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Elecciones presidenciales en México: Una guía con todo lo que debes saber

Publicado: 1 jul 2018 00:09 GMT | Última actualización: 1 jul 2018 18:03 GMT
Elecciones presidenciales en México: Una guía con todo lo que debes saber
Empleados del INE cuentan las boletas que se utilizarán en la elección presidencial del 1 de julio. México, 4 de junio de 2018. / Jose Luis Gonzalez / Reuters

Durante las elecciones de este domingo 1 de julio, 87 millones de mexicanos podrán salir a votar para elegir al próximo presidente de México, renovar al Congreso y definir 9 gubernaturas en disputa, dentro de una votación histórica.

No en balde, el Instituto Nacional Electoral de México ha calificado el proceso que culmina este domingo como las "elecciones más complicadas de la historia", las cuales han sido marcadas por una crisis de violencia y una epidemia de asesinatos a niveles inéditos.

En este sentido se desarrollarán las votaciones que podrían representar incluso un cambio de régimen político debido a las altas posibilidades de que un político de izquierda logre alcanzar la Presidencia de México por primera vez en lo que va de la llamada transición a la democracia, misma que, de acuerdo con algunos expertos en el tema, comenzó con la reforma política de 1977.

De ahí que México se juega su futuro tras una historia reciente marcada por acusaciones de fraude electoral, desencanto y un creciente enojo contra el actual sistema político.

  • Los candidatos a la Presidencia 

El izquierdista y candidato por la coalición Juntos Haremos Historia (Morena-PES-PT), Andrés Manuel López Obrador, llega como el máximo favorito tras haber encabezado todas las encuestas de preferencia electoral en lo que va de 2018, y ampliando su ventaja conforme se acercaba el día de la votación.

En su tercer intento por alcanzar la Presidencia de México, tras no lograr su cometido en 2006 y 2012, López Obrador realizó una serie de alianzas con políticos y empresarios que anteriormente conformaban lo que él mismo ha denominado como "la mafia del poder". 

Uno de ellos es el empresario Alfonso Romo, quien en caso de un triunfo fungirá como jefe de Oficina de la Presidencia tras haber sido coordinador del proyecto de nación de Morena, el partido fundado por López Obrador tras las elecciones donde resultó vencedor el actual presidente, Enrique Peña Nieto. Romo ha sido también una pieza clave para abrir espacios de interlocución con el sector financiero.

A pesar de ello, el choque con las cúpulas empresariales mexicanas fue una constante a lo largo de su campaña presidencial. Por un lado, los empresarios intentaron revivir la idea de que el político tabasqueño representaba "un peligro para México", tratando de establecer entre la opinión pública supuestos paralelismos entre Obrador y el gobierno de Venezuela. El candidato de Morena respondió a los ataques calificando de "minoría rapaz" a los hombres más ricos del país.

Andrés Manuel López Obrador durante su cierre de campaña en el Estadio Azteca, en Ciudad de México, el 27 de junio de 2018. / Alexandre Meneghini / Reuters

El conflicto se materializó en enfrentamientos que giraron en torno a la posible cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, la obra más importante del actual sexenio, lo cual provocó meses de señalamientos cruzados entre empresarios de alto perfil como Carlos Slim y López Obrador. La posible cancelación de la reforma educativa y la revisión de los contratos otorgados mediante la reforma energética fueron también motivo de varios encontronazos entre el izquierdista y el sector empresarial.

Durante una reunión con banqueros, López Obrador incluso afirmó que en caso de que las cúpulas intentaran "un nuevo fraude", él no contendría el enojo social de la gente como en otras ocasiones: "Si se atreven a un fraude, a ver quién amarra al tigre, ya no voy a estar yo deteniendo a la gente luego de un fraude electoral", dijo Obrador en marzo pasado.

Sin embargo, conforme se fue acercando el día de la elección, una parte importante de las élites empresariales mexicanas bajaron el tono de sus señalamientos, hasta que finalmente, López Obrador pactó una tregua con los empresarios durante una reunión a puerta cerrada con el Consejo Mexicano de Negocios, organización que reúne a los empresarios más ricos de México.

Pero a pesar de ello, las alianzas de López Obrador con políticos del PRI y PAN, han generado desconfianza incluso entre las mismas bases sociales que apoyan al candidato de Morena, quienes han observado con reservas la llegada de personajes como los panistas Germán Martínez, Gabriela Cuevas y Manuel Espino. Esto, sin contar con los espacios que Morena abrió a políticos del PRI para contender a cargos de elección popular.

En contraparte, Obrador también supo atraer para su causa a liderazgos sociales como el sacerdote y defensor de derechos humanos, Alejandro Solalinde; el exlíder de las autodefensas de Michoacán, José Manuel Mireles, la expolicía comunitaria Néstora Salgado y al líder del sindicato minero Napoleón Gómez Urrutia, entre otros.

Otro factor determinante fue la manera en que López Obrador apenas criticó al presidente Peña Nieto durante las campañas. Un asunto que, aunado a la propuesta del candidato de conceder una amnistía a criminales con el fin de pacificar el país, ha sido interpretado como un mensaje de que no buscará encarcelar a Peña en caso de llegar a la Presidencia. Una situación que, en buena medida, podría explicar el por qué López Obrador tampoco fue golpeado políticamente desde Los Pinos a lo largo de las campañas presidenciales.

Un hecho que genera dudas de si, efectivamente, López Obrador cumplirá con su promesa de acabar con la corrupción y la impunidad, así como resolver el caso Ayotzinapa, al mismo tiempo que ofrece "borrón y cuenta nueva" al gobierno de Peña Nieto.

Sin embargo, López Obrador ha reafirmado su posición como un candidato antineoliberal que buscará crecimiento económico a través de una mayor inversión pública, así como combatir la pobreza mediante programas sociales.

"Va a ser una transformación pacífica, ordenada, pero profunda y radical. Y que nadie se asuste. La palabra radical, viene de raíz y que el propósito es arrancar de raíz el régimen corrupto de injusticias y de privilegios", exclamó Obrador durante su cierre de campaña en el Estadio Azteca.

El derechista Ricardo Anaya, de la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC), llega a la elección presidencial en segundo lugar de las preferencias a pesar de que las acusaciones de lavado de dinero y su enfrentamiento con el presidente Peña Nieto marcaron su campaña.

Desde enero, Anaya logró situarse en un segundo lugar de las encuestas, tratando de posicionar una imagen de candidato "anti-sistema", defendiendo propuestas como un gobierno de coalición y el Ingreso Básico Universal, así como un discurso enfocado en la disrupción tecnológica como un medio para resolver problemas sociales.

Su mejor momento lo alcanzó en febrero, cuando logró registrar la menor desventaja frente a López Obrador por menos de 10 puntos porcentuales. Ese mismo mes, Anaya enfrentaría señalamientos por parte de la Procuraduría General de la República (PGR) de supuestamente haber participado en actividades de lavado de dinero durante la millonaria compra-venta de una nave industrial, mediante transacciones realizadas por el empresario Manuel Barreiro a través de empresas fantasma. Acusaciones que el gobierno mexicano nunca pudo probar.

Aunque el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación resolvió que la manera en que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto utilizó las instituciones de procuración de justicia con fines políticos, perjudicó a Anaya y afectó la "equidad de la contienda", el candidato derechista no pudo reponerse del daño mediático que causó este hecho en su campaña.

"Creo que lo más lamentable del proceso electoral es la intromisión del gobierno federal a través de la PGR", declaró Anaya en una entrevista al cierre de las campañas electorales con El Universal.

Ricardo Anaya, durante un acto de campaña en el Ángel de la Independencia en Ciudad de Mexico, el 24 de junio de 2018. / Gustavo Graf Maldonado / Reuters

Sin embargo, este no fue el único enfrentamiento que tuvo un alto costo político. Su ruptura con Margarita Zavala, la esposa del expresidente Felipe Calderón, por la candidatura presidencial por parte del PAN, provocó una fisura al interior del partido, lo cual generó un distanciamiento entre Anaya y el voto duro de la militancia panista ante la ambigüedad que mostró el candidato en temas como el matrimonio entre homosexuales o el aborto. Esto último, debido a los compromisos adquiridos por Anaya con el PRD y MC, partidos de centroizquierda, lo cual mermó su imagen entre algunos sectores de la derecha más conservadora.

Con el candidato del PRI relegado a un tercer lugar en las encuestas, Anaya logró durante algún momento convertirse en la opción de las cúpulas empresariales. Incluso, algunos empresarios intentaron convencer al presidente Peña Nieto de apoyar a Anaya para impedir lo que se perfilaba como un inminente triunfo de López Obrador.

El mismo Anaya se mostró abierto a la posibilidad de construir una alianza con el presidente Peña Nieto, tal como reconoció en un foro con empresarios el 27 de abril, a pesar de que apenas unas semanas atrás, Anaya amagó con investigar y encarcelar a Peña Nieto en caso de ser declarado culpable de actos de corrupción. Esto, aún cuando Anaya se retractó posteriormente sobre su posible alianza con Peña Nieto.

Sin embargo, la ruptura entre Peña y Anaya, ocurrida luego de una reunión secreta entre ambos, celebrada en Los Pinos el 20 de enero de 2017, fue lo suficientemente profunda como para que el presidente accediera apoyar al candidato del Frente. Aunque hasta el momento Peña ni Anaya han aclarado públicamente qué fue lo que se pactó en dicha reunión, su relación que había sido cordial hasta entonces, se convirtió en una guerra abierta, en el marco de las elecciones a la gubernatura del Estado de México, luego de que el equipo cercano a Peña calificara a Anaya como un político "traicionero".

De este modo, los ataques, las filtraciones y los señalamientos contra Anaya continuaron a lo largo de la contienda electoral. Así ocurrió con los inexplicables ingresos de su esposa, Carolina Martínez, por 1,4 millones de dólares, mismos que no corresponden a la declaración patrimonial del candidato presidencial, según estados de cuenta bancarios obtenidos por la revista Proceso.

A principios de junio, el caso sobre el supuesto lavado de dinero de Anaya volvió a dar de qué hablar, cuando el hermano del empresario Manuel Barreiro, fue captado en un video asegurando que su familia inyectó dinero a la campaña de Anaya. "Se le metió muchísimo dinero para que gane", dijo Juan Barreiro. "Se hizo algo para hacerle llegar dinero en cuanto a unas bodegas", agregó.

Anaya acusó al gobierno de Peña Nieto por la difusión del video y cerró toda posibilidad de alianza con el presidente. Una situación que, en buena medida, provocó la tregua a regañadientes entre López Obrador y las cúpulas empresariales.

Durante su cierre de campaña, Anaya hizo un llamado al "voto útil" con la esperanza de juntar a su favor el voto anti-AMLO. "Nuestra coalición, y esto debe quedar claro, es la única que le puede ganar a López Obrador", dijo durante su acto final en León, Guanajuato.

La campaña de José Antonio Meade, candidato de la coalición Todos por México (PRI-PVEM-NA) peleó durante todo el proceso electoral por el segundo lugar de la contienda. Sin embargo, nunca pudo sacudirse de encima la crisis de popularidad que arrastra el presidente Peña Nieto por diversos casos de corrupción, lo cual trajo consigo una serie de obstáculos para el candidato de la continuidad.

A lo largo de las campañas, varios analistas señalaron que Meade nunca encontró el tono necesario para conectar con los electores. Paradójicamente, una de las razones principales por las que el presidente Peña Nieto optó por elegir a Meade como su candidato, fue precisamente el hecho de que no es un militante del PRI, con lo cual, se pretendió vender la idea de que el exsecretario de Hacienda era en realidad un "candidato ciudadano" distanciado del partido.

Sin embargo, esto provocó que Meade nunca pudiera conectar con el voto duro del PRI ni con los liderazgos del partido, lo cual derivó en que la famosa "maquinaria electoral" del partido tricolor enfrentara serios problemas para poder operar. Esta situación incluso provocó un cambio en la dirigencia nacional del PRI a media campaña electoral.

Los desencuentros entre Meade y los priistas provocaron que el exfuncionario tuviera que adoptar varios de los usos y costumbres del partido, lo cual menoscabó su imagen de candidato ciudadano que había intentado construir en un principio.

José Antonio Meade durante su cierre de campaña en Saltillo, Coahuila, México, el 27 de junio de 2018. / Alberto Puente / Reuters

Además, el hecho de haberse deslindado tibiamente del presidente Peña Nieto hasta ya muy avanzada la campaña electoral, también le costó varios puntos, así como su participación directa o indirecta en escándalos de corrupción de altos funcionarios del gobierno, tal como ocurrió con los desvíos documentados en el caso de #LaEstafaMaestra cuando Meade fue el titular de la Secretaría de Desarrollo Social.

También fue señalado por sus opositores de haber sido el responsable del incremento en el precio de los combustibles con el llamado "gasolinazo" de inicios de 2017, lo cual fue un factor que jugó en su contra buena parte de la campaña.

A pesar de que Meade era considerado como el candidato natural del sector financiero y empresarial, con quienes lleva buena relación, nunca pudo posicionarse como un rival de peligro para López Obrador, más allá de los golpes mediáticos que propinó al candidato de Morena durante los debates presidenciales

Aunque los simpatizantes de Meade han resaltado su carácter sobrio y sus cualidades de funcionario capaz, el marcado descontento contra el PRI es la razón principal de la caída que registró el candidato en las encuestas de preferencia electoral, aún cuando su equipo todavía apuesta al voto duro del partido para dar una gran sorpresa el día de la elección.

"La historia va a juzgar a quienes, conociendo el riesgo de la alternativa autoritaria y antidemocrática de Andrés Manuel, lo han habilitado", dijo Meade como préambulo de las elecciones del 1 de julio, durante su cierre de campaña en Saltillo, Coahuila. 

La campaña del independiente Jaime Rodríguez 'El Bronco' estuvo marcada en la polémica desde el inicio de la contienda, a pesar de no tener posibilidades reales de ganar, al ubicarse en el fondo de las encuestas con menos del 4% de las preferencias electorales.

La candidatura de Rodríguez generó polémica desde el inicio, al ser designado como candidato independiente a pesar de que se comprobó que su equipo había realizado trampa para reunir las firmas necesarias para tal propósito. Esto sin contar con que meses después, en la recta final de las campañas, el Tribunal Electoral confirmó que 'El Bronco' utilizó recursos públicos del estado de Nuevo León (entidad que gobernaba antes de lanzarse a la presidencial) para reunir las firmas requeridas para avalar su nominación.

El candidato independiente Jaime Rodríguez durante un foro en el Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México el 8 de mayo de 2018. / Gustavo Graf Maldonado / Reuters

Sin embargo, esto no fue impedimento para que las autoridades le retiraran la candidatura, lo cual generó críticas de diversos analistas que veían en esto un riesgo a la legitimidad del proceso electoral.

Pero si algo caracterizó la participación del Bronco en las campañas, fueron sus polémicas propuestas y declaraciones: desde cortarle la mano a los ladrones hasta la ausencia de un proyecto de país. Pese a ello, su estilo frontal y su modo irreverente de hablar, le permitió ganar algunas simpatías en la recta final de la contienda.

  • ¿Qué dicen las encuestas?

Dos de las encuestas más influyentes de México dan una amplia ventaja a Andrés Manuel López Obrador a pocos días de la elección del 1 de julio.

Una de ellas es la encuesta de Reforma, que da el 51% de las preferencias al candidato de Morena frente a un 27% del derechista Ricardo Anaya y un 19% del oficialista José Antonio Meade. 

El Financiero arroja el 54% a favor de López Obrador y deja en un empate técnico a Meade con un 22% y Anaya con un 21%. Según dicha medición, el izquierdista supera a sus rivales por más de 2 a 1. 

De acuerdo con un promedio de todas las encuestas publicadas –recopiladas por organizaciones como Oraculus o Bloomberg– López Obrador registra una ventaja de más de 20 puntos porcentuales en las preferencias electorales, lo cual equivale a poco más de 10 millones de votos.

De este modo, México llega a las elecciones presidenciales con una amplia ventaja del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, cuyo partido Morena lleva también la delantera en el Congreso y las gubernaturas en disputa, lo cual podría representar un quiebre histórico tras más de 30 años de políticas neoliberales.

Una votación en que el PRI, partido del actual presidente Enrique Peña Nieto, se prepara para la mayor derrota electoral de su historia, mientras el partido de derecha PAN se vislumbra como la principal fuerza de oposición.

  • El proceso electoral más violento 

Las campañas electorales en México cerraron con 133 políticos asesinados, lo cual convierte al proceso electoral de 2018 en el más violento en la historia del país, desde la Revolución Mexicana.

De los 133 políticos asesinados, 48 eran candidatos a un puesto de elección popular.

Un policía pone un cordón tras un tiroteo en Ciudad Juárez, México, el 23 de junio de 2018. / Jose Luis Gonzalez / Reuters

En el mismo sentido, la violencia en lo que va de 2018 también ha alcanzado cifras récord en México, ya que en mayo se registró un promedio de 93 asesinatos al día.

De ahí que el combate a la inseguridad y la violencia se convirtió en uno de los principales temas de las campañas electorales en México, junto con el combate a la corrupción.

  • Morena tendría mayoría en el Congreso

Los números indican que López Obrador podría obtener mayoría en el Congreso (algo que no sucede desde hace 18 años), debido a las altas preferencias electorales que registran Morena y sus aliados.

Un factor que dejaría al PAN y sus aliados como segunda fuerza y al PRI relegado en un tercer sitio, en los niveles más bajos desde su fundación como partido político en casi 90 años.

Un empleado del INE muestra las boeltas electorales que se usarán en la elección, Ciudad Juárez, México, 25 de junio, 2018. / Jose Luis Gonzalez / Reuters

De acuerdo con una encuesta de Parametría, Morena tiene el 38% de las preferencias efectivas para el Senado de la República, seguido del PAN con un 20% y el PRI con un 17% de las menciones. Luego siguen PT y PES con un 5%; PRD, MC y PVEM con un 4% y NA con un 1%.

En la Cámara de Diputados, Morena cuenta con el 41% de las preferencias efectivas. Le sigue el PAN con un 17%, PRI con un 16%. Luego viene MC y PT con el 5%; PRD, PVEM y PES con el4%; y NA con apenas un 3%.

Otra encuesta de Consulta Mitofsky también advierte que Morena y sus aliados podrían ser mayoría en el Senado y la Cámara de Diputados.

Sin embargo, la encuesta encargada por empresarios de la Coparmex a las encuestadoras Berumen e Ipsos (con la muestra más grande de todo el proceso electoral) sugiere que López Obrador no lograría obtener mayoría en las dos Cámaras aunque estaría muy cerca de obtenerla (minuto 25:00).

  • La elección en cifras

En las "elecciones más grandes en la historia de México", según el Instituto Nacional Electoral, los mexicanos renovarán los siguientes cargos:

  • 1 Presidencia de la República
  • 500 Diputaciones
  • 128 Senadurías
  • 9 Gubernaturas 
  • 972 Diputaciones locales (a nivel estatal)
  • 1.596 Presidencias municipales y 16 alcaldías en la Ciudad de México

En el caso de las nueve gubernaturas en disputa, Morena lleva una sólida ventaja en cuatro estados donde tiene la elección prácticamente ganada: Ciudad de México, Tabasco, Chiapas y Morelos.

El PAN lleva ventaja en Guanajuato y MC en Jalisco, donde todo parece indicar que se llevarán el triunfo. En el caso de Yucatán, la ventaja es para el PRI, aunque no es tan holgada como los casos anteriores.

Las elecciones más cerradas para gobernador se librarán en dos estados clave por el número de votantes: Veracruz y Puebla, donde Morena y PAN llegarán prácticamente empatados a la votación del 1 de julio.

Manuel Hernández Borbolla

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