Opinión

¿Aislarse o reconducir? Cómo reaccionan los aliados de Trump en Latinoamérica ante el nuevo panorama de la victoria de Biden

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Los gobiernos de Brasil, Colombia y Chile perdieron su apuesta en las elecciones de EE.UU. porque sus operadores fueron enfáticos en el apoyo a Trump y hay signos de que no están cómodos con el resultado. Esta derrota en concreto es un indicio, quizá el más sonoro, de que los nuevos ciclos están volviendo, si no de izquierda al menos de centro. 

Ya lo han vivido antes. El auge del progresismo acorrala el libre desplazamiento de estos actores de derecha a escala internacional. En el pasado, se han sentido acechados ante el posicionamiento de líderes de izquierda como Lula, Chávez y Kirchner, por lo que han tenido que bajar la guardia y aceptar las circunstancias adversas uniéndose a iniciativas de unidad latinoamericana como Celac y Unasur.  

Pero la llegada de Trump en 2016 les dio un nuevo aire que le permitió redoblar las apuestas en la imposición de ideologías conservadoras. El caso del presidente Bolsonaro es el más grotesco, por sus formas, en difundir un discurso ideológico radical de derecha. Los presidentes Iván Duque y Sebastián Piñera también aprovecharon el momento para profundizar el conflicto con Venezuela y denunciarla como la cuna de todos los males.

Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
La llegada de Trump en 2016 les dio un nuevo aire que le permitió redoblar las apuestas en la imposición de ideologías conservadoras. El caso del presidente Bolsonaro es el más grotesco, por sus formas, en difundir un discurso ideológico radical de derecha.

El grupo de Lima fue la respuesta derechista a la arquitectura internacional progresista y se preocupó de un único objetivo de buscar formas de intervención hacia Venezuela.

El funcionariado republicano de EE.UU. inició una nueva época de intervención. Desde el vicepresidente Mike Pence; el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el jefe del Comando Sur, Craig S. Faller, hasta la alta dirigencia, se movilizó muchas veces al subcontinente a diseñar y aplicar un plan contra Venezuela.

Gobiernos de derecha regional, sumados al gobierno de Trump, harían de América Latina un lugar pugnaz durante los cinco años posteriores de la segunda década de los 2000.

Pero el péndulo giró mucho más rápido de lo esperado y aunque no hay expectativas hacia la gestión de Biden, la derrota de Trump ya es lo suficientemente demostrativa de una nueva era. 

En todo caso, el nerviosismo ya ha llegado a estos sectores y quizá el principal afectado sea Duque, quien ha vivido una intensa desestabilización política interna debido al auge de protestas que ocurrieron en 2019 y 2020, además de los numerosos escándalos en los que se ha visto relacionado con mafias del narcotráfico y el paramilitarismo.

Duque "no se preocupa"

En abril de 2019, Trump responsabilizó a Duque del aumento de tráfico de drogas durante su gestión.

Pero el funcionariado republicano se sentía muy a gusto en Colombia y lo contempló como lugar de paso seguro, estableciéndolo como cabeza de playa en la diatriba con Venezuela.

Además, en la campaña presidencial estadounidense, la estrategia de Trump para captar el voto colombiano de Florida lo llevó a establecer una alianza con el uribismo jugando a demonizar al partido demócrata, comparándolo con el socialismo y relacionando a Biden con el candidato izquierdista Gustavo Petro. 

Ahora, Duque deberá maniobrar hacia el centro, el nuevo escenario ideológico que está imponiendo el triunfo del presidente electo Joe Biden.

Aunque hay que recordar que al uribismo le ha ido bien con los gobiernos demócratas, no parece normal que no haya habido comunicación entre el mandatario colombiano y el presidente electo de EE.UU. Sobre todo si recordamos las llamadas del último a los presidentes Alberto Fernández de Argentina y López Obrador de México, lo que podría interpretarse como una lectura progresista de la nueva gestión estadounidense hacia América Latina.

Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
Duque deberá maniobrar hacia el centro, el nuevo escenario ideológico que está imponiendo el triunfo de Biden. Aunque hay que recordar que al uribismo le ha ido bien con los gobiernos demócratas, no parece normal que no haya habido comunicación entre el mandatario colombiano y el presidente electo de EE.UU.

Tanto así que han comenzado los rumores sobre algún cortocircuito en las relaciones, lo que hizo a Duque tener que declarar a CNN: "La trascendencia de la misma estructura presidencial quizá pasa a segundo nivel [cuando se tienen objetivos comunes] (…) por llamadas no me preocupo". "Colombia es el principal aliado de EE.UU.", remató.

En 2022 serán las presidenciales colombianas y el principal líder del uribismo, Álvaro Uribe, enfrenta pleitos legales por vinculación con el paramilitarismo. Además, el actual mandatario se enfrenta al aumento de su impopularidad, que ha dejado dos años de convulsiones sociales y radicales protestas en su contra.

En todo caso, Duque deberá maniobrar y ya ha comenzado a hacerlo en el tema álgido: Venezuela.

En la reciente visita que hiciera el líder opositor Leopoldo López —asilado en España— a Colombia, hubo un giro discursivo del presidente colombiano en torno al chavismo, contemplando la opción de que pueda participar en un hipotético nuevo gobierno, algo hasta hace poco inaceptable para ambos dirigentes políticos.

Si bien hablamos de un hecho discursivo que no tendrá trascendencia política, este giro de Duque devela que la derecha regional está comprendiendo el cambio de época, y ha comenzado a variar su repertorio para no quedar fuera de juego. 

A otros presidentes les puede costar un poco más.

"Hay que tener  pólvora"

Para Bolsonaro puede resultar mucho más difícil un giro discursivo hacia el centro político debido a su exaltado gusto por el trumpismo y la ideología de derecha, pero parece que tendrá que intentarlo.

Famoso por su incorrección política, el presidente brasileño comienza su tercer año de mandato, de cuatro previstos con posibilidad de reelección, representando todo lo contrario al modelo liberal del obamismo que hoy vuelve al gobierno de EE.UU. La aversión del brasileño contra los homosexuales, su racismo, su indiferencia ante la pandemia y, lo que más furia despierta en medio diplomáticos, su desinterés por la Amazonía, podrían significar algunos escollos difíciles de superar.

De hecho, el tema de la Amazonía —que ha enfrentado a Bolsonaro con muchos gobiernos del mundo, como el francés—, ha sido retomado por Biden, quien en los debates presidenciales amenazó a Brasil con sanciones si no ejercitaba un cambio de política sobre ese particular. La respuesta del mandatario sudamericano fue tajante.

"Hemos visto hace poco a un gran candidato a jefe de Estado decir que si no apagaba los incendios del Amazonas levantaría barreras comerciales contra Brasil. ¿Cómo podemos hacer frente a eso? Solo con la diplomacia no es suficiente porque cuando se acaba la saliva hay que tener pólvora, si no, no funciona. Incluso si no la utilizas, tienen que saber que la tienes", dijo el mandatario brasilero.

Bolsonaro fue uno de los últimos presidentes en reconocer a Biden. Y la tensión con la nueva Administración de EE.UU. ha generado tales niveles de incertidumbre que el vicepresidente brasilero declaró a mediados de diciembre que no sabía qué faltaba para el reconocimiento del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
Lo cierto es que sin Trump, Bolsonaro pierde el norte, se le achica el mundo y va a ser muy difícil para él maniobrar hacia el centro, pero más peligroso aun es aislarse políticamente, algo que comienza a ser una posibilidad.

Lo cierto es que sin Trump, Bolsonaro pierde el norte, se le achica el mundo y para el gobierno de Biden queda en fuera de juego, debido a que su discurso trumpista ha pasado a ser impresentable para la comunidad internacional.

Va a ser muy difícil para él maniobrar hacia el centro, pero más peligroso aun es aislarse políticamente, algo que comienza a ser una posibilidad.

Piñera en declive

El único mandatario del eje de gobiernos de derecha (compuesto sobre todo por Colombia, Brasil y Chile) que hablado con Biden ha sido el presidente chileno, Sebastian Piñera.

Lo hizo justo después de saberse los resultados del plebiscito, donde el pueblo chileno decidió sobre un cambio de la Constitución que había diseñado Pinochet para perpetuar su poder cuando saliera del gobierno.

A Piñera solo le queda este año en el gobierno. Después del estallido social de 2019 tiene poco margen de maniobra y ya no cuenta con el liderazgo suficiente para reordenar las huestes de derecha en el continente, ante el nuevo panorama regional.

Un andamiaje difícil

A la derecha latinoamericana le costará posicionarse ante los cambios ocurridos.

Primero, se han debilitado sus referentes. Sus gobiernos sólidos como los de Colombia, Chile y Perú vienen menguando al punto que en todos se esperan oscilaciones hacia la izquierda.

Además, Biden pertenece a un sector político que hasta ahora no ha priorizado sus intervenciones hacia América Latina sino hacia otras regiones del mundo, con lo cual los gobiernos progresistas tienen menor resistencias desde el norte, como sí la tuvieron con el funcionariado de Trump.

Al análisis se le suma que el trumpismo elevó el discurso ideológico de derecha en líderes regionales nombrados hasta un nivel de alto radicalismo, lo que hace más difícil un giro hacia el centro, un ambiente ideológico que intentará inaugurar el nuevo gobierno de EE.UU.

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