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Bruselas, atrapada en el nudo del gasoducto: ¿Cambios políticos para sancionar a Rusia?

Publicado: 8 jun 2014 17:45 GMT | Última actualización: 19 jun 2014 11:14 GMT

Bruselas suele dictar la política interior a los países europeos. Ya lo hizo antes en relación a los problemas del euro, y ahora lo hace de nuvo imponiendo su autoridad para sancionar a Moscú, advierte el politólogo Maxim Samorúkov.

Sergey GuneevRIA Novosti
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"Bruselas ha decidido frenar el proyecto del gasoducto South Stream para castigar a Rusia por Ucrania. Y si los gobiernos de algunos países se oponen a esta decisión, se los puede cambiar por otros que sean más complacientes", insiste Samorúkov en su columna del portal ruso de noticias slon.ru.
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South Stream es un proyecto de infraestructura del gigante estatal ruso Gazprom que constará de cuatro líneas, cada una con una capacidad anual de 15.570 millones de metros cúbicos de gas y que discurrirán a través del Mar Negro a Europa Central y del Sur a fin de diversificar las rutas de exportación rusa. Está previsto que la primera línea se esté operativa en diciembre de 2015, mientras que para 2018 el gasoducto podría alcanzar su máxima capacidad proyectada de 63.000 millones de metros cúbicos. El costo del proyecto se estima en unos 16.000 millones de euros.
Austria ha mostrado un total egoísmo

Los participantes claves son Bulgaria, Serbia, Hungría y Austria. "Bruselas no lo tiene fácil para presionarlos: ninguno da señales de estar dispuesto a rechazar el nuevo gasoducto", destaca Samorúkov. A pesar de que Austria está en la Unión Europea desde los años 90 y uno podría esperar lealtad de ella, en relación a la cuestión gasística ha mostrado "un total egoísmo", comenta el analista. A finales de abril, a pesar de que la Unión Europea introdujo un nuevo paquete de sanciones contra Moscú, el gigante austriaco OMV no vaciló a la hora de firmar un acuerdo sobre el emplazamiento de la obra del gasoducto South Stream en el país: los primeros suministros del gas están programados para empezar en 2017.
 
Incluso después de que la Comisión Europea presentara un informe y solicitara la suspensión temporal de las obras, esgrimiendo que el gasoducto no cumple con los requisitos europeos de seguridad energética, Austria sigue adelante con las obras. Viena no da una negativa en firme a Bruselas, pero tanto OMV como el canciller Werner Faymann insisten en que se pueden resolver todas las dificultades y seguir adelante con la realización del proyecto.
 
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En lo que se refiere a Hungría, Bruselas no tiene la más mínima oportunidad, opina Samorúkov. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, no mantiene buenas relaciones con la UE desde hace mucho, lo que hace prácticamente imposible presionar al país. Además, en relación con South Stream, Budapest firmó con Moscú una serie de contratos adicionales que incluyen, entre otros, un préstamo de 10.000 millones de euros por parte de Rusia para construir en el país una nueva central nuclear. A mediados de mayo Orbán se reunió con el presidente de la junta administrativa de Gazprom, Alexéi Miller, para negociar la posibilidad de acelerar los trabajos del gasoducto.

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Las obras de construcción en Serbia deben empezar el año que viene. El ministerio de Energía del país ya comunicó que el proyecto es de importancia vital y que pueden rechazar el proyecto solo en un caso: si lo hace toda la UE.

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Con Bulgaria no hablan como con un socio de igual a igual
Pero el punto que más interesa a Bruselas en esta cadena es Bulgaria, ya que, por su ubicación geográfica, su salida del proyecto haría imposible seguir con South Stream. A simple vista, los intentos de Bruselas de presionar a Sofía, que ni siquiera es aún un estado miembro de la Unión Europea, han fracasado. Actualmente en Bulgaria gobierna el Partido Socialista del primer ministro Plamen Oresharski, que llegó al poder después de que el Gobierno anterior, de Boiko Borísov, se viera obligado a renunciar debido a una ola de protestas populares contra los altos precios de la energía. Cuando en abril de este año el Parlamento europeo intentó hacer pasar una resolución para rechazar el South Stream, argumentado que Rusia usaba el gas como un arma energética, la administración de Oresharski propuso a Bruselas que bloqueara mejor el gas ruso de Nord Stream, el gasoducto operado por un consorcio transnacional del que forman parte Rusia, Alemania, Francia y Países Bajos.

Bruselas muestra a los líderes europeos qué les pasará si se les ocurre realizar una política propia

Pero Bruselas no ceja en su empeño. "Bulgaria no es Austria y con ella no hablan como con un socio de igual a igual", acentúa Samorúkov. A finales de mayo el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, demandó a Sofía que suspendiera las obras y anunció el lanzamiento de una investigación sobre los detalles de la licitación que eligió a las empresas constructoras de la parte búlgara del gasoducto. El Gobierno de Oresharski le invitó a avanzar con la investigación, pero se negó a parar las obras. El 3 de junio empezó otra etapa de confrontación: la UE congeló subsidios para el desarrollo regional que Bulgaria debía recibir del presupuesto común europeo, esgrimiendo malversaciones de estos subsidios en el pasado. No es la primera vez que ocurre algo parecido con Bulgaria, pero lo más llamativo es que en esta ocasión coincidió con el conflicto de South Stream, destaca Samorúkov.
 
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Según el analista, tampoco es una casualidad que el aliado político tradicional del Partido Socialista búlgaro, el Movimiento por Derechos y Libertades que representa a la minoría turca, anunciara de repente el 5 de junio que no estaba de acuerdo con la política de Oresharski y que exigía elecciones anticipadas. Y eso, pese a que los comicios anticipados anteriores tuvieron lugar hace un año, tras la renuncia de Borísov. Según el politólogo, es muy probable que los comicios sí tengan lugar, ya que los socialistas, por si solos, no tienen mayoría en el parlamento. En este caso, Borísov, famoso por su fiel amistad con EE.UU., podría volver a alzarse con el poder. "De este modo, la Unión Europea mostrará con toda la claridad a los líderes de otros países de Europa del Este qué les espera si se les ocurre llevar a cabo una política propia no acordada con Bruselas", pronostica Samorúkov.

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