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Sin tabúes: Todo lo que quiso saber y no se atrevió a preguntar sobre las presidenciales de EE.UU.

Publicado: 3 feb 2016 18:02 GMT | Última actualización: 4 feb 2016 16:47 GMT
REUTERS/Molly Riley

REUTERS/Molly Riley

La campaña presidencial de Estados Unidos ha entrado en una etapa crucial: ya ha comenzado el periodo de elecciones primarias, en las cuales cada precandidato libra una batalla para poder representar a su partido en las elecciones presidenciales del próximo 8 de noviembre, que prometen ser unas de las más intensas de la historia.

Tal y como marca la tradición, el pistoletazo de salida de este largo proceso de elección de candidatos lo ha marcado el caucus —asambleas populares— del estado de Iowa, que se ha celebrado este 1 de febrero. En esta etapa primaria, los integrantes del partido político discuten y votan para escoger al mejor candidato a la presidencia. Pese a que el número de delegados que está en juego en Iowa apenas ronda el 1 % del total, la obtención de un buen resultado cobra gran importancia, ya que se considera que esa toma de contacto resulta determinante en las campañas electorales norteamericanas.

Según las votaciones preliminares, en esta etapa que inaugura el proceso electoral hacia la presidencia de EE.UU. el precandidato republicano ganador ha sido Ted Cruz, superando a Donald Trump en un 3 %. Por su parte, Hillary Clinton ha liderado de manera muy ajustada el caucus del Partido Demócrata, tras vencer a Bernie Sanders en un 0,2 %.

¿Las elecciones primarias son una lucha entre los demócratas y los republicanos?

La respuesta es no. Al contrario de lo que se pueda pensar, durante las elecciones primarias los dos principales partidos estadounidenses eligen a sus líderes; es decir, quienes consolidarán a los votantes y a la clase dominante del partido y tendrán más opciones de llegar a la Casa Blanca. La duda principal reside en conocer por quién apostarán para la carrera final tanto los demócratas como los republicanos. Este lunes, tres de los seis candidatos del Partido Demócrata se retiraron del proceso, mientras que aún quedan 9 de los 17 aspirantes republicanos.

Hillary Clinton y Donald Trump, ¿los líderes de las presidenciales de 2016?

El nivel de incertidumbre es notable. Cada una de las partes cuenta con un candidato principal, pero ningún aspirante parece invulnerable.

Donald Trump

De momento, el líder más popular entre los partidarios republicanos es el multimillonario Donald Trump. Para muchos, es el protagonista del momento y a sus reuniones con los votantes acuden multitud de seguidores, que aplauden todas sus intervenciones, por muy descabelladas que sean. Trump ha generado diversas polémicas debido a su retórica agresiva, con la que ha abordado desde la construcción de un muro en la frontera con México hasta la prohibición de que los musulmanes visiten EE.UU., pasando por su incentivación para que ataquen al actual presidente del país, Barack Obama, por motivos raciales y religiosos.


"Podemos tener un gran y hermoso muro (en la frontera con México) y detener el crimen y el narcotráfico"
Donald Trump

"Podemos tener un gran y hermoso muro (en la frontera con México) y detener el crimen y el narcotráfico. Vamos a detenerlo", declaró el multimillonario durante el programa televisivo 'The Late Show', de Stephen Colbert. Con esta barrera, Trump pretende bloquear la entrada de los inmigrantes ilegales que pretenden entrar en Estados Unidos de manera ilegal.

A pesar de que las previsiones indicaban que el 28 % de los votantes de Iowa apoyaría al magnate, en este caucus Trump ha obtenido un 24,31 % de apoyos y siete delegados, frente al 27,65 % y ocho delegados del senador republicano por Texas, Ted Cruz. El tercero en discordia ha sido Marco Rubio, senador por Florida, que ha registrado un 23,09 % de votos y siete delegados.

Algunos expertos mantienen que las escandalosas declaraciones del multimillonario y el reciente apoyo de la polémica exgobernadora de Alaska, Sarah Palin —entre cuyas 'perlas' figura que los inmigrantes deben hablar el idioma "americano" si quieren quedarse en el país—, han generado multitud de críticas entre algunos votantes y ha provocado que las posibilidades de Ted Cruz (quien contaba con un 23% en intención de voto, según las encuestas) se hayan elevado bruscamente. 

Hillary Clinton

Por su parte, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton es la candidata demócrata presidencial, a pesar de que su nombre aparece relacionado con varios escándalos. Por ejemplo, de las cerca de 3.000 conversaciones que el Departamento de Estado ha desclasificado hasta hoy, destaca un documento de febrero de 2011 enviado por John Godfrey, un integrante del Departamento de Estado, que contiene un análisis sobre cómo EE.UU. debía ayudar al desarrollo de Libia y al asentamiento de su Gobierno tras la caída de Gaddafi.


Algunos analistas destacan que ha perdido el apoyo de sus propios partidarios debido a sus estrechos lazos con Monsanto

En marzo del 2015 también se reveló que Clinton había utilizado una cuenta de correo electrónico privada durante todo su mandato como secretaria de Estado, algo que está considerado como una violación de la política del Departamento de Estado. Además, algunos analistas destacan que ha perdido el apoyo de sus propios partidarios debido a sus estrechos lazos con Monsanto, el polémico gigante biotecnológico que cultiva semillas modificadas genéticamente.

La pugna demócrata es cosa de dos

La gran diferencia es que en las primarias republicanas participan 9 personas, mientras que la lucha real en el partido demócrata es cosa de dos precandidatos: Clinton y el senador de Vermont, Bernie Sanders, ya que el exgobernador de Maryland, Martin O'Malley, ha abandonado la carrera por la presidencia.

En los comienzos, la puntuación de Sanders no superaba el error estadístico y poca gente creía que un político que se autodenomina como "demócrata socialista" podía convertirse en un rival serio para la que fuera secretaria de Estado, una experimentada política y esposa del popular expresidente Bill Clinton.

Sin embargo, la campaña del senador de Vermont, quien se opone a la clase dirigente y apela a los estadounidenses no ricos, ha resultado sorprendentemente eficaz. Así, en la víspera del caucus en Iowa, las previsiones para ambos precanditatos estaban muy igualadas —un 45 % para Clinton frente a un 42 % de Sanders— y los resultados finales han seguido esta línea: la candidata solo ha aventajado al senador en un 0,2 %.

Teniendo en cuenta que en las encuestas del estado de Nuevo Hampshire, donde se celebrarán las primeras primarias el próximo 9 de febrero, Sanders casi dobla a Clinton —un 57 %, frente a un 34 %—, las posibilidades de la exsecretaria de Estado de vencer son inferiores a las que tuvo en 2008, año en el que comenzó como favorita pero, al final, perdió ante Obama.

¿Qué pasa con Jeb Bush?

Quienes consideran que el precandidato republicano Jeb Bush, hijo del presidente número 41 de EE.UU., George H. W. Bush, y hermano del también expresidente George W. Bush, aún tiene posibilidades en la carrera presidencial, es que no han seguido las noticias estadounidenses en los últimos seis meses. El senador por Florida, quien al principio de la campaña estaba considerado como el presidenciable favorito de los republicanos, perdió toda esperanza en agosto de 2015.

Las presidenciales son una carrera de fondo

Ante todo, las elecciones presidenciales estadounidenses son una maratón que puede durar hasta casi dos años. Por ejemplo, en la campaña de 2008 Hillary Clinton anunció su candidatura 700 días antes de la jornada electoral. En esta ocasión, el primer candidato destacado que se comprometió a participar en las elecciones fue el republicano Ted Cruz, que anunció su candidatura en marzo de 2015, con 596 días de margen.

Estados Unidos funciona de este modo porque, además del apoyo ciudadano, los candidatos necesitan dinero, un apartado importante por dos razones: supone un signo de fortaleza y, a su vez, se convierte en una fuente adicional de poder.

La siguiente gráfica muestra los millones de dólares reunidos por los precandidatos y engloba tanto la cantidad de dinero recaudado en campaña como lo obtenido gracias a los Comités de Acción Política (PAC, por sus siglas en inglés), los cuales incluyen donaciones de particulares, sindicatos y empresas. 

Sin embargo, la duración de las campañas electorales no solo está relacionada con el hecho de que los candidatos amasan grandes cantidades durante el proceso, sino también con el complejo sistema de varias etapas: antes de conseguir la oportunidad de luchar por la presidencia contra el líder de la oposición, el candidato debe ganar las elecciones dentro de su propio partido. Para lograrlo, tiene que conseguir el apoyo de los 50 estados; es decir, cuando comienzan las elecciones primarias, el nombre del candidato en cuestión ya debe estar en boca de todos.

El inquietante y largo proceso de las elecciones primarias

Las elecciones primarias presidenciales son los primeros comicios que se celebran en todos los estados norteamericanos. La dificultad del proceso radica en que el procedimiento electoral varía de un lugar a otro: en algunos territorios se realizan elecciones primarias —votación individual directa y secreta—, mientas que otros organizan caucus. La expresión 'elecciones primarias' se refiere tanto a las elecciones primarias propiamente dichas como a los caucus o asambleas populares.

En esos caucus eligen a los delegados y no votan del modo habitual. Se trata de una discusión grupal y abierta en la que los votantes se reúnen en una habitación grande para 'votar con los pies'; es decir, al principio se sitúan en un bando u otro en función de sus preferencias políticas, pero todos pueden cambiar de posición en cualquier momento. El candidato ganador es quien, tras un intenso debate que puede durar horas, cuenta con el mayor número de seguidores. Los estados que emplean este método son Iowa, Alaska, Colorado, Maine, Hawái, Kansas, Minesota, Nevada, Dakota del Norte, Washington y Wyoming.

Aunque no existe unanimidad sobre el origen del término caucus, el filólogo estadounidense del siglo XIX James Hammond Trumbull sugiere que procede del idioma algonquino, lengua hablada por un grupo de pueblos indios norteamericanos. El término significa 'reunión de jefes de tribus' o 'consejo', en el que los nativos americanos designaban a los hombres sabios.

En general, la participación es mayor en las elecciones primarias, mientras que en los caucus intervienen los individuos más activos desde el punto de vista político. Respecto a las primarias, pueden ser cerradas o abiertas. En el primer caso, la persona registrada solo puede participar en la elección del partido al que está afiliada, mientras que en las primarias abiertas puede votar en cualquiera de las dos, aunque tiene que seleccionar una de ellas.

La importancia de 'los primeros' de las primarias

Los estados de Iowa y Nuevo Hampshire tienen un significado especial en las elecciones presidenciales, ya que allí se celebran las primeras elecciones primarias: mediante caucus y elecciones propiamente dichas, respectivamente. La atención mediática concentrada en Iowa este 1 de febrero es comparable con la que contarán todas las etapas posteriores durante la carrera presidencial. De este modo, la primera victoria parcial supone una gran oportunidad para que el candidato presidencial se declare como un serio aspirante a la Casa Blanca.

Por ejemplo, en 2008 un senador de Illinois poco conocido en esos momentos, Barack Obama, derrotó en Iowa a la precandidata demócrata favorita, Hillary Clinton, quien, a pesar de que venció en Nuevo Hampshire, no logró encarrilar su campaña desde entonces. Este hecho demuestra que quien gana las dos primeras consultas posee grandes probabilidades de convertirse en candidato a la presidencia del país.

Divisando la meta: ¿Cómo se determina al ganador?

Tras las elecciones primarias y los caucus, al final los votantes seleccionan a los delegados que, posteriormente, nombrarán en las convenciones demócrata y republicana a los candidatos presidenciales. El número de delegados lo determina la población de los estados: los demócratas eligen a 4.764 y los republicanos, a 2.472. Casi todos estos representantes están obligados a votar de acuerdo con los resultados de las primarias, pero esta máxima no se cumple siempre.

En esta segunda fase del proceso, para que un candidato gane la convención necesita tener el favor de la mitad más uno de los delegados en juego: es decir, un republicano necesita el apoyo de 1.236 delegados y un demócrata, el aval de 2.382. Además, existen 'superdelegados' —expresidentes, senadores de honor y otros representantes—, cuya tarea es recordar los intereses del partido y que pueden votar por cualquiera de los candidatos de la formación, incluso anunciar sus preferencias antes del comienzo de las elecciones primarias.

La Convención Nacional Republicana tendrá lugar en Cleveland, (Ohio) entre los próximos 18 y 21 de julio, mientras que la Convención Nacional Demócrata se celebrará entre el 25 y el 28 de julio en Filadelfia (Pensilvania). Cuando terminen estos eventos, comenzará la elección general, que será 'corta' y costosa. En ese periodo, los candidatos emplearán los recursos financieros recaudados específicamente para esta etapa, con el objetivo de intentar captar el voto de los indecisos. Llegados a este punto, los anuncios, los debates y las encuestas en los medios de comunicación cobrarán especial importancia.

Desde 1845, las elecciones siempre se celebran el primer martes después del primer lunes de noviembre de cada año bisiesto. En esta ocasión, la contienda final tendrá lugar el próximo 8 de noviembre, cuando decenas de millones de norteamericanos votarán a su candidato a ejercer como presidente de Estados Unidos. En realidad, esos sufragios determinan a quién deben dirigir su voto los electores de los estados en el Colegio Electoral, que está integrado por 538 electores. Cada territorio puede elegir a tantos electores como senadores y congresistas enviará al Congreso.

Así, en cada estado los partidos establecen sus listas de electores, que se presupone que votarán por el candidato presidencial nominado por su propio partido. En 48 de los 50 estados (excepto en Maine y Nebraska), si un partido gana con una mayoría relativa de los votos se queda con todos los electores en disputa, no solo con los que le corresponderían en función del recuento de papeletas. De esta manera, un candidato precisa 270 votos del Colegio Electoral para llegar a la Casa Blanca. El ganador sucederá a Barack Obama y asumirá sus funciones como presidente el 20 de enero de 2017.

¿Qué sucede si ningún candidato presidencial obtiene 270 votos electorales?

En caso de que ningún candidato obtenga la mayoría de los votos electorales, la Cámara de Representantes elegirá al presidente de entre los tres aspirantes presidenciales que recibieron más votos electorales.

¿Quién ganará las elecciones presidenciales de EE.UU.?

A pesar de que quedan casi nueve meses y se vislumbra una campaña muy reñida, a la hora de acertar con el candidato ganador los mercados de predicciones —en los que los corredores de apuestas compiten sobre los resultados de determinados eventos— suelen ofrecer predicciones más acertadas que las encuestas en línea o a pie de calle. El problema de esos pronósticos es que, en ocasiones, exageran las posibilidades de los candidatos con menos opciones para que las personas apasionadas apuesten más.

Redactado por Yulia Nitchiporenko
Diseño de Nina Tikhova

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