Opinión

Amenazas, drones derribados y 'piratería': aumenta la tensión entre EE.UU. e Irán

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Ninguna de las partes quiere la guerra, y es que todos saben que las consecuencias serían desastrosas. Sin embargo, ninguna de las partes quiere ceder. La cuerda cada vez está más tensa, amenazando con romperse y provocar una escalada militar tan impredecible como incontrolable.

El Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), conocido coloquialmente como el 'acuerdo de no proliferación nuclear' firmado en 2015 por Irán con China, Francia, Rusia, Reino Unido, Alemania y EE.UU. prácticamente ha muerto. Estados Unidos se ha salido, la Unión Europea es incapaz de crear un sistema de comercio que sustituya al SWIFT para evitar las sanciones norteamericanas (contra Irán) y a Irán se le agota la paciencia según aumentan las tensiones en sus costas en el estrecho de Ormuz.

En este contexto, los persas han decidido anunciar que pretenden enriquecer uranio por encima de lo permitido en el acuerdo, algo que ha forzado a Washington a sancionar esta semana a firmas chinas y belgas que colaboran con la Compañía de Tecnología Centrífuga de Irán (TESA) –con un papel fundamental en el enriquecimiento nuclear de uranio–, con lo que ello implica teniendo en cuenta que Bélgica es un país de la UE y China un país al que los estadounidenses deberían dejar de enfrentarse tan descaradamente ante el riesgo de un recrudecimiento de la guerra económica que hundiría su mercado tecnológico. El caso de Huawei, respecto al que Trump ha terminado reculando, es uno de los múltiples ejemplos de por qué la Casa Blanca debería dejar de provocar al gigante asiático.

Pero más allá de las sanciones y la política, el riesgo de un enfrentamiento directo se está fraguando, como contra España en 1898, en el mar. El agua se ha convertido en el escenario de una de las escaladas de tensiones más graves desde la guerra fría.

Hace dos semanas, marines británicos asaltaron –en un acto de piratería– el petrolero iraní Grace 1 cuando cruzaba –rumbo a Siria– el estrecho de Gibraltar, pero ya en aguas españolas que reclaman –ilegítimamente– como suyas los bucaneros de la Royal Navy. El asalto y posterior retención del barco se realizaron actuando contra las políticas y los intereses de la Unión Europea. Así 'el conflicto de los petroleros' salía del estrecho de Ormuz, y los misteriosos sabotajes sin autor conocido contra los buques, pasaban a convertirse en ataques directos de un país contra otro.

La respuesta persa llegó pocos días después, cuando los iraníes intentaron evitar que navegase por el golfo pérsico un buque británico, el The British Heritage, que finalmente pudo continuar su rumbo escoltado por una fragata de la marina de Reino Unido. Las tensiones desde entonces sin embargo, no han dejado de ir a más.

Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
"Las provocaciones, las hostilidades y la estrategia de Trump de aplicar la máxima presión a Irán están conduciendo la situación hacia un punto en el que el enfrentamiento resulte inevitable".

La última noticia es que la Guardia Revolucionaria Iraní ha incautado un petrolero que supuestamente transportaba crudo de contrabando. Mientras que Estados Unidos ha respondido pidiendo la liberación inmediata del barco retenido por las fuerzas iraníes "para reducir tensiones", guardan un silencio farisaico respecto al hecho de que el petrolero iraní Grace 1 a día de hoy sigue retenido en aguas gibraltareñas. Todo esto sucedía el mismo día en el que el presidente Donald Trump anunció haber derribado supuestamente un dron iraní cerca del estrecho de Ormuz; según el Pentágono en aguas internacionales, desde luego que más cercanas a Teherán que a Washington.

Las provocaciones, las hostilidades y la estrategia de Trump de aplicar la máxima presión a Irán están conduciendo la situación hacia un punto en el que el enfrentamiento resulte inevitable.

De todos sus objetivos planteados, los halcones de Washington solo han conseguido el de devastar la economía iraní. La UE, sin embargo, se mantiene terca en el intento desesperado de conservar a Irán dentro del acuerdo de no proliferación nuclear. A nivel regional, Irán mantiene su influencia en Siria, Irak, Líbano y Yemen. De hecho, a nivel político, los Ayatolás parecen haber salido reforzados, y la preocupación se contagia a países vecinos –pero también lejanos– que observan con temor cómo un error de cálculo puede desatar una respuesta que provoque el aborrecible enfrentamiento armado entre el eje iraní y el eje norteamericano.

Aunque ninguno de los países quiere la guerra, el ministro de Exteriores iraní, Javad Zarif, ha reconocido que cuando Irán destruyó el dron de EE.UU. hace un mes, "estuvieron a pocos minutos de la guerra".

Pero las provocaciones continúan. Además de los barcos retenidos –o más bien tomados como rehenes– por ambos bloques, los buques iraníes se enfrentan a la amenaza de las sanciones impuestas unilateralmente por Estados Unidos allá por donde navegan. Una noticia no tan destacada como los choques en Ormuz y Gibraltar, es que dos naves de Irán llevan semanas estancadas en puertos brasileños después de que el gobierno de Jair Bolsonaro les impida repostar a razón de las sanciones de Trump.

Y aunque ninguno de los países quiere la guerra, Estados Unidos ha propuesto crear un organismo de cooperación contra Irán en las aguas del golfo y la costa persa. La intención es "disuadir las acciones malignas", aunque todos sabemos que la intención es la de mirar únicamente hacia uno de los lados del golfo. Lo que propone el Pentágono ni se plantea vigilar a Emiratos Árabes Unidos, ni a Arabia Saudí, ni aBahrein ni a los navíos de otros países de la OTAN que navegan por esas aguas.

Porque el gobierno de Rohani se ha dispuesto a aceptar 'inspecciones más intrusivas' sobre su actividad nuclear a cambio de que los Estados Unidos abandonen su política de sanciones, pero el gabinete de Trump se mantiene escéptico y firme en su posición de no-diálogo en condiciones de igualdad. Y es que la línea roja de todo el conflicto son las sanciones; las cuales Irán pide que se retiren, pero EE.UU. no quiere retirar. Esto lleva a los iraníes a seguir buscando reforzarse mediante "proxies" por toda la región, con la respuesta estadounidense de más sanciones, más presión y discursos más agresivos.

Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
"El mismo presidente que acusaba a Obama de jugar la carta iraní para ser re-elegido, ahora juega la carta iraní a poco más de un año de elecciones presidenciales".

Y por si no hubiese suficiente gente en 'la fiesta', el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, rechaza cualquier tipo de coexistencia pacífica entre las partes. Recupera el lenguaje alarmista, el de la supuesta amenaza global que es Irán (aunque desde la Revolución Islámica jamás hayan invadido ningún país), para concluir con que "es hora de que el mundo entero les haga frente" en un conflicto que solo el sector más fanático del sionismo puede ver con buenos ojos.

Desde que el 21 de octubre de 2018 Donald Trump anunciase que rompería de forma unilateral el acuerdo nuclear con Irán han pasado muchas cosas, y pocas se podrían considerar buenas. El mismo presidente que acusaba a Obama de jugar la carta iraní para ser re-elegido, ahora juega la carta iraní a poco más de un año de elecciones presidenciales.

Ninguna de las partes quiere una guerra, pero en un ejercicio de irresponsabilidad hay quienes están tirando de la cuerda más de lo que esta puede soportar. Mientras que Irán se niega a reducir su injerencia en países vecinos, EE.UU. –que también interviene en todo Oriente Medio pero de manera mucho más agresiva– se niega a liberar presión sobre la república islámica. Aunque ninguna de las partes quiere una guerra, el único camino que están siguiendo es el de la confrontación, las amenazas y las provocaciones constantes. De ahí no puede salir nada bueno. La tensa calma actual es un castillo de naipes amenazado con desmoronarse al primer error de cálculo.

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