Opinión
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Gustavo Troncoso

Vamos a destruir de a poco los mitos que a lo largo de muchos años se han montado acerca del país más grande del mundo.
Cuando se habla de Rusia, se dice que los osos caminan por las calles y que incluso toman vodka y saben tocar la balalaica. Y que cada familia tiene uno. Por supuesto, estas son exageraciones. ¿Un oso viviendo con una familia como si fuera una mascota? Sería impensable incluso para un lugar como Rusia, donde siempre suceden cosas raras. Aun así, parece ser que siempre hay una excepción.
La ciudad rusa de Volgogrado celebró este 2 de febrero el 72º aniversario de la victoria soviética sobre el Ejército nazi en la batalla de Stalingrado, considerado uno de los principales acontecimientos de la historia de la Gran Guerra Patria y la Segunda Guerra Mundial.
El grupo TRIVA lo fundaron Vladímir Vorobyov, Vladímir Sokolaev y Alexander Trofímov, fotógrafos soviéticos que retrataban inicialmente la rutina de los trabajadores de una fábrica metalúrgica en la ciudad de Novokuznetsk, en la Siberia rusa, y posteriormente el día a día de los habitantes de esta ciudad.
¿Quién dijo que en Rusia no se podían encontrar también artistas de Hollywood? Hace unos días, un amigo 'revivió' la historia del Dr. House ruso por una foto que publicó en el VK y decidí compartirla con ustedes.
Hace poco conocí una increíble historia que sucedió hace ya más de 35 años, pero que me pareció que todos debían conocer, porque esta clase de proezas vale la pena contar y compartir. He aquí la historia de un superhéroe de carne y hueso.
Con la caída del meteorito en Cheliábinsk el pasado mes de febrero, muchos usuarios de internet quedaron sorprendidos por la cantidad de videos registrados del meteoro atravesando la atmósfera, regalándonos un increíble espectáculo.
Las 'costillas' o 'huesos' eran radiografías en las que hábilmente se grababa toda la música no permitida.
A finales de la Segunda Guerra Mundial, muchos soldados soviéticos trajeron del campo de batalla como trofeos muchas cosas que antes no se podían ver en la Unión Soviética. Una de ellas era la música.
Nos despertamos muy temprano. Más o menos a las 6 de la madrugada, porque aún no había amanecido (…) El tiempo pasaba muy lentamente. La sed mataba. Y la debilidad, no había ganas ni de moverse. Vi que algunos tenían vasijas con líquido amarillo; al principio no me enteré de que era orina.
Nos despertamos muy temprano, en torno a las siete. Una sed tremenda. Muchísimo sueño. Pero con ‘Ellos’ no se puede dormir. De repente empiezan a disparar, Dios sabe para qué.
Era 1 de septiembre, el primer día de clases en todas las escuelas de Rusia. Niños y adolescentes jubilosos volvían a clase a ver a sus compañeros y compartir las experiencias que habían tenido en el verano. Eran momentos de regocijo en la ciudad caucásica de Beslán. Padres orgullosos miraban cómo sus niños entraban a clase sin saber que les iba a esperar un sufrimiento de más de tres días.
El viaje en tren todavía no había terminado. Faltaban solo siete horas de las 25 que duraba el viaje.