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De mascota del Mundial a símbolo de una cárcel: Zabivaka siembra esperanza entre presas peruanas

11 jun 2018 15:27 GMT

RT se ha adentrado en la vida de la cárcel de Chorrillos, donde las reclusas elaboran réplicas de la mascota del Mundial de Rusia para salir adelante, obteniendo ingresos y apoyando a la selección de Perú.

La fiebre por la participación de la selección peruana en el Mundial de Rusia 2018 después de 36 años, desde la esperanza se ha extendido más allá del fútbol y ha logrado sembrar ilusión incluso entre los que permanecen encerrados entre cuatro paredes.

La mascota oficial del Mundial 2018, el lobo Zabivaka, llegó desde Rusia a Perú para ayudar a las internas del penal de mujeres de Santa Mónica, conocido como Chorrillos. Estas mujeres encontraron en su elaboración una actividad que les permite ganarse la vida entre los muros del centro penitenciario.

Cómo Zabivaka llegó a ser el "peluche oficial" de Chorrillos

"Las internas que continuamente vienen creando nuevos productos para comercializar y generar ingresos para su familia han visto que con esta fiebre del Mundial pueden elaborar productos más o menos alusivos a esta fecha", ha comentado Mabel Santillana, coordinadora de Trabajo del penal, a la corresponsal de RT Emma Torres, quien visitó Chorrillos para adentrarse en la vida de las mujeres retenidas allí.

Para lograr una reinserción laboral entre las reclusas, la cárcel de mujeres cuenta con 11 talleres de producción, entre ellos, talleres de panadería, de gastronomía, de cerámica, de tejido y de zapatería.

La directora del establecimiento penitenciario, Angela Margot Rojas Benavides, destacó el de peluches, "donde está nuestra mascota Zavibaka, nuestro peluche oficial que nos viene representando a este establecimiento penitenciario".

Zabivaka se fabrica en Chorrillos con un toque especial: lleva uniforme rojiblanco, en honor a la bandera peruana. El primer modelo fue confeccionado por la interna María Teresa Fernández el 14 de febrero y desde entonces se ha convertido en un éxito. Junto a dos internas costureras, María consigue producir hasta 72 Zabivakas en una semana.

"Que llegue a cada hogar, a cada familia"

Lleva ya nueve años en la cárcel cumpliendo una condena de 12 años y trabaja en la confección de la mascota ocho horas al día de lunes a sábado, intentando lograr un sustento para su hijo Ángelo. La idea de desarrollar el peluche nació cuando pasaba por momentos difíciles de su vida.

"Es como una parte de mí, que se va, que es libre. Y que llegue a cada hogar, a cada familia, a dar un poco de ternura, un poco de calor, de ser yo. Eso es lo que yo tengo, la esencia es única de un ser humano", comentó María Teresa Fernández.

Los peluches fabricados por las reclusas cuestan alrededor de 10 dólares y se pueden adquirir en el bazar oficial del Instituto Nacional Penitenciario del Perú o en los días de visita a la cárcel ―los miércoles y sábados― junto a otros artículos conmemorativos del Mundial 2018, como llaveros, camisetas o zapatillas.

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