Opinión

Donald Trump incendia Irán (y Oriente Medio) en año electoral

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El pasado viernes 3 de enero Donald Trump —y Estados Unidos— asestó un severo golpe a los derechos humanos, el derecho internacional y la estabilidad mundial cuando juzgó, condenó y ejecutó al general iraní Qassem Soleimani. Fue por la noche cuando se ejecutó la condena a muerte firmada por Donald Trump: un dron MQ-9 Reaper —veinte metros de envergadura y once metros de largo— bombardeó con misiles el convoy iraní que abandonaba el aeropuerto de Bagdad. Los vehículos quedaron convertidos en un amasijo ardiente y los cuerpos resultaron despedazados. En total, fueron asesinadas nueve personas.

Estados Unidos asumió con presteza la autoría del crimen y lo justificó en futuribles acciones no ocurridas: el general Soleimani estaba preparando atentados contra diplomáticos norteamericanos. Minority report. Además, el fallecimiento de un contratista el pasado 27 de diciembre en Bagdad o la muerte de cientos de estadounidenses y miembros de la coalición —sin especificar— fue usado como argumento para sostener el ataque. Mike Pompeo aseveró que "tenía en sus manos la sangre de cientos de vidas estadounidenses".

El general Qassem Soleimani era, con gran probabilidad, el segundo hombre más poderoso de Irán. Como comandante de la fuerza de élite Al Quds de la Guardia Revolucionaria iraní se encargaba de las operaciones militares iraníes en el exterior, de ahí su presencia en Irak.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
Resulta innegable que el asesinato del general Soleimani es el primer acto de precampaña de 2020, año electoral en EE.UU. La cuestión no es menor, basta recordar que las dos guerras de Irak se produjeron en el año anterior a las elecciones generales

Tras el crimen, Estados Unidos anunció el envío de 3.500 militares a Irak, los cuales se unirán a los 5.200 soldados destinados de forma permanente y los 750 que preventivamente habían enviado en los últimos días. Casi duplicará su presencia en la zona. Movimiento militar de no pequeña consideración en el tablero regional.

La respuesta iraní: dos bases militares norteamericanas atacadas en Irak

Como respuesta, Irán atacó esta madrugada —entre la 1:45 y las 2:45 hora local— con 22 misiles balísticos —15 según los medios iraníes— dos bases militares norteamericanas en Irak, en el centro —Ain Al Asad— y el norte —Erbil— del país. El ataque se cerró sin víctimas mortales debido, sobre todo, a que los propios iraníes avisaron oficialmente a las autoridades iraquíes de los ataques y que estos se limitarían a zonas en las que estuvieran presentes militares norteamericanos.

Además, Hasán Rohaní, presidente de Irán, aseveró que se producirían más ataques, pues estos no constituían una venganza suficiente y el objetivo último no puede ser otro que expulsar a Estados Unidos de la región. Declaraciones que, unidas a las de muchas otras autoridades iraníes, deben ser analizadas en el contexto de la elevada tensión regional existente.

Por si no fuera suficiente, sobre el convulsionado escenario sobrevuela el —hasta el momento— accidente aéreo del Boeing 737 ucraniano en el que fallecieron 176 personas nada más despegar de Teherán. Las autoridades iraníes apuntan a un incendio antes del siniestro, pero no se descarta ninguna teoría.

El primer acto de la precampaña

Hay pocas certezas sobre lo que ocurrirá en el futuro, sobre todo, porque el escenario es actualmente endiablado y porque Donald Trump es completamente imprevisible, pero resulta innegable que el asesinato del general Soleimani es el primer acto de precampaña de 2020, año electoral en Estados Unidos. La cuestión no es menor, basta recordar que las dos guerras de Irak se produjeron en el año anterior a las elecciones generales —la primera en el comienzo de 1991 cuando las elecciones eran en 1992 y la segunda en marzo de 2003 cuando las elecciones eran en 2004—.

De hecho, diferentes medios occidentales afirman que Soleimani fue un objetivo tanto de George W. Bush como de Barack Obama, pero ambos declinaron asesinarlo por miedo a que ello pudiera provocar una guerra con Irán. Cuando Donald Trump ordenó su asesinato, por tanto, fue plenamente consciente del riesgo que suponía la ejecución. Ejecución que, además, se añade a una lista interminable de provocaciones desde que decidiera levantarse del acuerdo nuclear firmado en 2015 con Irán, lo que provocó una escalada de sanciones y tensión.

La belicosa actitud del máximo dirigente norteamericano con Irán —no solo en en este caso, sino en los años que lleva al frente de la gestión de Estados Unidos— ha generado numerosas críticas en Occidente, incluidos los máximos mandatarios de Alemania y Francia en los años pasados. En esta ocasión, las críticas, aunque en ocasiones veladas, han sido multitudinarias —Reino Unido, Alemania, Francia, Rusia…—. La Unión Europea no solo ha llamado a la moderación, sino que vuelto a reseñar la importancia del acuerdo nuclear y la necesidad de retornar a la mesa de negociación.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
Las nuevas sanciones, aunque hayan sido catalogadas por medios occidentales como una respuesta menor, casi como un gesto magnánimo, suponen un aumento considerable de una presión que, a estas alturas, es casi ya insostenible.

Donald Trump —que ha informado puntualmente desde Twitter, como viene siendo habitual— ha vuelto a aumentar la tensión al implementar nuevas sanciones contra Irán tras la respuesta de los persas al asesinato del general Soleimani. Algo que, aunque haya sido catalogado por los medios occidentales como una respuesta menor, casi como un gesto magnánimo, lo cierto es que supone un aumento considerable de una presión que, a estas alturas, es casi ya insostenible.

Al borde de la guerra asimétrica

La irresponsabilidad del líder norteamericano no solo genera desconfianza en casi todo el planeta, incluidos sus tradicionales aliados, sino que también en Estados Unidos genera numerosos recelos. Tal es la situación que Nancy Pelosi calificó el atentado de desproporcionado y provocador, lo que, según su visión, habría puesto en peligro a diplomáticos y militares norteamericanos.

Debido a esta errática política exterior desarrollada por Trump, especialmente en el caso de Irán, los demócratas presentarán — por medio de Tim Kaine— una resolución en el Congreso para que cesen las acciones militares norteamericanas en treinta días con respecto a Irán, salvo que el Congreso se manifieste en sentido contrario. Se trata de un intento de controlar los poderes de guerra que la Constitución otorga al presidente de los EE.UU., unos poderes que jamás fueron concebidos para que fueran manejados por un desenfrenado tuitero.

La situación actual parece que no llegará, de momento, a mayores, pero en el caso de seguir aumentando la tensión ello podría desembocar en una guerra. La cual se caracterizaría a corto plazo por su asimetría y por el potencial iraní, que provocaría ataques de imprevisibles consecuencias en sus enemigos regionales más importantes —Arabia Saudí e Israel—.
Sin embargo, las consecuencias más importantes del conflicto, que quizás permitiera la reelección de Donald Trump, serían devastadoras en Oriente Próximo, una región que todavía no ha conseguido recuperarse de los daños causados por Estados Unidos en Irak, Afganistán y Siria —sin olvidar la creación del Estado Islámico—. Además, el conflicto bélico provocaría una mayor influencia de Rusia y Vladimir Putin en la región, que si ya a día de hoy se ha erigido en el actor geopolítico más relevante, tras un conflicto bélico provocado reiteradamente por Estados Unidos, quedarían como la única referencia fáctica y moral de la región. 

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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