Testimonios de menores reclutados por el EI: "Nunca olvidaré cómo maté a un cristiano"

Pese a ser adolescentes, Japar y Abdullah ya saben lo que es combatir en una guerra. Lo hicieron al lado de un grupo armado aliado del Estado Islámico en el sur de Filipinas. No fue su elección: fueron vendidos por sus familiares al grupo terrorista Abu Sayyaf. Los yihadistas buscan a jóvenes y los reclutan pagando a sus empobrecidas familias menos de 500 dólares por cabeza. Ahora, tras la guerra, tienen que aprender a ser niños de nuevo y temen haber perdido esa oportunidad para siempre.

El grupo terrorista Abu Sayyaf, la subdivisión filipina del Estado Islámico, opera en las sureñas islas de Mindanao, Basilan y Joló. Su objetivo es crear un califato musulmán independiente de Filipinas. Es conocido por usar a gran número de niños en los combates como terroristas suicidas, como escudos humanos y también como donantes para los combatientes adultos heridos.

Japar, de 14 años, es un excombatiente que puso salir de esa pesadilla. Su padre lo vendió cuando tenía doce años a los extremistas por unos 430 dólares, pero él solo supo después de que un comandante del grupo terrorista se lo contara.

Una situación similar vivió Abdullah, de 17 años, que fue vendido por su tío al Estado Islámico. "Nunca olvidaré cómo maté a un cristiano. Me ordenaron que lo matara. No tenía otra opción", recuerda el menor. Pero su pariente no solo lo vendió a él, sino también a su propio hijo, quien murió a los diez años de edad.

"Dijeron que educarían a los niños, pero en realidad acabaron en el EI. Pagaron 25.000 pesos por mi hijo y otros 25.000 por mi sobrino Abdullah. En total fueron más o menos 900 dólares por los dos", relata el tío de Adullah.

El 23 de mayo del 2017, los islamistas radicales invadieron la ciudad de Marawi, ubicada en el centro de la isla de Mindanao. Los terroristas destruyeron la comisaría y se llevaron las armas y municiones.  También decapitaron al jefe de Policía y fusilaron al resto de uniformados. Las tropas gubernamentales no estaban preparadas para el ataque y tuvieron que lanzar una operación militar. Los combates para recuperar la ciudad se prolongaron hasta mediados de octubre.

En aquella batalla tomó parte Japar, mientras que Abdullah dice que logró escapar antes de que empezaran los enfrentamientos. El primero de los menores cuenta que combatió en Marawi tres días. Luego escapó y fue detenido por los militares, pero lo liberaron por ser menor de edad. Ahora Japar está solo, siente que está de más, no tiene dinero, ni hogar ni familia. No le queda ningún pariente, salvo una tía que vive en un campamento de refugiados.

La isla de Joló es una de las bases de Abu Sayyaf, pero es justamente allí donde la Armada filipina lleva ya varios años celebrando un campeonato infantil de fútbol por la paz. Más de mil niños de las islas vecinas acuden a ese lugar para participar en el torneo. Sin embargo, a aquellos que fueron entregados o vendidos a los terroristas les resulta difícil llevar una vida normal luego de las barbaridades que experimentaron en las filas de los extremistas.