Opinión

Cumbre de la Celac en México, la utopía de la integración regional

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México asumirá la presidencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en medio de las divisiones ideológicas y crisis internas que hay en la región y la preocupación mundial generada por la renovada confrontación entre Estados Unidos e Irán.

La cumbre de la Celac, que se realizará el próximo miércoles en la ciudad de México, será un intento más para fortalecer a América Latina en un año en el que Donald Trump pretende reelegirse como presidente aun a costa de una nueva guerra en Medio Oriente.  

El encuentro será encabezado por Andrés Manuel López Obrador, un presidente que no viaja al exterior y que ha dejado la diplomacia internacional por completo en manos de su canciller, Marcelo Ebrard, quien en septiembre pasado consiguió que México sucediera a Bolivia en la presidencia pro témpore de la Celac. Todavía gobernaba Evo Morales y la posibilidad de un golpe de Estado en su contra ni siquiera asomaba en el horizonte. En Argentina y Uruguay no se habían realizado las elecciones presidenciales. Y Chile, todavía sin protestas masivas, seguía siendo el ejemplo predilecto del neoliberalismo. En Colombia, el resultado de los comicios regionales de octubre era una incógnita. 

En estos escasos cuatro meses, el panorama regional cambió por completo.

Morales fue depuesto en noviembre y se encuentra asilado en Argentina, después de haber pasado un mes como refugiado en la capital mexicana y de una escala con fines médicos en Cuba. Desde Buenos Aires, mantiene una estrategia de sobreexposición y reconoce que está en campaña con miras a las elecciones previstas para el 3 de mayo. Confía en un triunfo de su partido Movimiento al Socialismo (MAS), pero sin él como candidato.

Cecilia González, periodista y escritora.
Cecilia González, periodista y escritora.
El apoyo que Fernández y López Obrador brindaron a Evo Morales les valió a ambos presidentes críticas de sectores de la oposición que, en su afán de repudiar toda medida, validaron la violenta interrupción de un gobierno democrático.

En Argentina, el candidato peronista Alberto Fernández ganó las elecciones con un discurso progresista opuesto a su antecesor, el conservador Mauricio Macri. En Uruguay ocurrió lo contrario: el candidato Luis Alberto Lacalle Pou recuperó para la derecha el gobierno que el izquierdista Frente Amplio mantuvo durante 15 años.

Una de las grandes sorpresas fue el estallido social en Chile que terminó con el espejismo construido alrededor de este país durante tantos años. Acorralado, con denuncias de delitos de lesa humanidad de por medio, y en un intento de evitar la caída anticipada de su gobierno, el presidente Sebastián Piñera convocó a un plebiscito que se realizará el 26 de abril, justo una semana antes de las elecciones presidenciales de Bolivia. Ese día, los chilenos tendrán que decidir si quieren una nueva Constitución.

En Colombia, el mapa político se reconfiguró después de las elecciones regionales, lo que demostró el hastío de parte de la ciudadanía con la clase política tradicional. Hoy, Bogotá es gobernada por primera vez por una mujer, Claudia López, quien además es la primera alcaldesa de América Latina abiertamente homosexual. Su nueva posición y su boda con la senadora Angélica Lozano se erigieron en un poderoso símbolo para contrarrestar el avance de los grupos conservadores que tienen en el brasileño Jair Bolsonaro y en el gobierno de facto de Bolivia encabezado por Jeanine Añez a dos de sus máximas y más peligrosas expresiones.

Las pujas 

En el reacomodo del tablero regional, las pujas que anteceden la cumbre de la Celac están a la orden del día. 

Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador crearon una alianza de gobiernos progresistas en el extremo norte y sur de América Latina que tuvo su primer resultado concreto y positivo en la ayuda que le brindaron a Evo Morales, ya que las denuncias de anomalías y presunto fraude en la elección boliviana de ninguna manera podían justificar el golpe de Estado en su contra. Ese apoyo les valió a ambos presidentes críticas de sectores de la oposición que, en su afán de repudiar toda medida, validaron la violenta interrupción de un gobierno democrático.

Cecilia González, periodista y escritora.
Cecilia González, periodista y escritora.
Venezuela es otro tema de conflicto permanente en el que México y Argentina promueven una tercera posición: ni apoyo a Nicolás Maduro, ni intervención extranjera para la resolución de la ya larga y compleja crisis social, política, económica y humanitaria que padece ese país.

Les valió, también, cuestionamientos por parte de Trump, quien con la acostumbrada posición injerencista de Estados Unidos, ahora quiere condicionar acuerdos políticos y comerciales con México y Argentina porque está inconforme con el respaldo de esos países a Morales.

Venezuela es otro tema de conflicto permanente en el que México y Argentina promueven una tercera posición: ni apoyo a Nicolás Maduro, ni intervención extranjera para la resolución de la ya larga y compleja crisis social, política, económica y humanitaria que padece ese país. 

La estrategia quedó en evidencia luego de las irregularidades sufridas ayer en la Asamblea Nacional, que tuvo que sesionar extramuros para reelegir a Juan Guaidó, el autoproclamado presidente de Venezuela, como líder del órgano legislativo, cargo que unas horas antes había asumido el chavista Luis Parra. Es sólo una más de las múltiples anomalías institucionales de un Estado en el que la democracia hace mucho no se respeta. 

En respuesta, la mayoría de los países del Grupo de Lima, cuyo monotema es Venezuela, denunció nuevamente al "régimen dictatorial de Maduro". Argentina y México no firmaron ese comunicado y optaron por pronunciamientos individuales que sorprendieron por su tono crítico, pero sin obedecer la narrativa condenatoria impuesta por parte de la llamada "comunidad internacional" en torno a Venezuela.

La cancillería mexicana hizo votos para que la Asamblea Nacional pueda elegir democráticamente a su Junta Directiva y advirtió que "el legítimo funcionamiento del Poder Legislativo es pilar inviolable de las democracias". La cancillería argentina, en tanto, consideró "inadmisible para la convivencia democrática" lo ocurrido ayer y convocó a recuperar "a la brevedad la normalidad democrática" y el resguardo de la independencia de poderes en Venezuela. Argentina reconoció así, de manera tácita, que el gobierno de Maduro no es democrático. Desde que era candidato, Alberto Fernández ya lo había calificado como "autoritario", sin ceder a las presiones para que lo denominara como una "dictadura". 

Cecilia González, periodista y escritora.
Cecilia González, periodista y escritora.
El panorama internacional está atravesado por la incertidumbre de una nueva guerra con la que Trump aspira a ganar los votos suficientes para ser reelegido y el temor de la respuesta de Irán y sus aliados.

Como si la agitación regional no bastara, el mundo se conmocionó la semana pasada luego de que Estados Unidos asesinara con drones, en un operativo realizado en Bagdad, a Qasem Soleimani, el militar y líder político más poderoso de Irán después del ayatolá Ali Jamenei. Hoy, el panorama internacional está atravesado por la incertidumbre de una nueva guerra con la que Trump aspira a ganar los votos suficientes para ser reelegido y el temor de la respuesta de Irán y sus aliados.

Más allá de los discursos públicos y oficiales, la cumbre de la Celac también estará teñida de manera extraoficial por la grilla diplomática en torno a la elección de la nueva Secretaría General de la Organización de Estados Americanos que se llevará a cabo el 20 de marzo y en la que el uruguayo Luis Almagro busca la reelección. Cuenta con el visto bueno de los gobiernos que vieron con agrado su apoyo al golpe de Estado en Bolivia. Enfrente tiene a la ecuatoriana María Fernanda Espinosa y al peruano Hugo de Zela. Los votos hoy todavía no marcan una tendencia decisiva.  

Por otra parte, una de las principales ausencias será la de Bolivia. El gobierno de facto ya anunció que no tendrá representante en la cita de la Celac. La relación con México está rota por la ayuda de López Obrador a Morales y por el asedio de policías y militares a la embajada mexicana en La Paz.

Es un síntoma más de la tensión que cubre los vínculos entre los países miembros de un organismo que nació en 2010 en Playa de Carmen (México) con la intención de fortalecer alianzas que dotaran a América Latina y al Caribe de una voz fuerte, protagonista e influyente en el debate global. En ese momento era mucho más fácil plantearlo, porque los gobiernos progresistas, en general resistentes a la dependencia estadounidense a la que es más proclive la derecha, todavía eran mayoría en Sudamérica.

Pero el escenario cambió. Y ahora la Celac, con sus 33 países miembros que representan el 8,6% de la población mundial y generan el 7,1% del PIB global, hará otra vez en México una nueva apuesta por la integración regional. Esa eterna utopía.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.