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¿Debería Trump recibir el Premio Nobel de la Paz?

Publicado: 7 may 2018 21:12 GMT

En opinión del filósofo Slavoj Zizek, aquellos que verdaderamente merecen un Premio Nobel de la Paz son héroes cuyos nombres solo se conocen años después.

¿Debería Trump recibir el Premio Nobel de la Paz?
Donald Trump durante una rueda de prensa con el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, en la Casa Blanca, el 30 de abril de 2018
Kevin Lamarque / Reuters
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En las últimas semanas se han multiplicado las voces que proponen concederle el Premio Nobel de la Paz al presidente estadounidense, Donald Trump, por su contribución a la resolución del conflicto en la península coreana. Entre los que apoyan esta idea está el propio mandatario surcoreano, Moon Jae-in. Pero ¿es realmente probable que Trump sea galardonado con este premio?

¿Deberían realmente Trump y Kim ser recompensados solo por no actuar de manera tan loca como temíamos?

El filósofo cultural esloveno Slavoj Zizek, que opina que "Donald Trump no debería recibir el Premio Nobel de la Paz", propone, según una expresión francesa, "esperar y ver qué pasa". Al mismo tiempo, escribe en un artículo de opinión que, "por muy increíble que sea la propuesta de que Trump reciba el Premio Nobel de la Paz, deberíamos reaccionar a ello de tres maneras".

En primer lugar, el filósofo subraya que "el gran compromiso que permitió el avance hacia una resolución pacífica de la crisis coreana no fue responsabilidad de Trump sino de Kim Jong-un", de modo que "cualquier premio debería ser dirigido a la pareja en conjunto". Aunque, al mismo tiempo, señala la "obvia debilidad" de la idea de entregar el premio "a lo que podría decirse que es el régimen más opresivo del mundo".

En segundo lugar, Zizek recuerda que no hace mucho tiempo Trump y Kim intercambian insultos y se jactaban de sus respectivos botones nucleares. "Normalmente nos quejamos de que, en la enajenada y burocratizada política actual, las restricciones y las presiones institucionales impidan a los políticos expresar sus visiones personales", escribe el autor. "Pero, en este caso, esperamos que tales restricciones sí prevengan la expresión de visiones personales demasiado locas", señala Zizek. "Por tanto, ¿deberían realmente Donald y Kim ser recompensados solo por dar un giro de 180 grados y no actuar de manera tan loca como temíamos?", se pregunta el filósofo.

En tercer lugar, Zizek destaca la "desagradable verdad" del hecho de que, "lejos de ser simplemente un belicoso y loco líder estadounidense, Trump no ha resultado ser tan malo en comparación con Hillary Clinton". "En el peor de los casos, Trump principalmente continúa la política de sus predecesores", concluye el autor.  

Razonando sobre quiénes merecen en realidad ser galardonados con el Premio Nobel de la Paz, Zizek opina que son probablemente "aquellas personas que nunca lo obtendrán". Como ejemplo, recuerda la crisis de los misiles en Cuba y "la escaramuza entre un destructor estadounidense y el submarino soviético B-59" del 27 de octubre de 1962.

El destructor lanzó cargas de profundidad cerca del submarino para obligarlo a subir a la superficie, sin saber que llevaba torpedos nucleares. Uno de los miembros de la tripulación del submarino, Vadim Orlos, contó en una conferencia en La Habana que el submarino estaba autorizado para disparar si tres oficiales estaban de acuerdo. En este caso, dos estaban a favor y uno en contra. "Un muchacho llamado Arjípov salvó el mundo", comentó posteriormente un historiador. 

El premio debe ser entregado de forma retroactiva a héroes sin nombre como Arjípov o Karpái

Otro ejemplo citado por Zizek es el caso de la cardióloga soviética Sofía Karpái, que en 1948 no consiguió detectar signos de un ataque cardíaco en el político soviético Andréi Zhdánov, que falleció unos días después. Karpái hizo dos electrocardiogramas y, mientras que el resultado del primero era ambiguo, el segundo descartó el ataque.

En 1951, Karpái fue arrestada bajo acusaciones de haber conspirado con otros médicos y falsificar datos borrando las indicaciones claras de un ataque cardíaco. Ante la presión, los otros médicos confesaron, pero ella no lo hizo. "La importancia de su perseverancia no puede sobreestimarse: su firma habría puesto el punto final en el caso del fiscal sobre "la trama de la doctora", que hubiera desencadenado un mecanismo, que, una vez en la práctica, habría llevado a la muerte a cientos de miles de personas, quizás incluso a una nueva guerra europea", escribe Zizek. Después de la muerte de Stalin, el caso fue descartado.

"De estos casos nos enteramos solo a veces y solo años después. Por tanto, si existe un mínimo de justicia sobre quién recibe el Premio Nobel de la Paz, no debería ser entregado ni a políticos activos por sus acciones presentes (es decir, simplemente por no ser tan brutales como esperábamos), ni a políticos por sus esperadas acciones futuras; el premio debe ser entregado de forma retroactiva a héroes sin nombre como Arjípov o Karpái".

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