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El laberinto político del que España es incapaz de salir

Publicado: 13 feb 2019 18:15 GMT

España se precipita hacia las elecciones tras una tormentosa –y fracasada– negociación entre el partido socialista y los partidos independentistas catalanes, que solicitaban el derecho a la autodeterminación de Catalunya. La negociación, compleja de por sí, fue en todo momento torpedeada por la 'troika nacional-católica' formada por la derecha y la extrema derecha española (PP, Cs y Vox).

No se trata de una situación derivada de una confluencia de factores irrepetibles, pues España lleva embarrada en la misma situación desde las elecciones de diciembre de 2015, tras las cuales no se pudo formar gobierno y se tuvieron que convocar elecciones en junio de 2016. La situación estaba tan encallada que solo un 'golpe' en el PSOE derrocando al actual secretario general, Pedro Sánchez, en octubre de 2016, permitió que el PP gobernase. Gobierno tan débil que solo duró dos años por la moción de censura del líder del PSOE. Sin embargo, el gobierno de Pedro Sánchez no parece que vaya a llegar ni siquiera al año de duración y las elecciones no vaticinan un escenario más estable salvo que la derecha y la extrema derecha, hoy conformando un frente común, se alcen con el triunfo.

El fracaso de la 'troika nacional-católica'

La troika nacional-católica, cada vez más unida y extrema, protagonizó el pasado domingo 10 de febrero una manifestación para intentar forzar al Gobierno español a una convocatoria electoral apoyándose en la concesión del presidente, Pedro Sánchez, a los independentistas catalanes de la figura de un mediador

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
"Quedará para la historia que los líderes de la derecha y la extrema derecha españolas se manifestaran por primera vez juntos conformando la mencionada 'troika nacional-católica'". Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.

De nada sirvió que los socialistas denominasen la figura del mediador de forma un tanto confusa ('relator') y la explicación resultara de lo más estrambótica, pues el escorzo no tuvo éxito porque los opositores –Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal– llamaron a filas a sus correligionarios y les impusieron la misión de salvar España. No sin antes despacharse Pablo Casado con una insólita y esperpéntica cascada de improperios al presidente.

El clamor popular que anhelaba la derecha y la extrema derecha quedó en alboroto y el huracanado ondear de las rojigualdas no pasó de una leve ventolina, pues a pesar del decidido apoyo sustentado por los partidos, con autobuses a disposición de manifestantes en toda España, la Policía Nacional estimó la concentración en solo 45.000 personas, cifra que los organizadores elevaron a los 200.000 o 250.000 manifestantes, según las distintas fuentes. 

Datos, aun los más optimistas, muy bajos si tenemos en cuenta la concentraciones que en el pasado realizó la derecha española: 

En 2005

  • Contra la negociación con ETA: 240.000 según el Gobierno y 1 millón según los organizadores.
  • Contra el matrimonio homosexual: 166.000 según el Gobierno y medio millón según los organizadores.
  • Contra el aborto: 400.000 según el Gobierno y medio millón según los organizadores. 

En 2009

  • Contra las negociaciones con ETA: 180.000 según el Gobierno y medio millón según los organizadores.
  • Contra el aborto: 250.000 según el Gobierno y dos millones según los organizadores.

Aunque el fracaso se manifieste notorio y no parezca la ciudadanía, ni tan siquiera la más extrema y nostálgica, especialmente soliviantada por las negociaciones con los independentistas catalanes, cualquier vaticinio respecto al resultado electoral se enmarca a día de hoy más en el presentimiento que en la predicción. La diferencia entre la troika nacional-católica y el resto de partidos es demasiado exigua. 

No obstante, quedará para la historia que los líderes de la derecha y la extrema derecha españolas se manifestaran por primera vez juntos conformando la mencionada 'troika nacional-católica'. La fotografía de familia de Pablo Casado (PP), Albert Rivera (Ciudadanos) y Santiago Abascal (Vox) es histórica. Historia negra.

El laberinto

Más allá de la fracasada convocatoria por la salvación de España, el partido socialista se encuentra en una ratonera de la que no parece capacitado para salir. El escenario ideal para el PSOE sería conseguir sumar con la izquierda española, Unidos Podemos, los escaños suficientes para gobernar, lo que le permitiría dejar la cuestión catalana (y vasca) a un lado. Pero eso a día de hoy se antoja imposible, pues en diciembre de 2016 ambos partidos sumaron 156 escaños (85 el PSOE y 71 Unidos Podemos), a un abismo de los 176 necesarios para gobernar, y las encuestas no parecen aumentar la suma de parlamentarios de los moderados socialistas y la izquierda (aunque reflejan un aumento del PSOE y una disminución de Unidos Podemos). 

Las salidas

Por tanto, por muchas elecciones que se celebren, salvo que PP, Cs y Vox logren sumar 176 o más escaños juntos, el PSOE se encontrará en la misma encrucijada que le atenaza a día de hoy. Un diabólico escenario para el que solo existen tres salidas:

  • La salida valiente y democrática: pactar con los independentistas un referéndum o una consulta popular, aunque sea no vinculante, para poder marcar un punto de inflexión. Si la consulta resultara positiva para los unionistas, supondría cerrar la cuestión durante algún tiempo; y si la consulta resultara positiva para los independentistas, habría que aceptar la realidad y sentarse a negociar. Tanto con una posibilidad como con la otra, España saldría de una vez por todas del laberinto en el que se encuentra a día de hoy.
  • La salida nacional: pactar con Ciudadanos, incluso con el PP, asumiendo que ello significaría renunciar a un gobierno progresista para formar un gobierno de gran estabilidad parlamentaria, pero cuyas consecuencias para el PSOE serían completamente impredecibles (podría suponer su 'harakiri') y en el que las concesiones se realizarían siempre escorándose a la derecha. No hay que olvidar que aunque el PSOE es más un partido de centro que de izquierda, la mayoría de sus votantes sí se consideran progresistas.
  • La salida patriótica: ceder el gobierno al PP y Ciudadanos con la abstención, tal y como hizo el PSOE en otoño de 2016 tras el 'golpe' de Susana Díaz y los barones del partido, casi todos ideológicamente nacionalistas. Este sacrificio, por el bien de España, entregaría el poder a la derecha para evitar ceder ante los independentistas y ayudar a marginar a los extremistas de Vox, lo que podría suponer una excusa de cara al electorado. Un sacrificio de Estado.

Solo se mencionan estas tres salidas porque volver a pactar con la izquierda y los independentistas sin hacer concesiones en cuanto al derecho a la autodeterminación podría ser una opción, pero no sería en ningún caso una solución definitiva, pues el pacto gozaría de la misma inestabilidad que ha terminado por imposibilitar el pacto de los presupuestos y ha abocado a Pedro Sánchez a la convocatoria de elecciones.

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