¿Bad Bunny anotó 'touchdown' en la política electoral de EE.UU.?

Ociel Alí López

Más allá de haber generado una diatriba pública sobre la importancia de lo latino, las cuestiones de Puerto Rico, el idioma español o el tema de la migración, lo que produjo el cantante puertorriqueño de reggaetón, Bad Bunny, en el medio tiempo del Super Bowl implica una colisión contra la narrativa del poder establecida por la Administración Trump, que puede impulsar cambios en la atmósfera política y en algo mucho más concreto: los resultados electorales de una elección tan próxima como la de noviembre de este año.

Esta aseveración podría sonar un poco exagerada para un acontecimiento propiamente artístico, pero cuando vemos el mapa electoral de EE.UU., y cuáles son los estados que podrían sostener o disolver la gestión del presidente Donald Trump, nos damos cuenta que el discurso de Bad Bunny no apunta solamente a un público latino en general, sino también a territorios electorales que están en disputa y serán decisivos en las elecciones de medio término,  donde la interpelación del reguetonero podría tener impacto político de consideración.

Y es que las respuestas del stablishment político al evento, al cual acusan de vulgar y de atentar contra los principios y la moral estadounidense, ayuda a develar que el programa MAGA en el poder político esta en abierta pugna con otros lenguajes, otras minorías y culturas; que ve lo latino como una amenaza y, básicamente, que sus presupuestos están reducidos a una etnia blanca, a la religión protestante, al idioma inglés y a un público que debe reunir todas estas características para poder ser parte de América y del proyecto de país que quiere imponer.

El rechazo del propio Trump y de políticos conservadores como Randy Fine y Andy Ogles, este último congresista federal, quienes han pedido al legislativo abrir investigaciones sobre el evento y multar y sancionar al cantante, al organizador y a la televisora que lo trasmitió, ayudan a entender el grado de subversión que desplegó el artista, quien produjo una narrativa que pueda articular, casi automáticamente, a las minorías étnicas, culturales, lingüísticas, que se confrontan con el discurso supremacista.

El discurso de Bad Bunny no apunta solamente a un público latino en general, sino también a territorios electorales que están en disputa y serán decisivos en las elecciones de medio término.

El nivel de impugnación desde el conservadurismo a un espectáculo artístico que ni siquiera fue muy explícito en su posición política sobre Trump, obedece a que el proyecto MAGA tiene que ver sobre todo con una disputa cultural contra el liberalismo y los demócratas, y el posicionamiento que hace Bad Bunny viene justamente a develar que en esa diatriba, el enemigo del trumpismo son las propias minorías. El "poder blanco" ha tenido que reaccionar, antipolíticamente, ante una proclama prolatina que utilizó la vitrina del deporte más singularmente estadounidense.

Días después de su devastadora crítica al show de Bud Bunny y durante el discurso aniversario de su segundo mandato, el propio Trump rescató un discurso a favor de los latinos y lo hizo justo cuando mencionaba al trabajo de la política de migración (ICE), lo que quiere decir que este sujeto inmigrante es un electorado en disputa y que las críticas al evento, sobre todo de los más radicales que rechazan el idioma español, el baile "vulgar" y la cultura "extranjera" como degradación cultural, podrían generar una repulsión que puede expresarse en modo de protesta en el escenario electoral.

El escenario electoral

Especialmente si vamos al terreno electoral, tanto el discurso de Bad Bunny como la respuesta de los conservadores, podría caer como misil en los estados de Florida, Texas, Pensilvania, Arizona y Nevada: los dos primeros históricamente republicanos; y los demás estados se consideran péndulos que le dieron la victoria a Trump, pero que están acostumbrados a modificar su comportamiento electoral.

No hablamos de estados demócratas como el de California, en el que su gobernador y posible candidato a presidente, Gavin Newsom, proclamó el "Bad Bunny day" el día del evento. 

Hablamos más bien de Florida, donde la diatriba sobre lo latino, tal como lo plantea Bud Bunny, puede implicar un quiebre en el discurso que hasta ahora ha dado el respaldo al Partido Republicano en todo este siglo. Ya las políticas de la ICE han dado algunas muestras de fatiga, como la que ocurrió en la ciudad de Miami en el mes de diciembre, donde por primera vez en 28 años ganó Eileen Higgins, una demócrata. El mensaje del cantante se dirige de una manera muy cultural y radical a los jóvenes latinos, quienes podrían no atender a la tradicional pelea ideológica (conservadora) de la que sus padres y abuelos fueron fundadores en el espectro latino. Hasta ahora los jóvenes, o bien han reproducido automáticamente el relato ideológico o bien se han negando a participar, pero si lo hicieran podrían lograr una revolución solo yendo a las urnas. Este estado es imprescindible para los republicanos, perderlo los dejaría con pocas opciones para retener el poder.

En el caso de Texas podría pasar algo similar. El "santo grial" de la política estadounidense no es republicano porque haya más votantes de ese partido, porque los latinos sean conservadores debido a que sus sectores rurales trabajan en el ICE o porque las religiones evangélicas hacen mella, sino sobre todo porque los jóvenes urbanos de Houston, Dallas, Austin o San Antonio, aunque tengan preferencia demócrata y muchos provengan de América Latina, tienden a la abstención y votan en menor proporción que los sectores rurales. Por ende, la movilización de estos sectores, de sentirse convocados por la defensa de los migrantes, podría cambiar la balanza y "azulear" el estado, hasta ahora "zona de confort" de los rojos.

Ver al conservadurismo atacar a un ícono musical, puede ser el catalizador que necesitan los votantes jóvenes, de la generación Z y 'milenials' (a menudo abstencionistas) para activar su voto.

El caso de Pensilvania es aún más crítico para el trumpismo. En las presidenciales de 2024, los republicanos ganaron por menos de 2%. En contraposición, después de Florida y Nueva York, es uno de los estados con mayor concentración de puertorriqueños, que al ser ciudadanos estadounidenses no cuentan con barreras migratorias a la hora de votar. Se menciona que el estado cuenta con más de 600.000 puertorriqueños, pero la diferencia en las presidenciales de 2024 apenas superó los 100.000 votos. 

En Arizona y Nevada pasa otro tanto. Son estados pendulares donde la diferencia de votos en las presidenciales de 2024 fueron estrechas, pero el votante hispanoparlante viene creciendo potencialmente pese a que sus sectores más jóvenes tiendan a la abstención en mayor medida que los votantes de mayor edad, proclives al republicanismo.

Por eso, el debate cultural sobre América como una idea que incluya a todos los países del continente, básicamente obliga a la campaña republicana a reconfigurar su mensaje, que está siendo observado como excluyente, y por ende, a incluir a otras lenguas y culturas, algo que es difícil debido a sus políticas represivas y xenófobas. Esto tendría que cambiar si quieren reconsiderar una competencia dentro del mercado del voto latino que ahora tiene una mayor cohesión autoreferencial con el debate sobre Bad Bunny.

Ver al conservadurismo atacar a un ícono musical, puede ser el catalizador que necesitan los votantes jóvenes, de la generación Z y 'milenials' (a menudo abstencionistas) para activar su voto. El Super Bowl ha dado los puntos de discusión de la campaña que viene. Toca esperar para ver si la disputa cultural queda en la esfera del espectáculo y la opinión pública, o si por el contrario, traspasa a la esfera electoral.