Opinión

El Chapo y la tóxica idea del amor romántico

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Durante el juicio del Chapo Guzmán, que acaba de concluir, hubo un protagonista inesperado: sus mujeres. Conocimos nombres, su participación en la red criminal, y detalles íntimos. ¿Qué las llevó a involucrarse con el narcotraficante más peligroso del mundo?

Fue, sin duda, uno de los procesos del siglo. El criminal, que reconoció a agentes federales de México el haber matado entre "2.000 y 3.000 personas", fue declarado culpable por unanimidad por narcotráfico y nueve delitos más, después de casi cuatro meses de juicio. Guzmán Loera enfrenta una sentencia máxima de cadena perpetua.

El jurado de la corte de Brooklyn recibió a 56 personas que testificaron en contra del narcotraficante. Algunos eran ex socios, ex colaboradores y ex amantes. Señalaron sobornos a altos funcionarios del gobierno mexicano, incluyendo dos ex presidentes de México; la despiadada violencia con la que torturaba y ejecutaba; la acusación de que compraba niñas hasta de 13 años de edad por 5.000 dólares para mantener relaciones sexuales con ellas.

Magda Coss, periodista, escritora y fundadora de la asociación civil 24-0 México.
Magda Coss, periodista, escritora y fundadora de la asociación civil 24-0 México.
"Las narcoseries humanizan a los criminales y al mismo tiempo glorifican la imagen de personas que han sido asesinos y responsables de la violencia que arrasa en México".

Dicen los medios que el Chapo se tocó el corazón en señal de despedida a su esposa romantizando el desenlace del juicio como si fuera un capítulo más de la serie de televisión producida por Netflix y Univisión sobre su vida. Las narcoseries humanizan a los criminales y al mismo tiempo glorifican la imagen de personas que han sido asesinos y responsables de la violencia que arrasa en México. Corridos y películas alimentan la normalización de la criminalidad pero es sin duda la noción del amor romántico lo que hace que alguien como el Chapo Guzmán consiga mujeres cómplices.

El mito del amor romántico es el modelo de relación en el que el amor todo lo puede; la idea de que alguien las rescatará y protegerá por siempre; justifica hacer cualquier cosa por amor, y que los celos son prueba de cuán enamorado se está, pero al mismo tiempo propicia comportamientos violentos en los que las personas – generalmente las mujeres- pierden su autonomía.

Decía Simone de Beauvoir en su obra 'El Segundo Sexo' que "el día en que a la mujer le sea posible amar con su fuerza, no con su debilidad, no para huirse, sino para hallarse, no para destituirse, sino para afirmarse, entonces el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no de mortal peligro".

Las mujeres del Chapo

Y mortal peligro es lo que encuentran las mujeres del Chapo, o por lo menos, la amenaza permanente sobre sus vidas y las de sus familias.

Así fue en el caso de Zulema Hernández, a quien conoció mientras ambos estaban recluidos en el Penal de Puente Grande, en Jalisco. Al parecer, después de la fuga del Chapo, ambos siguieron en contacto. En 2008, el cuerpo de Hernández fue hallado en una cajuela con signos de tortura y la letra Z marcada con cortes en varias partes de su cuerpo, por lo que se cree que fue asesinada por los Zetas, cartel enemigo de su ex pareja.

Mucho tiempo antes de volverse el narcotraficante más poderoso del mundo, Guzmán Loera conoció a Blanca Estela Peña en una fiesta, en la cual él se enamoro de ella instantáneamente. La entonces empleada de un banco fue acosada por el narcotraficante, quien lanzaba flores desde una avioneta a su casa. Después de rechazarlo, fue "robada" por el narcotraficante y obligada a ser su pareja.

Las leyendas urbanas narran los grandes despliegues de regalos, de cierre de carreteras, de bailes pagados, flores, celulares y regalos con los que el Chapo, conquistaba y controlaba a sus mujeres, hechos por los que después ellas se convertirían en colaboradoras y cómplices.

Emma Coronel, su actual esposa, era una ex reina de belleza que tenía 17 años cuando conoció al Chapo y 18 años cuando se casaron, mientras él tenía 52. Según uno de los testimonios, ella fue una pieza clave para coordinar la fuga del Chapo del penal del Altiplano.

Lucero Sánchez, exdiputada en Sinaloa en 2014, conoció al Chapo a los 21 años. Según sus declaraciones, sostuvo una relación con Guzmán, en la que se mezclaban el enamoramiento y el miedo "hasta el día de hoy". "Yo estoy confundida, porque pensé que era una relación de pareja", dijo la ex diputada, que se se dedicaba a comprar paquetes de marihuana a pedido de él, que le mandaba marcados con corazones. Ella aseguró que "trabajó por amor" y que nunca recibió dinero.

Agustina Cabanillas, alias 'la Fiera', comenzó una relación sentimental con el narcotraficante en 2010. Según los mensajes intervenidos, él alguna vez le dijo que era la persona más importante en su vida. "La Fiera" compraba químicos y cocaína para el Chapo; a cambio, le pagó una liposucción.

Magda Coss, periodista, escritora y fundadora de la asociación civil 24-0 México.
Magda Coss, periodista, escritora y fundadora de la asociación civil 24-0 México.
" Todas ellas fueron seducidas y justificaron, aunque sea para sí mismas, el involucrase con un criminal por la promesa, al final machista, de convertirse en una especie de princesa, ataviada de poder y dinero".

Incluso hay una mujer que podría nunca haberse vinculado con el capo: Kate del Castillo, que no fue llamada a testificar. Fue ella la que buscó ese contacto. Después el narco le diría: "Eres lo mejor de este mundo. Seremos muy buenos amigos. Tú ponte de acuerdo cuándo puedes regresar… Ten fe que estarás a gusto. Te cuidaré más que a mis ojos". Y ella respondería: "Me mueve demasiado que me digas que me cuidas, jamás nadie me ha cuidado, ¡gracias! ¡Y tengo libre el siguiente fin de semana!". La sedujo el Chapo por la posibilidad de contar en la gran pantalla la historia de un asesino y volverlo un héroe.

Una fantasía nociva

Todas estas mujeres sabían con quién se metían y no son inocentes, pero al mismo tiempo todas fueron de alguna manera víctimas de un modelo de relación en el que es normal –y hasta halagadora–, la violencia, el poder económico, la adulación, la presión, el hostigamiento, o incluso la intimidación y el secuestro. Todas ellas fueron seducidas y justificaron, aunque sea para sí mismas, el involucrase con un criminal por la promesa, al final machista, de convertirse en una especie de princesa, ataviada de poder y dinero.

Al final, terminaron marcando su destino al hacerse parte de la vida de un hombre que representaba la violencia porque era un precio que en su estereotipo de relación valía la pena pagar. Lo que debemos aprender –y enseñarle a las niñas de hoy– es que esa fantasía es nociva y termina creando dependencias insanas.

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