después de la anómala destitución de Martín Vizcarra y el desfile de tres presidentes en una semana, siguen protagonizando movilizaciones en pos de una nueva Constitución que sustituya a la que les dejó Alberto Fujimori, violador serial de derechos humanos. Y en Guatemala, con el hartazgo de gran parte de la población ante un sistema corrupto y cuasi feudal que mantiene al país inmerso en una miseria más palpable aun después de los huracanes. La quema del Congreso mutó en un impensado símbolo, un grito de: ¡basta!

Más esperado es el berrinche que sostiene Donald Trump después de haber perdido la reelección en Estados Unidos. Esta vez, como nunca antes, quedaron al descubierto las falencias de un sistema que solía ser puesto como ejemplo para el resto del mundo y que, en realidad, está cada vez más cuestionado por múltiples sectores de la sociedad estadounidense que advierten que es una democracia fallida y apuestan por repararla.

Como si no fuera suficiente, la semana pasada murió Diego Armando Maradona, el mejor jugador de la historia argentina, quizá el último personaje real convertido en un fenómeno global. Los interminables homenajes que siguen recorriendo el planeta así lo demuestran. 

En medio de esta agitada cotidianidad que no deja de asombrarnos, el 4 y 5 de diciembre realizaremos el cuarto Festival Basado en Hechos Reales, por primera vez de manera virtual a través de nuestro canal de YouTube, y con la participación de personalidades como Juan Villoro (México), Susan Orlean (Estados Unidos), Emir Kusturica (Serbia), Iván Jablonka (Francia), Martín Caparrós y Mariana Enriquez (Argentina), entre más de 30 invitados. 

La intención sigue siendo la misma: leer, mirar, pensar y experimentar las distintas formas de la no ficción. Y sobre todo, revalorar las historias reales. Material, como vemos a diario, hay de sobra.

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