Opinión

'Archivos de Twitter', el reflejo de las democracias occidentales

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Si usted vive en una democracia occidental, es muy probable que acuda a votar pensando que elige con total libertad a aquella persona que quiere que le represente. Además, sentirá que vive en un modelo de gobierno mejor que cualquier otro existente o, en todo caso, creerá con firmeza que se trata del menos malo. El problema es que, cada cierto tiempo, se produce algún escándalo, como en este caso el conocido como 'Archivos de Twitter', que demuestra que la realidad dista mucho de la ilusión.

Los 'Archivos de Twitter'

Los 'Archivos de Twitter' o 'The Twitter Files' es un caso nuevo, pero a la vez es un caso ya conocido. Al menos en parte. En octubre del año 2020, a escasas semanas de las elecciones de Estados Unidos, estalló un escándalo en el diario New York Post, cercano a Donald Trump, en el que se revelaban negocios de Hunter Biden en Ucrania durante la vicepresidencia de su padre en el mandato de Barack Obama (2008-2016). El escándalo quedó en nada, entre otras cuestiones, porque Facebook y Twitter dificultaron o impidieron su difusión hasta el punto de que Twitter llegó a suspender la cuenta del diario New York Post por no retirar el enlace del artículo.

Pero, tras la compra de Twitter por parte del multimillonario Elon Musk, dos periodistas independientes, Matt Taibbi y Bari Weiss, han tenido acceso a parte del material interno de Twitter. Lo revelado es, cuanto menos, inquietante. En los capítulos publicados de momento, las capturas de mensajes de ex altos mandos de Twitter revelan que censuraron esta información y, todavía más grave, que existe una 'censura en la sombra' o 'shadowbanning'. Es decir, una 'lista negra' de tendencias y personas a las que se les permite publicar tuits, pero sin que ellos lo sepan, sus mensajes son limitados de tal manera que no aparecen en las búsquedas, respuestas o las cronologías de los usuarios.

"Tenemos que comprender que no se trata de un escándalo aislado, pues no es la primera vez que una gran tecnológica influye en la opinión pública y lo hace, además, en un periodo y con una influencia electoral".

Tal es la magnitud de la 'censura en la sombra' que habría existido un equipo específico de personas dedicado a establecer estas listas negras secretas con las que limitar a determinados usuarios. Este equipo se denominaría Equipo de Respuesta Estratégica o Equipo de Escalamiento Global y habría podido limitar unos 200 casos al día.

La manipulación de las grandes redes sociales 

Es sencillo encontrar medios de comunicación que reducen el escándalo a una discusión legítima entre ejecutivos y lo hacen, claro está, con una cobertura escasa y marginal. Escasa, porque apenas se han publicado una o dos noticias por medio y marginal porque no se le ha dado el espacio que requiere una noticia de la magnitud de los 'Archivos de Twitter'. Por ejemplo, en España, el diario de referencia, El País, publica el escándalo en la sección Tecnología, lo que cualquier usuario puede comprobar con una simple búsqueda en Google. Se trata de 'censura en la sombra' de la 'censura en la sombra'. Es decir: oscuridad total.

Este tratamiento que muchos medios de comunicación occidentales están ofreciendo del escándalo debe contextualizarse —diarios como New York Times o Washington Post han ofrecido el mismo tratamiento—. Para empezar, tenemos que comprender que no se trata de un escándalo aislado, pues no es la primera vez que una gran tecnológica influye en la opinión pública y lo hace, además, en un periodo y con una influencia electoral. He ahí el escándalo de Cambridge Analytica que afectó de forma severa a Facebook, la gran red social mundial.

Sin embargo, la proliferación de noticias en medios occidentales sobre la influencia rusa en procesos electorales ha generado no solo una avalancha de informaciones, sino que también existe dentro de ellas una gran cantidad de fake news plagadas de exageraciones y falsedades. Porque, pregúntese, ¿qué puede generar más distorsión en una red social, un 'ejército de bots' o los algoritmos que puedan implementar los controladores de las redes sociales, como en los mencionados casos de Twitter y Facebook?

"Que casi medio millón de cuentas, que no serían cualquiera, claro está, hayan podido ser baneadas en la sombra implica dar un notable ventaja a unas ideas sobre otras, a unos mensajes sobre otros y a unos usuarios sobre otros". 

La respuesta es más que obvia, pero si tienen dudas: los equipos de baneadores en las sombras de Twitter trataron unos 200 casos al día, lo que al año suponen 73.000 casos. Imaginen el impacto de banear en la sombra, es decir, impedir o limitar la difusión de mensajes de 73.000 cuentas en solo un año. ¿Saben que desde 2016 esa cifra alcanzaría 438.000 cuentas? Que casi medio millón de cuentas, que no serían cualquiera, claro está, hayan podido ser baneadas en la sombra implica dar un notable ventaja a unas ideas sobre otras, a unos mensajes sobre otros y a unos usuarios sobre otros. Una acción de tal magnitud no puede considerarse menor, sino que supone una clara distorsión de la opinión pública real que impacta de forma decisiva en la opinión de millones de ciudadanos.

Para hacernos una idea, vamos a dar por supuesto que las informaciones occidentales sobre lo acontecido en el proceso electoral norteamericano son veraces y exactas. Así, según información de Twitter en el año 2020, existieron 50.258 bots rusos actuando en el proceso electoral de 2016, siendo un 80 % favorables a Donald Trump —¿un 20 % estaban estropeados?—. En general, todos los medios de comunicación, así como expertos o políticos, han considerado que ello pudo tener gran impacto en el resultado de las elecciones de 2016, aunque, según las cifras que se manejan, solo hubieran llegado a 1,4 millones de norteamericanos y en las mencionadas elecciones de 2016 votaron más de 125 millones de norteamericanos y Hillary Clinton consiguió casi tres millones de votos más que Donald Trump.

Es decir, Donald Trump no fue nombrado presidente por el número de votos, sino por la ubicación de estos. Por lo que, en realidad, para que los bots rusos hubieran podido tener influencia, no solo habría sido necesario que llegasen a muchos más millones de personas —1,4 millones solo es el 1,12 % de 125 millones—, sino que lo hicieran en el lugar en el que interesaba. Un poco imposible sí que es el asunto, se mire por donde se mire, salvo que esos 1,4 millones de personas hubieran estado ubicadas justo en los estados en los que se decidieron las elecciones. Para lo cual, el general de los bots rusos debió haber sabido, además, cuáles serían esos estados claves y cómo llegar a esas comunidades —las comunidades de Twitter trascienden lo geográfico—. 

Sin embargo, esos mismos medios, políticos y expertos que consideraron como una influencia terrible el ejército de bots rusos, ahora consideran que doscientos casos de censura en la sombra al día sobre cuentas que tienen muchos más seguidores que cualquier bot ruso y que cuentan con una trayectoria, sea cual sea, lo que supone solo en un año casi 75.000 casos y en seis años casi medio millón, sólo se trata de una discusión legítima de los directivos de Twitter. No sé, pero igual los datos no parecen sostener esta opinión.

La realidad de las democracias occidentales 

El discutible control de las redes sociales por parte de las grandes tecnológicas y su impacto en la ciudadanía solo es uno de tantos ejemplos que demuestran que las democracias occidentales no son lo que dicen ser. Esta misma semana se supo del espionaje del Gobierno griego a políticos, periodistas y militares. Un nuevo escándalo de espionaje que se une al reciente 'caso Pegasus', que demostró que en Europa habría afectado a España, Francia, Reino Unido, Finlandia, Polonia y Hungría, y a otros muchos anteriores que revelaron prácticas inapropiadas como la 'Operación Dunhammer', con la que Estados Unidos estuvo espiando el teléfono de Angela Merkel.

"El votante occidental elige en las urnas una de las opciones que existen, las cuales siempre están alineadas con las élites, por lo que termina eligiendo a personas que no defienden sus intereses. Y ello es posible gracias a los medios y a las 'censuras en la sombra'.

¿Y qué decir al respecto del arresto por corrupción, blanqueo de capitales y organización criminal hace escasos días de la vicepresidenta del Parlamento Europeo, Eva Kaili, y varias personas más en un caso en el que aparece de fondo Qatar? ¿Y de Josep Borrell y su multa por vender acciones con información privilegiada, la condena de Nicolas Sarkozy, las vergüenzas de Juan Carlos I…? El listado es interminable.

Con todo, lo peor es que los mencionados escándalos no suponen una gran novedad, sino más bien la confirmación de prácticas mafiosas continuadas en las élites de los países occidentales. Prácticas que, en ocasiones, incluso emplean entre ellos: recuerden las revelaciones de Edward Snowden en el año 2013, las realizadas por Julian Assange, los escándalos de espionaje en España durante los años 1990 —'Caso Manglano'—, la 'Policía Patriótica' del Partido Popular o el 'Caso Villarejo' y sus ramificaciones que afectan de forma muy especial al rey Juan Carlos y a prácticas ilegales y amorales practicadas por los servicios de inteligencia españoles... Como decía, el listado es interminable e introducir a la justicia de varios países europeos, como España, no sería muy complicado.

Por desgracia, el votante occidental cuando acude a las urnas lo hace para elegir una de las opciones que existen, las cuales siempre están alineadas con las élites, de una u otra manera, por lo que termina eligiendo a personas que no defienden sus intereses. Y ello es posible gracias a los medios de comunicación y a las 'censuras en la sombra' de Twitter, Facebook u otra gran tecnológica.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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