Los fuegos de artificio de la economía mundial: burbujas y tulipanes

Ricardo García-Lillo Morales

Al parecer, hemos estado a punto de sufrir otra hecatombe económica mundial. En China, la mayor potencia económica del mundo, el imperio de los fuegos de artificio, ha explotado una burbuja que ha hundido las bolsas del país asiático… O eso nos han contado. Porque, la verdad, es que para quienes no somos economistas, aparte de lo ciertamente incomprensible que nos resulta el funcionamiento de la bolsa, todo este jaleo parece haber quedado poco más que en agua de borrajas.

¿Sabéis cuál es la base fundamental de esos planes estratégicos? Los despidos masivos. Así pues, que miles de trabajadores se queden en la calle termina siendo bueno para los mercados.

Es curioso que, en lo que a economía se refiere, la gran mayoría, que desconocemos los entresijos de estos extraños 'juegos' de cifras y términos incomprensibles, que somos por otra parte quienes la sustentamos y, sobre todo, la sufrimos, no solo no tenemos voz, sino que parece que nadie, incluidos nosotros mismos, tenga interés en escucharla. Así pues, olvidemos por un momento los sesudos análisis de economistas que contradicen a otros economistas, todos expertos en hallar explicación para los vaivenes de los distintos índices bursátiles... a posteriori.

'Grosso modo', y según yo tengo entendido, en las bolsas se hacen apuestas sobre si las acciones de determinados productos y empresas que cotizan van a subir su precio o no. Digamos que se especula comprando y vendiendo participaciones de las empresas que deciden 'salir' a bolsa para obtener liquidez y de productos como el oro o los bonos del Estado. Pero, ¿qué fija el valor de esas acciones? ¿Acaso los buenos o malos resultados económicos de la empresa en cuestión? ¿La necesidad de ese producto en el que se invierte? ¿La situación económica del país que emite esos bonos?

Pues sí y no, porque resulta que son más bien las especulaciones, y no las certezas, sobre esos resultados y las compras y ventas de esas acciones las que van fijando el precio de las mismas. De hecho, los rumores interesados, falsos o no, pueden provocar 'inquietud' en los mercados. Por supuesto, hay órganos reguladores para que en este 'juego' se respeten ciertas normas 'éticas'; la efectividad de estos organismos es ya otro tema.

Pues bien, esta semana, convulsa como hacía años que no se daba, según los expertos, las caídas de la bolsas chinas han provocado cierto temor a nivel mundial. Por supuesto, y tras los rescates del Gobierno chino, que ha inyectado e inyectará si es necesario millones de euros para evitar el hundimiento de su economía, todo esto quedará en anécdota.

Pero lo que a mi más me preocupa es lo siguiente: ¿de verdad nuestra economía depende de estos juegos?, ¿de miles de variables incontrolables reflejadas en pantallas llenas de numeros incomprensibles para el común de los mortales?

Hoy, por suerte, la economía mundial no depende de los tulipanes... ¿O sí?

Me asombra que todo dependa de valores intangibles, de productos financieros abstractos, de cifras de las que ni los expertos aciertan a descubrir qué tendencia siguen hasta que ya es demasiado tarde, de infinitas variables incontrolables que suben y bajan los precios de todo, haciendo posible hundir la economía de un país entero. Pero "los mercados" ni sienten ni padecen, la economía solo repunta si se deshumaniza y en la bolsa la codicia es una virtud que necesita la miseria de algunos para subsistir. Que una empresa presente un Plan Estrátegico al Mercado, por ejemplo, hace que sus acciones se disparen; ¿sabéis cual es la base fundamental de esos planes estratégicos? Los despidos masivos. Así pues, que miles de trabajadores se queden en la calle termina siendo bueno para los mercados.

En 1637 en los Paises Bajos se produjo la primera gran crisis de la historia moderna por una burbuja económica. Esa gran burbuja se debió al precio desorbitado que habían alcanzado los tulipanes (sí, esas florecillas sin apenas utilidad real) y que, obviamente, no tenía sentido.

Hoy, por suerte, la economía mundial no depende de los tulipanes... ¿o sí?