Opinión

Decálogo para sobrevivir en los tiempos del trap

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Una vez leí a un compañero escritor, Miqui Otero, algo así como que había que tener mucha temeridad para después de Carver, Yourcenar y Casavella declarar compartir la misma profesión que los citados. Creo que el sentido se entiende: se puede escribir, incluso lograr una cierta repercusión con lo escrito, pero da mucho reparo colocarse a la altura de determinadas personas que se pusieron delante del folio en blanco. Concuerdo absolutamente con la idea.

Por otro lado, los dos nombres de escritores y el tercero de escritora que he elegido no corresponden a la cita que leí originalmente; creo. Podría haberme tomado la molestia de usar los operadores booleanos y haber extraído justo el pasaje concreto que atribuyo al escritor barcelonés. De hecho lo mismo ni es suyo, pero para lo que queremos contar nos vale.

Los escritores que usurpamos alguna de las facetas del periodismo, sobre todo la opinión, a veces incluso la crónica, nos tomamos más en serio el objetivo que el camino. Eso no significa que mintamos, que adulteremos los hechos, que adaptemos la realidad a nuestras necesidades: simplemente pasamos por alto determinadas reglas para los personajes secundarios. Pregunten a Talese.

La cita que pongo en boca de Otero, sea o no suya, es secundaria porque no pretendo desarrollar un texto en torno a ella, sino a partir de ella, de la misma forma que casi nadie se acuerda del señor que dio el pistoletazo de salida en el maratón cuando el extenuado corredor ha entrado en la meta.

Este artículo es una de esas licencias que los escritores colamos en la prensa, como algunos bibliotecarios cuelan libros no pedidos en su fondo o un escaso número de cajeras de supermercado se atreven a, de vez en cuando, perdonar un artículo de poca importancia a la vecina que saben que va a tener dificultades para pagar su compra.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
Daniel Bernabé, escritor y periodista.
"No busquen recetas económicas o maneras de gobernabilidad. Sólo encontrarán un decálogo –absolutamente arbitrario y personal– que les puede valer como paracaídas. Como recordatorio, en Madrid, Quito o Buenos Aires, de que aún merece la pena seguir pensando cómo lograr una vida, si no más justa, al menos situada en un camino donde la dignidad es la brújula que marca el objetivo".

De hecho el motivo de este artículo es completamente personal, una especie de reivindicación propia frente a esa persona que pone todo patas arriba, posiblemente sin desearlo, como un huracán no previsto por los servicios meteorológicos.

Duele, de una extraña manera, que los pocos que quedamos defendiendo esa idea que surgió en la Asamblea Nacional francesa en 1789, situada en el camino de los Lameth, Mirabeau y Barnave (a veces incluso Robespierre), seamos acusados de pesimistas irredentos. Habitualmente además con razón.

La izquierda es, más a menudo de lo que piensa y desea, un compendio de crítica a la que le cuesta dar horizontes alternativos al modelo que pone en la mira. Personalmente creo que suele tener razón, pero que también acaba convirtiéndose en una especie de nube negra que se conforma con resaltar los debes de sus adversarios sin poner en la palestra sus alternativas.

Por eso este artículo pretende ser una manera de reivindicar las ideas de izquierda sin hablar en absoluto de política concreta. No busquen recetas económicas o maneras de gobernabilidad. Sólo encontrarán un decálogo –absolutamente arbitrario y personal– que les puede valer como paracaídas. Como recordatorio, en Madrid, Quito o Buenos Aires, de que aún merece la pena seguir pensando cómo lograr una vida, si no más justa, al menos situada en un camino donde la dignidad es la brújula que marca el objetivo. No sean duros con las ausencias. Disfruten las presencias. Además me ayudarán, cuando lean y compartan, a no quedar delante de esa persona como un cenizo permanente.

1. La sonrisa de Anthony Quinn en Zorba el griego

El cine es en nuestro momento un pasatiempo que ya ni requiere una sala específica para su proyección. Pero, dejando un momento al margen la tragedia tecnológica, ese engaño a 24 fotogramas por segundo nos dejó en el siglo XX todo un catálogo de cómo enfrentarse a la vida, incluso en su momento de mayor adversidad.

Zorba es una novela de Nikos Kazantzakis publicada en 1946, justo un año después de terminar la Segunda Guerra Mundial, en un país donde se siguieron utilizando las armas entre los antifascistas y los colaboracionistas convertidos por los aliados británicos en patriotas razonables.

Unos años más tarde, en 1964, la historia se llevó al cine tomando el papel principal Anthony Quinn, ese actor mexicano que encarnó en el cine anglosajón a todas las etnias y nacionalidades de "piel oscura".

Sin desvelar mayores elementos de la historia, el Zorba encarnado por Quinn cuenta con la sonrisa más poderosa que se ha visto nunca en una pantalla de cine. Algo en lo que se puede creer. Algo en lo que puede creer cualquier persona independientemente de dónde haya nacido.

Zorba debe mucho a su pueblo, tanto como deben aquellos que no supieron o no pudieron ser lo que se esperaba de ellos. Pero que incluso así enfrentan lo que les queda de vida con ese sol mediterráneo reflejado en los dientes, en los ojos, en los brazos. Con esa Europa que incluía el norte de África y que se expresaba en la lengua franca, un invento de marineros para poder entenderse en los puertos de Barcelona, Trípoli o Marsella.

Se llama civilización. Una que los banqueros alemanes ni entienden ni están dispuestos a respetar.

2. El whisky como bebida semi-mágica

Hay muchas bebidas alcohólicas, pero las que tomaron su nombre del gaélico merecen ser respetadas por encima del resto.

Aquí no vamos a hacer bromas con simpáticos borrachines que cantan Danny Boy con la nariz colorada. El alcoholismo es un tema muy serio que no debería tratarse nunca a la ligera.

Sí, por contra, vamos a reivindicar el hedonismo como una de las principales manifestaciones de humanidad. Hay muchas cosas que fabricamos que no nos harían ninguna falta para cubrir las necesidades básicas de la vida, pero en las que, como especie, hemos desarrollado una habilidad casi mágica.

El whisky es una de ellas.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
Daniel Bernabé, escritor y periodista.
"Ser de izquierdas no es negar el placer, es procurar que cualquier persona tenga posibilidad de disfrutarlo".

Es toda una experiencia probar un islay que tiene aroma a mar, a costa, a viento que levanta las olas –no es ninguna metáfora– pero que cuando se bebe deja primero un sabor a turba y carbón y madera. Para al tragarse pasar a la vainilla en el gusto y al ahumado en el olfato.

Si recapitulamos la pregunta se hace esencial, ¿cómo diablos han conseguido meter todo eso en el líquido de color ámbar? No nos importa tanto como saber que el ser humano es capaz del barroquismo más sofisticado para contentar al gusto y al olfato.

Por cierto, ser de izquierdas no es negar el placer, es procurar que cualquier persona tenga posibilidad de disfrutarlo.

3. Los grabados de Goya

Francisco de Goya y Lucientes es el único pintor que está expuesto, a la vez, en el Museo del Prado y el Museo Reina Sofía, es decir, en un museo de arte clásico y en uno de arte contemporáneo.

Sus virtudes son varias, pero creo que es interesante destacar la capacidad de aprovecharse del statu quo del final del Imperio Español para poder criticar la sociedad que existía en lo que hoy se conoce como España.

Si sus cuadros hicieron un viaje de la pintura de cámara al tenebrismo más sórdido, sus grabados fueron como una revista crítica saltando del siglo XVIII al siglo XIX, añorando una ilustración ibérica con déficit de vitaminas a un Estado que se derrumbaba entre la traición de su corona y la servidumbre de sus súbditos.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
Daniel Bernabé, escritor y periodista.
"Goya es un imprescindible porque 200 años después sus grabados valen para contar en qué consiste el gobierno de Macri y Bolsonaro. Es lo que tiene bucear en las profundidades de lo más negro del alma humana, que te hace eterno".

Goya se jugó el tipo criticando a la Iglesia en un tiempo en el que aún existía la inquisición, pero no se dejó arrebatar por un paternalismo blando. Los desposeídos reciben su merecido en muchos de sus grabados, no como venganza, sino como descripción de una sociedad que unos pocos veían como posibilidad cuando su mayoría apostaba por celebrar las cadenas.

Goya es un imprescindible porque 200 años después sus grabados valen para contar en qué consiste el gobierno de Macri y Bolsonaro. Es lo que tiene bucear en las profundidades de lo más negro del alma humana, que te hace eterno.

4. Las Maggioratas

Aunque el término está felizmente en desuso, hubo un momento en la posguerra italiana que definió a las actrices que protagonizaban muchas de las películas que se rodaban en Cinnecittà. La maggiorata, en principio, era la actriz cuya fisonomía representaba a una mujer con curvas, que es la forma metafórica de decir que tenía grandes pechos y amplias caderas. Algo así como las cantantes de trap y reguetón pero sin vocoder.

¿Por qué celebrar algo que en principio parece que cosifica a la mujer y la reduce a un ideal estético, erótico, para el hombre?

Porque aun siendo cierta la acusación, a veces los resultados de una idea distan mucho de la intención original de quien la pensó.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
Daniel Bernabé, escritor y periodista.
"Sophia Loren, Gina Lollobrigida, Claudia Cardinale o Magali Noël eran mujeres con personalidad propia, al margen de los estándares de Hollywood, con papeles que encarnaban habitualmente a la proletaria que sufría su condición de clase pero a la vez el anonimato por ser mujer y que, sin género de dudas, representó de nuevo una idea mediterránea condenada al ostracismo por el eje atlantista".

Sophia Loren, Gina Lollobrigida, Claudia Cardinale o Magali Noël han podido pasar a la historia de los ojos menos atentos como esas actrices que animaron el alma masculina decaída de un país, incluso un continente, reducido a ruinas. Pero si se mira más atentamente se encuentra a unas mujeres con personalidad propia, al margen de los estándares de Hollywood, con papeles que encarnaban habitualmente a la proletaria que sufría su condición de clase pero a la vez el anonimato por ser mujer y que, sin género de dudas, representó de nuevo una idea mediterránea condenada al ostracismo por el eje atlantista.

Estas mujeres fueron, y son, una celebración de esa cotidianidad que en nuestra época ya no aparece en ningún fotograma. Aquel heroísmo de delantal, gestos agitados y rimmel sin reparos. Aquel heroísmo que mantenía el fuego del hogar para que funcionara el fuego de la fábrica. Aquel heroísmo que la derecha detestaba y la izquierda minusvaloraba.

5. This time tomorrow de los Kinks

La música es esa disciplina que nos hace elevarnos como aves aun careciendo de alas. Es, por otro lado, un atrevimiento quedarse ya no sólo con la canción de un grupo tan minusvalorado como gigante, sino elegirla como representante de todo eso conocido como música popular.

This time tomorrow tampoco cuenta nada más especial que la extraña sensación de unos chavales ingleses que, sin pensárselo demasiado, acaban sobrevolando medio mundo en una gira. Algo así como que el lugar donde se despega y donde se aterriza importa poco cuando te acostumbras a ver el mundo a modo de maqueta.

La cuestión es que, por esa magia que se consigue con tres notas en un ritmo determinado, es una maravilla estética que recoge un sentimiento universal: ese qué será de nosotros pasado mañana.

Escuchando esta canción uno se siente menos solo por ese brillo único y a la vez completamente prescindible para el universo, por sentir una importancia en cada poro de la piel cuando suenan los primeros acordes.

Somos una especie animal de individuos especialmente únicos y a la vez enormemente parecidos. Saquen sus conclusiones.

6. Rodolfo Walsh

El periodismo es el arte de contar aquello que sucede sin importar las consecuencias para el que escribe, sólo atendiendo a la honradez de lo que está por encima de lo que el poder necesitaría que fuera.

El periodismo hoy en día habla de datos masivos, gráficas en tiempo real e infografías interactivas como penitencia a lo que sabe que adolece: valentía y humildad.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
Daniel Bernabé, escritor y periodista.
"Siempre hay posibilidades de salvación para el que contemporiza, nunca para el que se toma su profesión como un último gesto con la civilización en un país, Argentina, que cae en la barbarie. No ha sido el único ni lo será, tanto periodista como país en época de incertidumbre, que se enfrentan en un baile donde el perdedor rememora la principal característica del héroe: afrontar su destino pese a saberlo adverso".

Escribir es una de las primeras manifestaciones de las sociedades que se levantan en el Creciente Fértil. Escribir puede ser tarea de contables, arquitectos, juristas o, precisamente, escritores, esos cuentistas que sitúan las inquietudes humanas como el barro primordial que nos mueve como especie y que, a la vez, era el material primigenio donde el estilete dejaba sus marcas.

Sin embargo hay que recurrir a un periodista para reclamar cuál es el compromiso con la verdad y, más allá, la dignidad humana. Siempre hay posibilidades de salvación para el que contemporiza, nunca para el que se toma su profesión como un último gesto con la civilización en un país, Argentina, que cae en la barbarie. No ha sido el único ni lo será, tanto periodista como país en época de incertidumbre, que se enfrentan en un baile donde el perdedor rememora la principal característica del héroe: afrontar su destino pese a saberlo adverso.

7. El disco de oro de la Voyager

Entre agosto y septiembre de 1977, la Nasa lanzó al espacio dos sondas llamadas Voyager. A día de hoy son los objetos creados por el ser humano que están más lejos del planeta Tierra.

Además de todo el instrumental científico que transportaban, el cual nos proporcionó las primeras imágenes reales de algunos de nuestros compañeros en el Sistema Solar, ambos ingenios transportaban un disco de oro.

Ese disco contenía la grabación de lo que se entendió, por un comité presidido por Carl Sagan, como una representación de la cultura humana y más allá de la naturaleza de nuestro planeta.

La grabación incluye saludos en 56 idiomas, además de los sonidos del corazón, la tormenta, el aullido de un lobo o el crepitar de un volcán. El mensaje que cierra esta representación está grabado en esperanto y viene a decir algo como: "Nos esforzamos por vivir en paz con los pueblos de todo el mundo, de todo el cosmos".

Sabemos que es mentira, pero a la vez sabemos que sería la aspiración de la mayoría de seres humanos. Esos que no tienen propiedades, esos que suelen sufrir la mezquindad miserable de la minoría que acapara todo.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
Daniel Bernabé, escritor y periodista.
"Es altamente improbable que ninguna civilización encuentre las Voyager y escuche su disco de oro. Es mucho más probable que si eso sucede nos hayamos extinguido como especie por insistir en un sistema económico, el capitalismo, incompatible con la vida".

La Nasa, a pesar de ser uno de los arietes de la Guerra Fría, siempre tuvo un espíritu ilustrado que entendía que sus conquistas representaban a algo más que la bandera de las barras y las estrellas.

Es altamente improbable que ninguna civilización encuentre las Voyager y escuche su disco de oro. Es mucho más probable que si eso sucede nos hayamos extinguido como especie por insistir en un sistema económico, el capitalismo, incompatible con la vida.

8. Gatos

No estamos solos en nuestro planeta. De hecho lo compartimos con multitud de especies que nos empeñamos en extinguir. Las más afortunadas han dejado de ser salvajes pero no se han convertido en comida. Nos sirven y nos acompañan desde hace varios miles de años. El perro desde hace 30.000, el gato desde un tercio de esa cifra. Y eso deja huella.

El gato no es un animal doméstico aunque finja comportarse como tal. Es un pequeño depredador que ha llegado a un acuerdo ventajoso con nosotros. Un día andaba cazando ratones en los silos de grano de Mesopotamia y, al día siguiente, andaba ronroneando en un piso de Moscú, La Habana o Nueva York.

El término mascota tiene su origen en un vocablo que expresa la buena suerte. Los gatos, hasta hace bien poco, eran el acompañamiento de abuelas, brujas y estibadores en horas bajas. La coincidencia de un Internet con capacidad para reproducir vídeos y unas cámaras de serie en cada móvil han convertido a los gatos en uno de los personajes del siglo XXI.

Nos fascinan porque nos detestan como una molestia soportable, o al menos nos toleran habiéndose ganado nuestra confianza.

Y eso tiene mucho mérito para tratar de entablar algo parecido a la amistad con el mayor depredador global. Un mono un poco más listo que un día está afilando un hacha de sílex y al siguiente está tratando con HAL 9000.

9. El Baile

Bailar puede parecer un entretenimiento superficial o en el mejor de los casos, si hablamos de ballet, una de las bellas artes que desarrollamos para codificar con extrema precisión lo que consideramos como belleza.

Pero en términos más coloquiales, el baile es una actividad que, seguramente, sea la más practicada por el ser humano tras la realización de sus actividades fisiológicas. De hecho tiene bastante que ver como facilitador social de una de las principales: el sexo.

El baile es un sucedáneo de cópula pautada y socialmente tolerable en público. Esto era difícil de ver cuando lo que se llevaba era el minué, pero bastante sencillo de entender cuando lo que se desarrolla en la pista es el perreo.

Curiosamente el baile en el siglo XX fue una revolución de significancia mucho más importante de lo que pensamos. Fue el acompañamiento del concepto de juventud, un término que parece tan indolente como superficial, pero que sirvió tanto para fijar a los Beatles como a Adolf Hitler.

Cultivamos, construimos puentes, navegamos e incluso hemos viajado a la Luna. Pero Tony Manero se merece un hueco en este decálogo porque es un chaval de clase trabajadora que protagoniza una epopeya setentera cuando deja a un lado su personalidad como dependiente de una tienda de pintura y se convierte en una bomba que desafía cualquier convención.

En torno a 1977, un tipo llamado Tony Manero, de un barrio intrascendente de Nueva York, tuvo más influencia mundial que todos los economistas del FMI juntos. Y todo por hacer algo tan sencillo como bailar. Manero, encarnado en la piel de John Travolta, era una bomba de relojería porque juntaba la vida cotidiana y la necesidad de codificar el hedonismo.

Cortar la cabeza a Luis XVI o derrocar al Zar fueron acontecimientos que sirvieron de DeLorean para las sociedades de la época. Poder brillar el sábado por la noche, escapar del destino pautado, podría haber sido el aldabonazo definitivo para una época que dejaba atrás a Nixon para darse de bruces con Reagan.

La cosa salió de otra manera y en menos de diez años los protagonistas del cine popular eran tipos con tirantes jugueteando en Wall Street con el destino del mundo. Hasta arriba de coca.

10. Amor

El amor se ha convertido en el chivo expiatorio del progresismo posmoderno del siglo XXI. Como las opciones políticas progresistas no saben qué hacer con el sistema económico han decidido que es mejor ponerse a deconstruir sus manifestaciones culturales. Si en el siglo XX el sujeto revolucionario era el obrero, en nuestra época es una especie de mermelada inexacta protagonizada, semanalmente, por un colectivo cada vez más específico e inasible. A más especialización del producto "opresión" mayor éxito en el mercado de la diversidad.

Parece totalmente cierto que el amor, como cualquier codificación cultural, ha servido en los últimos siglos como ariete contra la libertad de la mujer. Se mandaba a las chicas en 1942 a hacer tanques y se las volvía a meter en el hogar, como hembras de cría con aspecto robótico, en la portada de House & Garden de 1952. De poner remaches a hornear galletas.

Lo cual no significa que en nuestro momento, lo que antaño fue una rebelión ante el machismo de orden capitalista se haya convertido en un aliciente más del neoliberalismo. Mediante la súper-woman de los ochenta se transformó un proceso de empoderamiento contrario al sistema económico en uno de sus principales baluartes.

La familia, como núcleo de solidaridad y resistencia y, más allá, como unidad primaria de adscripción en los barrios, ha pasado a ser percibida como un impedimento a esa fantasía de horizonte llamada carrera profesional.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.
Daniel Bernabé, escritor y periodista.
"El amor ha sido utilizado como el carbón o el vapor, lo cual, al igual que estas energías primarias, no niega su existencia. El amor es toda la ternura que les resta a los que no tienen nada para poseer todo".

Muchas mujeres se dejaron su vida, metafórica y literalmente, en la creación de una familia. Ahora les pasa algo parecido pero tomando como centro de su vida el empleo. Si antes estaban condenadas a ser proletarias del hogar sin sueldo, ahora han dejado esas cadenas para tomar con entusiasmo las que ponen como objetivo un techo de cristal que sólo se rompe en función de los ceros que tiene la cuenta del banco.

Para los hombres el papel es paradójicamente insostenible. La mayoría andan desconcertados tratando de adaptarse a un escenario para el que nadie les preparó. O todavía peor, para uno en el que Meg Ryan sería su mujer –como su coche o su revés de squash– y donde han quedado reducidos a un sostén familiar imposible en el mar de la precariedad.

El caso es que vivimos en sociedades que celebran determinadas uniones para las que ya no hay unos cimientos económicos reales. No se engañen, entre la lencería fabricada en serie en Bangladesh y el coito de sábado por la noche después de la botellita de lambrusco, lo único que existe son los espacios vacíos que el capitalismo deja para la reproducción de la fuerza de trabajo.

Está feo decirlo, pero el mundo funciona así.

Lo cual no implica que más allá de las posibilidades materiales, más allá del cinismo como agente naranja de las relaciones, exista algo incodificable llamado amor.

Llevamos veintitantos siglos intentando encontrar una pauta a través de la literatura, ansiando encontrar una manera de que eso que da la vuelta al estómago salga bien.

Creo que hemos fracasado en el intento.

Pero también creo que la gente se sigue queriendo, al margen de los índices bursátiles, el trap y los misiles nucleares.

La gente se sigue queriendo como una forma sencilla y a la vez terriblemente sofisticada de demostrar su humanidad. Espoleados por esa certeza incodificable que nos hace pensar la sonrisa del otro como efecto de nuestra existencia. Que nos hace celebrar sus victorias como propias y llorar sus derrotas en la misma magnitud. Que nos hace conmovernos por un simple parpadeo, o una ligera caricia, o una mirada cómplice.

El amor ha sido utilizado como el carbón o el vapor, lo cual, al igual que estas energías primarias, no niega su existencia. El amor es toda la ternura que les resta a los que no tienen nada para poseer todo.

Por eso este decálogo, caprichoso, inconsistente y arbitrario acaba aquí. Porque no se me ocurre una forma más digna de cerrar algo que pretende dar esperanza, una brújula en tiempos de incertidumbre, una reivindicación de la humanidad en la época del silicio.

Quieran a quien tienen al lado. A quien se lo merezca. A quien sienta su piel como propia. Probablemente sea la única forma que encuentren, hoy, de ser seres humanos completos.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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