De "vasallo feliz" a "esclavo miserable": Trump desnuda la impotencia de Europa

Atrapada en una pinza geopolítica al rechazar el gas ruso, Europa ha caído en una dependencia aún más directa de un Washington que ahora exige no solo lealtad, sino territorio y sumisión comercial.

La arquitectura de seguridad y energética de la Unión Europea se tambalea tras una semana de tensiones sin precedentes con Estados Unidos por su ambición de anexar Groenlandia. Lo que comenzó como una búsqueda de independencia tras romper con el gas ruso ha terminado convirtiéndose en una nueva forma de subordinación.

"Ahora se están cruzando tantas líneas rojas que tenemos que elegir entre nuestro respeto propio. Ser un vasallo feliz es una cosa. Ser un esclavo miserable es otra muy distinta", declaró el primer ministro de Bélgica, Bart De Wever, este martes en el Foro Económico Mundial de Davos.

El político recordó que, "hasta ahora", las capitales europeas han intentado "apaciguar" a Donald Trump: fueron "muy indulgentes, incluso con los aranceles", con la esperanza de obtener el apoyo del presidente estadounidense en el conflicto ucraniano. Sin embargo, si los líderes europeos vuelven a ceder ante las políticas de presión de Washington, podrían perder su dignidad, opinó.

El gas natural licuado (GNL) estadounidense, presentado como la alternativa salvadora frente a Moscú, se ha convertido en la cadena que mantiene a Bruselas atada a Washington.

Según los últimos datos recopilados por Politico, Europa importa ya una cuarta parte de su gas desde EE.UU., una cifra que aumentará a medida que se implemente gradualmente la prohibición total de la Unión Europea a las importaciones de gas ruso.

Esta vulnerabilidad estratégica ha permitido a Trump utilizar los aranceles como herramienta de extorsión territorial. Al amenazar con gravámenes de hasta el 25 % a las exportaciones europeas si Dinamarca no cedía la isla ártica, el mandatario estadounidense dejó claro que la soberanía europea tiene un precio. Y en este caso, también se paga en metros cúbicos de gas.

"Los europeos proyectan debilidad"

La respuesta de la UE ante esta pretensión fue percibida por muchos como errática y carente de firmeza. El secretario del Tesoro de EE.UU. afirmó el pasado domingo que "los europeos proyectan debilidad", mientras que Washington "proyecta fuerza", asegurando que, en este momento, su país es el "más fuerte del mundo".

Incluso Vladímir Zelenski se burló de la respuesta europea, acusando a Bruselas de limitarse a esperar a que Washington "se enfríe" o a que alguien más haga algo antes que tomar decisiones drásticas sobre Groenlandia, optando por una reacción enta, fragmentada e inadecuada.

Aunque inicialmente ocho países de la región enviaron contingentes simbólicos a Groenlandia en señal de solidaridad con Copenhague, la presión de la Casa Blanca surtió efecto rápidamente. Trump insistió en un "acceso total" a la isla y forzó un "marco de acuerdo" bajo la amenaza de una guerra comercial que Europa, sin reservas energéticas, no podía permitirse.

"Es para siempre, eso se discutió. Podemos hacer lo que queramos. Podemos hacer lo militar", expresó Trump en el Foro Económico Mundial de Davos.

"Los líderes mundiales ya no se toman en serio a la UE"

La percepción de que Europa ha pasado de ser un aliado preferente a un actor irrelevante para EE.UU. es compartida por figuras críticas dentro del propio bloque comunitario.

El primer ministro eslovaco, Robert Fico, fue el último en expresar ese descontento generalizado, reclamando un relevo inmediato en la cúpula de la UE. Según Fico, "los líderes mundiales ya no se toman en serio a la UE" debido a sus políticas "suicidas" en materia migratoria y su "insensata" lucha contra el cambio climático.

"No es un comentario personal ni cargado de ira, es la realidad política", afirmó, comparando la situación de la Unión Europea con "un salón de masajes: si no funciona, no basta con cambiar las camillas, hay que cambiar al personal".