Opinión

Pedro Castillo, el conflicto en Perú y la OEA: ¿otra Bolivia o la redención de Almagro?

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Que el presidente peruano Pedro Castillo pida a la Organización de Estados Americanos (OEA) sus buenos oficios para mediar e intervenir en la crisis institucional que sufre el país andino, puede dar cuenta del alto grado de pugnacidad con que el poder  político, económico y mediático ha enfrentado al primer mandatario, en poco más de un año de gestión.

Desde antes de asumir la presidencia e incluso previo a la segunda vuelta que le dio la definitiva victoria, actores políticos y buena parte de la opinión pública han intentado obstaculizar, primero la toma de posesión, y después, la cabal marcha de la gestión de Castillo.

En un primer momento estos sectores creían que acusar de "comunista", o como se dice en Perú, "terruquear" al presidente electo, sería suficiente para impedir su juramentación. Luego, un sinfín de denuncias de diversa índole, dos demandas de vacancia por "incapacidad moral" ante el Congreso, exigencias de renuncia, belicosos discursos día a día lanzados por los medios y hasta marchas de militares retirados, han minado la estabilidad política y sumido al país en una crisis institucional que se va agravando, pero que no logra tumbar al mandatario.

Castillo ha sabido surfear las más grandes olas que hubieran tumbado a cualquiera de sus predecesores como, de hecho, ocurrió con varios, pero no ha podido ejercer cabalmente su mandato.

Castillo ha sabido surfear las más grandes olas que hubieran tumbado a cualquiera de sus predecesores como, de hecho, ocurrió con varios de ellos, pero no ha podido ejercer cabalmente su mandato.

El presidente peruano ni siquiera disfrutó la convencional "luna de miel" que otorgan los adversarios políticos para que cualquier mandatario empiece en sana paz su administración. 

Han sido perseguidos y acosados todos sus gabinetes. Tres primeros ministros y decenas de jefes de cartera han tenido que renunciar o han sido apartados después del 'bullying' mediático. La familia del presidente judicializada y sus hogares allanados. Se ha desatado la persecución contra diputados que rechazan la vacancia para derrocarlo. Lo último es que la fiscal Patricia Benavides ha interpuesto ante el Congreso una denuncia contra el presidente, que podría removerlo.

La razón no es evidente. Castillo ni siquiera ha tomado decisiones radicales que toquen grandes privilegios como para causar tanta agresividad en el statu quo peruano que dirige la avanzada en su contra. Según dijo recientemente su premier Aníbal Torres, "la razón principal es que proviene del campo, es profesor de la escuela rural y a ellos [las élites] les parece muy mal".

En efecto, se evidencia en la prensa limeña que a Castillo no le perdonan su procedencia humilde, campesina y de maestro. Las denuncias más inverosímiles se han escuchado en su contra y muchos líderes políticos, especialmente los de derecha, día tras día amenazan al presidente y le declaran sus "días contados".

En medio de esta situación de crisis que impide gobernar, Castillo ha sacado una carta bajo la manga y ha pedido la intervención de la OEA, lo que introduce un actor inesperado que puede relajar la tensión, incluso ya lo ha hecho al menos por unos días. Pero, ¿a qué costo? 

Deslegitimidad de la OEA

Se encuentra muy reciente en la memoria continental el uso político y la beligerancia que le dio la OEA a la insurrección derechista en Bolivia en 2019, y que culminó en un informe que sirvió para que las fuerzas más regresivas en ese país justificaran un golpe de Estado contra Evo Morales.

Tras ese informe, se produjo así una ruptura del hilo constitucional que sacó a relucir el profundo carácter racista y represivo de las fuerzas armadas y policiales bolivianas, que llevaron a cabo dos masacres en protestas pacíficas.

Instaurado el gobierno de facto –y apoyado sobre las fuerzas armadas–, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, fungió cómo un personaje clave para que se perpetuara el gobierno golpista de la hoy convicta Jeanine Áñez. A partir de allí, la legitimidad del organismo ha estado en entredicho.

Más recientemente, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha sostenido, por otros motivos, que Castillo habría cometido "el error de confiar en la OEA".

En el reiterado tema Venezuela, más que con el bipartidismo reinante en Washington, Almagro se ha alineado con los republicanos, y especialmente con el ala más ideológicamente radical que también pasa por Miami. Los gobiernos de México y Argentina han criticado su gestión.

Bajo el mandato de Almagro, la OEA ha perdido toda independencia y, en pleno ciclo progresista, sus criterios pueden perder vigencia. Aunque también podría aprovechar el momento para redimirse.

¿La redención de Almagro?

Con todo este historial cercano de la secretaría general de la OEA, el pedido de Castillo es sorpresivo e incluso parece temerario. Especialmente porque sus adversarios ideológicos lucen muy similares a los aliados que Almagro ha tenido en el resto de la región en cada coyuntura. Es una jugada que lógicamente puede impulsarlos y terminar de finiquitar lo que el primer mandatario ha denunciado como un " golpe de estado".  En otras palabras: gestar una 'nueva Bolivia'. 

Aunque el intento de Castillo parece más un órdago, no deja de ser interesante en un juego suma cero sin posibilidad de destrancarse. 

En cierta forma, algún incauto puede pensar con razones que Castillo también lanza a Almagro la posibilidad real de reivindicarse.

Una intermediación justa, la promoción del diálogo y la exigencia del respeto a la voluntad popular ejercida legítimamente por los peruanos, podrían generar ante los países miembros de la OEA la idea de una organización que tiene las posibilidades de equilibrarse y trabajar por el bien común y la democracia. Para así no precipitar su caída y su mala imagen.

Pero realmente esto no es lo que se espera que suceda en Perú. El esfuerzo belicoso y constante de Almagro contra sus adversarios ideológicos parece indicar que se convertirá nuevamente en un actor clave para una nueva ruptura constitucional. 

El escorpión y la rana 

En la película 'Asesinos por Naturaleza', un personaje explica la fábula del escorpión y la rana. 

El escorpión necesita cruzar el río y le pide a la rana que lo ayude. La rana le dice que no, porque teme que le vaya a picar. El escorpión argumenta que no lo haría porque si lo hace, la rana moriría y él se ahogaría. La rana acepta y, mientras van en medio del río, el escorpión la pica. Antes que mueran ambos, la rana le pregunta al escorpión porqué lo hizo, a lo que este responde que no tenía otra opción, que esa era su naturaleza. La situación puede compararse.

Con todo este historial cercano de la secretaría general de la OEA, el pedido de Castillo es sorpresivo e incluso parece temerario.

En el momento de deslegitimidad que sufre la OEA, con la petición de mediación lanzado desde Lima, Almagro ha conseguido una rana. Puede pensarse que necesita transitar su último mandato como secretario general demostrando que sí puede trabajar por garantizar el mandato popular. 

Pero esa no ha sido la "naturaleza" develada por Almagro a lo largo de su mandato. Tampoco será lo que le exija el conservadurismo peruano, es decir, sus amigos. Por ende, el pedido de Castillo plantea el dilema del escorpión al secretario de la OEA.

Sobre todo porque hay signos políticos en muchos países de la OEA que ya no son los mismos que cuando ocurrió el golpe de Estado en Bolivia. Buena parte de los gobiernos actuales son más cercanos ideológicamente a Castillo, y saben en carne propia la presión económica y mediática de la que es objeto.

Almagro tendrá que demostrar que puede atemperar su pensamiento reaccionario y actuar con sindéresis, influenciando al statu quo peruano para que baje su antidemocrático nivel de agresividad. Si lo logra, es posible que gane algo de oxígeno para demostrarle a la izquierda que puede mantener cierta neutralidad. Pero esto suena cuesta arriba. 

En los próximos días llegará una comisión de la OEA a Perú y comenzará un proceso de acompañamiento. Al final, se redactará un informe. 

Este tiempo será clave para entender si Almagro, cuando las coyunturas en Bolivia y Venezuela, estaba impregnado del espíritu de la época trumpista o se trataba de su propia "naturaleza" insalvable.

Castillo espera a la OEA en palacio y la mira como un salvavidas mientras se deslava su piso político. Mientras tanto, en Perú nadie gana.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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